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La felicidad no tiene norma

PREGUNTAR POR la felicidad es convencerse de que semejante pregunta no tiene una respuesta objetiva porque no existe un sistema único que permita explicar y cuantificar en qué consiste esa idea, pues, en el fondo, la felicidad es un estado de ánimo, propio y exclusivo de las personas que, además, no es único, idéntico, ni depende de un mismo criterio o circunstancia.

En efecto, en una primera aproximación, lo más correcto sería preguntar no por la felicitad, sino por qué una persona es o se siente feliz. Y a esta pregunta, la respuesta inmediata sería "porque estoy contento conmigo mismo" o "porque me conformo con lo que tengo". En estas respuestas se encierra la idea de que la felicidad se encuentra más en conformarse con lo que uno tiene, que en preocuparse por tener más de lo que tiene; pero, además, "ser feliz con lo que uno es y con lo que uno tiene" es, a la vez, múltiple y muy variado.

Precisamente, en la historia de la filosofía es clásica la respuesta de Diógenes el cínico, pobre de solemnidad, que vivía en un viejo tonel y que, según Plutarco, sorprendió a Alejandro Magno cuando éste le preguntó si "podía hacer algo por él" y Diógenes le contestó, "sí, puedes hacerme la merced de marcharte, porque con tu sombra me estás quitando el sol".

Eso nos demuestra que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos desea. Como caso inverso puede citarse el del mitológico dios Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba y eso le privó, precisamente, de satisfacer todas sus necesidades.

En una palabra, no es mejor el que más tiene sino el que sabe aprovechar lo que tiene e invertirlo en provecho propio y de la sociedad. Hay que valer, no por lo que se tiene, sino tener por lo que se vale y el valor se mide, no por lo que se apropia o acumula, sino por lo que se invierte, aporta y produce. Esa es la mejor manera de hacer felices a los demás y ,también, a uno mismo, porque la felicidad propia, a costa de la miseria ajena, convierte, al que así se comporta, en un ser miserable.

Es más feliz el que se conforma con lo que tiene que el que nunca está conforme con lo que tiene. Y esto es debido a que el nivel de felicidad depende del grado de satisfacción de cada persona, de tal manera que, la satisfacción da felicidad y la insatisfacción crea infelicidad.

La felicidad es una emoción que se produce cuando se cree haber alcanzado una meta deseada, que suele ir acompañada de una condición interna o subjetiva de satisfacción y alegría.

Si son felices los que disfrutan con su suerte, son infelices los que la reniegan o rechazan. En todo caso, como decía Rousseau, "siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas", es decir, por lo que uno es y no por lo que uno tiene o representa.

La felicidad no tiene norma
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