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Poder para servir

La mejor manera de servir se demuestra, no haciendo lo que dices que vas a hacer, sino poniendo en práctica lo que debes hacer

LOS POLÍTICOS, como la mayoría de los seres humanos, no pueden sustraerse a la tentación de que sus ansias de poder prevalezcan sobre su voluntad de servir. Es cierto que para servir hay que tener poder pero no todo el que tiene poder lo usa y ejerce al servicio de los demás, que es en lo que consiste la política. Por esto, decía Plutarco, que el mayor peligro está "el que puede hacer lo que quiere, quiera lo que no debe". Esto no impide que tan importante como hacer lo que se quiere sea querer lo que se hace.

Es evidente que, cuando el hombre tiene poder se obnubila y ciega sin percibir las injusticias que él mismo comete. Sófocles reconocía que "la obra humana más bella es la de ser útil al prójimo". Esta frase confirma cómo en la Antigua Grecia el bien, la belleza y la justicia eran valores compartidos. Sin embargo, el propio Sófocles se lamentaba de que siempre se repite la misma historia, "cada individuo no piensa más que en sí mismo". Esta es, sin duda, la raíz del egoísmo que es inherente a la naturaleza humana.

Servir a los demás y no servirse de los demás es reconocerle a la persona un valor absoluto y no utilizarla como medio para conseguir otro fin. Según Tolstoi, "no hay más que un modo de ser felices: vivir para los demás" y Albert Einstein sentenciaba que "solamente una vida dedicada a los demás merece ser vivida".

Servir a otros y hacer el bien es la esencia de la vida. El sentido de la vida es ser útil a los demás. La madre Teresa de Calcuta decía que "el que no vive para servir, no sirve para vivir". Cuando se dice que servir es esencial para la vida se quiere significar que la vida social de las personas es inimaginable si no existe entre ellas la conexión recíproca o interconexión entre servir y ser servido.

No hay nadie en el mundo que no tenga necesidad de alguna cosa; pero la mejor manera de ayudarle es darle lo que necesita y no lo que pueda desear. La grandeza de las personas no está en que los demás nos sirvan sino en que nosotros sirvamos a los demás. Dadas, pues, las crecientes necesidades del ser humano y la imposibilidad de satisfacerlas por sí mismo, es decir, de ser autosuficiente, le obliga a depender de los servicios de los demás, de tal forma, que el egoísmo de cada uno se compensa y equilibra con el recíproco egoísmo de los demás, haciendo que servir y ser servido se impliquen mutuamente y no sean contrarios o incompatibles.

La mejor manera de servir se demuestra, no haciendo lo que dices que vas a hacer, sino poniendo en práctica lo que debes hacer. Si, según Henry Ford, "no hay hombre vivo que no pueda hacer más de lo que él piensa que puede hacer", puede afirmarse que, cuando has hecho todo lo que puedes, has hecho todo lo que debes.

Poder para servir