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Demonizar la caza

¿HAY QUE PROHIBIR la caza? El proceso de desprestigiarla y criminalizarla, se puede decir, está presente. Se entiende que los cazadores gallegos se hayan manifestado masivamente este domingo en Santiago. Recurren a una forma de presión como la que puedan emplear otros. Con la caza, como con todo lo que se impone como políticamente correcto en la actual dinámica político social, no se abrió ni hay un proceso de debate: se impone un mensaje. Las razones a favor y en contra de la caza son las que hay que exponer ante la opinión pública. Ni los defensores ni los abolicionistas debería oponerse al debate. Negar los aportes positivos de la caza para el medio rural es desconocer la realidad del campo. La gran mayoría de los cazadores entienden esta práctica como una actividad deportiva y son ejemplo de respetuosos amantes del medio natural. Ejemplos hay tan incuestionables como Miguel Delibes o, entre nosotros, José María Castroviejo: ahí está el extraordinario Teatro venatorio y coquinario gallego de Castroviejo y Álvaro Cunqueiro. Es evidente que hay formas muy diferentes de practicar la caza, algunas de ellas de dudosa deportividad y de dudoso respeto a la libertad para el animal objetivo del hombre. Non son formas presentes en el territorio gallego. Si algún cambio hubiera de fijarse, en el grado que sea, debería darse después de un tiempo en el que las voces diferentes, con sus razones, se dejen oír.

Memoria
"Un país que no conoce y reconoce su historia es un país que tiene orfandad". A Zapatero le faltó añadir, algo que debe formar parte del mensaje, que desconocer o reescribir la historia puede llevar a repetir errores del pasado. Y del pasado que hay que hacer presente forman parte errores graves. La historia la han de escribir los historiadores.

Demonizar la caza
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