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2019, el año del juicio final

Don Felipe, durante el discurso EFE
Don Felipe, durante el discurso EFE

AUNQUE LA mayoría de los españoles siempre espera del Rey un discurso firme contra el asedio separatista como en aquel memorable 3 de octubre de 2017, la Navidad arma y da cobijo a mensajes de concordia políticamente correctos dependientes, mayormente, de la supervisión de Moncloa. Felipe VI llegó este 2019 en la defensa de España a lo máximo que le permite la obligación constitucional de neutralidad, pese a la deslealtad que algunos han mostrado con la Corona. Y si bien sus palabras siempre esconden el significado de la interpretación entre líneas, el Rey apeló directamente a la Constitución mostrando un ejemplar en el atrezzo figurante de su mensaje de Navidad. Aunque solo hubo una mención explícita a Cataluña, el grueso del mensaje estuvo dirigido al gran problema contemporáneo de España. De ahí su mensaje de esperanza, unidad, entendimiento y confianza en una España dentro de la Constitución, que el separatismo amigo de Sánchez se pasa por los bajos de sus instintos primarios más desafiantes y rupturistas.

El resumen del año nos marca en el calendario de 2019 el estreno de Leonor como heredera real del trono, justamente lo que los republicanos socios de Sánchez (Podemos, ERC y Bildu) no quieren bajo ningún concepto: la continuidad de la Corona. El objetivo revisionista encubierto e implícito en el espíritu de esta alianza contra España esconde la aspiración a restaurar la República a medio o largo plazo, lo que significa traicionar el espíritu de consenso de la Constitución como garante de la monarquía parlamentaria en la que se asienta nuestro sistema democrático. Esa es la verdadera esencia y trascendencia de lo que puede significar la investidura de Sánchez al precio que fijen sus socios republicanos: la implantación de un nuevo modelo político, social y económico que requiere la liquidación de 2019, el año del juicio final los logros del 78 por alianza de los nacionalismos excluyentes no igualitarios con la izquierda socialista y comunista. Esto, que puede parecer exagerado, es en realidad lo que se está dilucidando en estas fechas navideñas en las que hacemos balance de 2019 y encaramos 2020 con espuria espera de un pacto de investidura sin ruedas de prensa ni luz ni taquígrafos. El resumen del año se visualiza muy gráficamente con la polémica de la mano del bombo de la Lotería de Navidad que introduce una bola con disimulo sembrando de sospechas el sorteo. Es como la mano que mece la cuna de la Abogacía del Estado. Es como esos pioneros comunicados de Loterías y Apuestas del Estado y del Gobierno de España, este último para comentar por primera vez en la historia una sentencia europea por exigencias del guion de la investidura con los separatistas del chantaje y del golpe sostenido.

2019 no ha sido el año de Pedro Sánchez pese a que pudiera parecerlo. Tampoco fue el año de Casado con la caída de las primeras elecciones aunque lo pareció con la subida en la segunda cita electoral; ascenso que para Abascal fue una gran victoria. Incluso si los reyes magos le traen a Sánchez la investidura, 2020 tampoco será el año del líder socialista, porque eso significa que se convierte por fin en presidente gracias a pactos postelectorales tras secretas concesiones inconfesables al golpismo separatista ilegal si no hay renuncia explícita al referéndum de autodeterminación. Si tuviéramos que resumir el año que termina, habría que concluir que tampoco ha sido el año de Albert Rivera, porque junto con Sánchez decidieron no acordar la gobernabilidad de España por puro ego personal y egoísmo político que nos llevaron a unas segundas elecciones generales que han acrecentado el problema rupturista. En el resumen del año 2019, por tanto, debe figurar la historia de una gran ambición que propicia el envalentonamiento de los enemigos de España y el acoso vergonzante a la sociedad española favorecido por intereses partidistas de poca catadura moral. El juicio del año, también llamado juicio del procés, no contentó a nadie porque el Gobierno ya movió entonces los hilos de la Abogacía del Estado al rebajar de rebelión a sedición el delito cometido para suavizar las condenas y seducir a los socios de la moción, algo parecido a lo que ahora se pretende tras la sentencia de la Justicia europea que fija la euroinmunidad de Junqueras. Esa decisión no significa inmunidad impune en los hechos juzgados y condenados en España, aunque la ansiedad de Sánchez por ser investido y del separatismo por mantener viva la quimera de un referéndum ilegal y la vía unilateral de la república independiente hayan transformado el fallo en una grosera celebración festiva de euforia con negociaciones oscurantistas que avergüenzan la decencia democrática de España.

2019 ha sido el año del juicio final en el que el Estado de Derecho se ha juzgado a sí mismo priorizando el garantismo de los desestabilizadores condenados frente a la preservación constitucional de la Corona como máximo común denominador de nuestra democracia. Y en efecto, cuando Franco levantó la cabeza en el vuelo de la exhumación, España asistía a una revisión resentida de calculada confrontación que dilapida nuestro presente y pone en peligro un futuro unido.

La puesta en escena
LA CASA REAL, como siempre, ha sido muy cuidadosa y sagaz en la elección de los elementos de composición visual del mensaje de Navidad. Además de las banderas de España y de la UE, y del ejemplar de la Constitución en lugar protagonista, hubo otros distintivos de obligado comentario: foto de una condecoración a la sociedad civil por parte de la Familia Real, el misterio con el nacimiento del niño Jesús que nunca falta, y un cuadro con la bahía de San Sebastián (Euskadi) de fondo. Y sobre la Constitución de 1978 se asentaba un volumen histórico sobre ‘La insigne Orden del Toisón de Oro’, máxima condecoración histórica que legitima la tradición de la Corona de España. Se eligió el mismo salón de audiencias de 2017, año de su discurso ante el desafío separatista, pronunciado en su despacho. Todo... con árbol de Navidad y flor de Pascua, y sin críticas posteriores de Podemos mientras el separatismo ilegal cargaba contra la Corona con silencio revelador del PSOE. Eureka: ¿Llega el disimulo republicano a tanto como para que Iglesias conociera el mensaje del Rey antes de su emisión?

 

La audiencia del Rey 
EL REY HA PERDIDO audiencia respecto a 2018 en su mensaje de Navidad. En su defensa hay que decir que su discurso se emitió este 2019 en 25 cadenas de televisión, 5 menos que el año anterior. El mensaje fue seguido por un 65,1% de cuota de pantalla, lo que representa 7.537.000 espectadores, frente al 70,6% (7,9 millones) del año pasado. La comunidad que menos siguió al monarca en Nochebuena fue Cataluña, con un 36,8%. En cualquier caso, la audiencia de Felipe VI en Navidad dista mucho de su discurso del 3 de octubre de 2017 en defensa de la Constitución y la unidad de España frente al desafío ilegal separatista. Entonces el Rey logró un 76,6% de share, seguimiento que en número de espectadores alcanzó los 12.443.000. La expectación no es comparable, pero revela lo que espera la mayoría de los españoles de su Rey. Que ERC comparara el discurso con un mitin de Vox demuestra que el Rey dijo suficiente aunque solo mencionara Cataluña una vez y no pronunciara Euskadi, si bien Donostia estuvo presente en el cuadro de fondo del mensaje real.

2019, el año del juicio final
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