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Canasta de partido

A Felipe VI y Pedro Sánchez se les ha cruzado una canasta de partido en la prórroga de contactos para formar Gobierno. El tapón de Pablo Iglesias a la gobernabilidad se ha resuelto con victoria de España en el Mundial de China contra todo pronóstico. Le ha venido bien a Pedro ‘en funciones’ Sánchez exhibir un triunfo español de dimensión internacional en medio de tanta desazón. Al Rey, que siempre se ha movido en las alturas, le resulta natural esa cohabitación con la gesta deportiva. Pero a Sánchez le viene como un tiro de tres sobre la bocina para tuitear el éxito del deporte español ante la incomprensión, durante meses, de una investidura imposible. Rivera ha forzado el juego al final del partido implicando a Casado, pero Sánchez negó la mayor: que haya pactado con Bildu en Navarra, lo cual nadie duda. En el aprovechamiento de la hazaña deportiva, a Sánchez le ha traicionado la memoria histórica de Twitter cuando decía hace 8 años: "Reconozco que no soy fan de Scariolo y ahí es donde fallamos: en el entrenador". Entonces Scariolo ganó el Eurobásket de Lituania y ahora ha ganado el Mundial. Y aunque Sánchez ha puesto su maquinaria de márketing en funcionamiento, los resultados de nuestra selección de baloncesto y la resolución de la ronda de contactos del monarca le dejan en evidencia. Ahora sabemos que Sánchez tenía un seleccionador favorito, Pepu Hernández, compañero del Ramiro de Maeztu y candidato fracasado del PSOE al Ayuntamiento de Madrid. Pepu ha demostrado ser mucho mejor entrenador que político, y Sánchez mucho mejor forofo que presidente. En cuanto a Casado y Rivera no les termina de funcionar esa bicefalia de oposición en el difícil esquema de juego de centro-derecha, si bien las encuestas favorecen al PP y presagian caída de Ciudadanos si España no suma.

A España le hace falta un Ricky Rubio de la política para que los electores le consideren jugador más valioso en una campaña electoral. Rubio ha sido MVP en el Mundial con todo merecimiento, pero se demuestra que ningún político actual, incluido Pedro ‘en funciones’ Sánchez, es considerado por los españoles definitivamente superior a los demás dada la ausencia de mayorías absolutas. A Sánchez le pasa como a ese jugador que entra por lesión del titular en una convocatoria. Llegó tras aquella inaudita moción de censura contra el marianismo, y aunque fue titular el 28-A, queda probada su dificultad para adaptarse al equipo y aparece como individualista en la gestión de su titularidad. Cuando Rajoy ofreció la gran coalición al PSOE demostró pensar en la victoria de España y no en la suya propia. Pero Sánchez es muy celoso de sus escaños y no quiere que otros rivales se beneficien de su aportación al marcador. El egoísmo no es bueno en el deporte, porque resta posibilidades de conjunto. Y desde las elecciones generales hemos visto que hubo un extraño comportamiento de ingratitud de la izquierda hacia el electorado que roza la egomanía de Sánchez e Iglesias. Afortunadamente, al Rey y al presidente en funciones se les ha cruzado una canasta de partido en la prórroga que se ha resuelto con victoria de España...en el Mundial de baloncesto. España suma... otro Mundial.

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