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Madrid, rosas y memoria igualitaria

Ejercicio de memoria en la semana de Madrid. España tiene un nuevo gobierno autonómico pero no gobierno central
Díaz Ayuso, junto a Martínez-Almeida. EFE
Díaz Ayuso, junto a Martínez-Almeida. EFE

TRAS EL EFECTO andaluz, España acaba de escribir esta semana un capítulo interesante de lógica política. Se trata del razonable entendimiento pactista al formar el primer gobierno autonómico madrileño fruto del diálogo de tres partidos de centro-derecha. Esa es la razón por la que los ciudadanos pagamos impuestos: para que los políticos interpreten las urnas mejorando nuestro bienestar, sanidad, seguridad y educación; es decir, nuestro presente y futuro. Hubo bipartitos y tripartitos de izquierdas en Galicia o Cataluña, pero ahora le toca a las derechas en el Kilómetro 0.

Y esta prueba de vida para la política española es la que debemos exigir a las izquierdas a la vuelta de las vacaciones, si es que Pedro Sánchez busca la estabilidad de España junto al interés general y no, como parece, unas nuevas elecciones que le permitan liquidar el reparto del botín electoral con Podemos para recuperar la hegemonía socialista. ¿Es acaso el socialismo sanchista del siglo XXI un ensayo de tesis programática y alabanza en torno al líder único que pide la rendición incondicional de todos en beneficio propio?.

Paco Vázquez, que representa al viejo socialismo, fue durante más de 20 años alcalde de A o La Coruña. Después también ejerció como embajador de España en el Vaticano, cargo de fe y diplomacia que le aproximó al cielo desde aquel retiro espiritual. Ahora, el galleguista y españolista Paco Vázquez imparte opinión y pensamiento libre desde su condición de socialista jubilado. Cuando algún medio de comunicación le llama, retumban las paredes de Ferraz igual que lo hacen cuando Corcuera da una patada en la puerta de la renegada militancia.

En la sede genovesa del PP se daba menos la contra díscola, salvo cuando Aznar movía su bigote desde FAES para estimular el tancredismo marianista. Paco Vázquez dejó su partido del alma cuando el PSOE empezó a mostrar dudas ambiguas sobre la Constitución y la Transición por necesidad de supervivencia, lo que culminó en la Ley de Memoria Histórica, que de la A a la ZETA(pé) agita reconciliación y concordia. Dice Don Francisco que esa Ley de la Memoria es "totalitarismo, estalinismo puro". Lo confiesa un socialista de pura cepa, con autoridad moral e intelectual para decir lo que piensa a la vista de la ligereza erudita que impera en el socialismo de hoy. A Paco Vázquez le cabrea que se hayan reeditado las dos Españas en pleno siglo XXI. Le duele en el alma de izquierdas que le hizo alcalde y en el alma de derechas que le llevó a Roma por los distintos caminos de la ideología que siempre conducen al Coliseo y la Plaza de San Pedro.

Dicen que uno nunca termina de madurar si de joven no eres de izquierdas y de mayor de derechas. La pro gresía es rebeldía mientras dura el idilio con la juventud, pero cuando la edad va sumando hay un desprecio a la razón si el joven rebelde no se transforma en cabal conservador. Eso te pasa solamente si tu libertad no está secuestrada por la propaganda de la secta. Y bien mirado, contemplando a esos derechistas convergentes catalanes que han terminado siendo independentistas republicanos, la raza política empeora con tanta radicalidad. Hoy Paco Vázquez podría estar perfectamente afiliado al PP, Ciudadanos o Vox. Pero de ningún modo podría militar en el socialismo podemita del presente porque eso le devolvería a la traición democrática y constitucional, a romper con la Transición para caer en la voluntad refundacional de ese libertino rupturismo que en 2019 se abona por puro tacticismo y ambición de poder, por necesidad aritmética de okupación monclovita.

En España se ha trazado una peligrosa raya roja de división y frentismo que obedece meramente a la lucha generacional del control político. Es la guerra por el despacho, la moqueta y el coche oficial. Sobra ambición de cargos a costa de lo público y faltan valores y principios, verdadera vocación por mejorar la sociedad. Como dice un conocido tertuliano ahora metido a político: "La derecha preserva y la izquierda dispendia incordio, la derecha construye y la izquierda lo disfruta, la derecha conserva y la izquierda se lo gasta".

A Paco Vázquez tampoco le falta razón cuando distingue entre moderación y estalinismo, que viene a ser el paralelismo de la dictadura franquista de la desmemoria que se saca a pasear para movilizar y agitar, para enfrentar y reescribir la Historia. Las 13 rosas son tratadas por el régimen actual como heroínas mientras que las 14 monjas torturadas y asesinadas por el bando republicano son ignoradas por la propaganda habitual y relegadas al olvido mediático. Como seguramente diría Paco Vázquez, hay una pequeña gran diferencia entre la memoria y la desmemoria, y no es otra que la falta de moralidad y conciencia a costa de la mala práctica política.

Las 7000 rosas asesinadas por los republicanos que la izquierda no recuerda deben avergonzar a cierta clase política que trafica con esa desmemoria de la memoria. Y del mismo modo, las miles de rosas fusiladas por el franquismo deben ser igualmente homenajeadas y recordadas porque de lo contrario nunca seremos libres. Todas las víctimas son rosas, pero sin hoz ni martillo, sin yugo ni flechas.

Madrid, rosas y memoria igualitaria