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El discurso de Fuentes Quintana

Si me permiten una recomendación, rescaten de YouTube y vean estos días de "asueto" forzoso la intervención del vicepresidente Fuentes Quintana el 8 de julio de 1977 que compareció en TVE en hora de máxima audiencia para explicar en 15 minutos la gravedad de la crisis económica que había que atajar para salvarla a España de la quiebra. 

Reparen en la delicadeza y empatía con que trata a los españoles: "Disculpen que les quite unos minutos en esta hora familiar para hablarles de un tema enojoso, la economía… vengo a pedirles el esfuerzo y colaboración porque sin eso poco podríamos hacer…". "Sé que solo puede esperar esa colaboración un gobierno en quien ustedes confíen… y esa confianza tendremos que ganarla con palabras y con hechos…".

Después de esa cálida introducción desgrana, con el rigor del economista y la claridad del profesor, los problemas económicos "difíciles y complejos" y advierte que "la situación de la economía española no autoriza a nadie a proponer ni a prometer soluciones fáciles. Quien lo haga, no construye democracia, practica la demagogia". Una prevención contra el populismo que apareció cuarenta años después. 

Concreta los compromisos del Gobierno en cuatro medidas de política económica: la protección de los intereses de las clases modestas (aquellos políticos ya se ocupaban "de los de abajo"); los ingresos y gastos públicos servirán para hacer política distributiva y de crecimiento, y los problemas serán abordados con la libertad de la economía de mercado. 

El cuarto compromiso era abordar los problemas negociando, buscando acuerdos y transacciones. "La oposición es parte del poder y los problemas exigen la colaboración de todos los grupos y de todos los partidos". Finalizó diciendo que entre todos "encontraremos el camino que este país necesita".

Aquella intervención breve, realista y rigurosa sigue siendo la mejor lección de economía y política en la reciente historia de España. Abrió el camino a los Pactos de la Moncloa de octubre, la clave de la libertad y el bienestar que nos trajeron hasta aquí. 

Eran otros tiempos. Pero el talento pedagógico y el talante humilde y cariñoso que muestra Fuentes Quintana dirigiéndose a los españoles y a la oposición con la verdad por delante sigue siendo una actitud necesaria que debería copiar el presidente Sánchez —y los ministros— en sus muchas comparecencias en esta crisis. 

Sus parlamentos serían menos farragosos e impostados y más creíbles si no ocultara la verdad, ni pidiera adhesiones y lealtades a sus errores. Al menos debería hacer algo de autocrítica.

El discurso de Fuentes Quintana
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