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La felicidad era la rutina

Un largo encierro como el que padecemos propicia el reencuentro con viejos libros y cuando yo "navego" por las estanterías de mi pequeña biblioteca siempre se me aparece el Quijote, el libro refugio y acogedor del que manan enseñanzas para los que tenemos la pertinaz manía de leer. 

Bien entrada la primera parte, en el capítulo XVIII, el fiel escudero Sancho, después de que le molieran a palos en la venta y del episodio de la manada de ovejas y carneros que su amo confunde con ejércitos, sucumbe al desánimo y "viéndole don Quijote con muestras de tanta tristeza, le dijo: Sábete, Sancho, que… todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca…". 

El párrafo parece escrito por Cervantes para consuelo de los españoles que llevamos muchos días confinados por la pandemia porque ya empiezan a "sucedernos bien las cosas" con la desescalada progresiva, que es la señal de que "habiendo durado tanto el mal, el bien está cerca". 

Un anticipo del bien llegó el sábado. Las ciudades y villas, los senderos de los parajes naturales, el mar y la montaña fueron los escenarios de los paseos con los que empezamos a recobrar algo de la vida perdida. Y nos dimos cuenta que volver a respirar aire puro, ser acariciados por los rayos del sol y la brisa del mar, hacer deporte y caminar por el barrio, saludar a amigos y conocidos era parte de nuestra vieja forma de vida que añoramos desde el 15 de marzo. 

Debemos aprender la lección de quejarnos menos y disfrutar más de la vida, de la familia, de los amigos, de la naturaleza, de nuestras pequeñas cosas

Ese anticipo se completará cuando podamos salir libremente de nuestras casas; cuando los estudiantes vuelvan a las aulas y los trabajadores a sus empleos; cuando recuperemos las reuniones familiares y las tertulias de amigos; cuando podamos salir de tiendas y compartir unas cañas y una ración de pulpo; cuando podamos viajar y achuchar a los nuestros… y cuando desaparezcan las mascarillas para vernos las caras. En definitiva…, cuando volvamos a la normalidad que «nos aburría» y ahora descubrimos que la felicidad era eso. 

Escriben los investigadores sociales y hablan los políticos de una "nueva normalidad" para después de la pandemia. Seguro que cambiará hábitos y costumbres, pero pase lo que pase debemos aprender la lección de quejarnos menos y disfrutar más de la vida, de la familia, de los amigos, de la naturaleza, de nuestras pequeñas cosas... Disfrutar de la bendita rutina diaria y en todo lo que sea posible volver a ser los de antes.

La felicidad era la rutina
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