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La lengua, moneda de cambio

"LA EDUCACIÓN es algo tan importante para el presente y futuro del país que no se puede dejar en manos de los políticos". Es la sabia reflexión de un profesor que descalifica la Lomloe, octava ley de educación que fue tramitada sin escuchar a la comunidad educativa que vive "a pie de obra" ni a asociaciones de padres ni a los expertos, que tenían que compartir su paternidad.

Sin entrar en detalles de esta ley que se debatirá mañana en el Parlamento, algunas disposiciones provocan enorme rechazo. Como que las familias no puedan elegir centro escolar para sus hijos, la asfixia a la enseñanza concertada y la sentencia de muerte a la educación especial que acoge a niños menos capaces que necesitan atenciones y centros especiales. O poder pasar de curso con varios suspensos -la consagración de la poca exigencia-, las 17 pruebas de acceso al profesorado, la designación a dedo de los inspectores...

Alarma de manera especial la eliminación del castellano como lengua vehicular, que es el tributo que el Gobierno paga a Esquerra Republicana por sus votos para aprobar los presupuestos.

Es una aberración que el Gobierno de España "trafique" con la lengua común y atropelle el derecho de los escolares a conocerla, causándoles severas carencias formativas hoy y enormes perjuicios para su futuro profesional mañana. Esta concesión al nacionalismo está dando marchamo oficial a la erradicación de la enseñanza de la lengua del Estado -que hablan más de 500 millones de personas-, que quedará definitivamente desterrada de Cataluña donde, sinceridad obliga, lleva más de treinta años arrinconada por la desidia de gobiernos anteriores. En cuanto a Esquerra, si hay en su seno alguna cabeza pensante deberá explicar por qué priva a los escolares catalanes del derecho a conocer el castellano, idioma que van a necesitar cuando, concluida la etapa formativa, tengan que integrarse social y laboralmente en un mundo que es inmensamente más grande que la caverna en la que vive este partido radical.

El bilingüismo en Cataluña, Euskadi y Galicia es una realidad enriquecedora, aunque a los nacionalistas les parezca una patología, y el alumno que se expresa en ambas lenguas posee más riqueza intelectual que el que ignora una de ellas.

Pero el odio a España y el desprecio a su lengua forman parte del ser del nacionalismo, sobre todo del catalán. Su cortedad intelectual es de tal magnitud que no alcanzan a saber que "las lenguas tienen dos enemigos, el que las prohíbe y el que las impone", dice Fernando Savater. Y hasta ahora ninguno de los dos pudo con ellas.

La lengua, moneda de cambio
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