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Que no vuelvan a Galicia

Parafraseando la defensa que aquel presidente hizo de su equipo, ¡qué estos gobernantes no vuelvan por Galicia!

UNA TARDE de domingo de los años setenta el Deportivo de La Coruña disputó un partido de liga en Riazor -no recuerdo el nombre del rival- arbitrado por un trencilla que, dicho por los jugadores y visto por los espectadores, castigó con decisiones injustas al equipo coruñés que perdió aquel partido.

Pocos días después don Antonio González, presidente del Club, pedía en un diario deportivo "Que ese árbitro -omito el nombre porque ya no está entre nosotros- no vuelva jamás por La Coruña". Fue su forma elegante de reprochar el atropello y la parcialidad de aquel árbitro que no volvió a Riazor.

Rescato aquel episodio deportivo a propósito de lo que ocurre ahora con una parte significativa de la industria gallega que está jugando el partido de su supervivencia y va perdiendo por las malas decisiones y la desidia del árbitro de ese partido, el Gobierno central.

La situación de la central de As Pontes es conocida. Nadie cuestiona que hay que tomar medidas a favor de la descarbonización y protección del medio ambiente. Pero la transición energética había que hacerla de forma gradual, como hacen otros países, para no perder tejido industrial y empleos. Querer ser los primeros es propio de un gobierno de aprendices que ignoran lo que ocurre en la calle y toman decisiones desde sus despachos confortables.

Igual de sangrante es el caso de las industrias de consumo intensivo de energía que pagan a precio mucho más alto que sus competidoras europeas, lo que las hace menos competitivas y rentables.

En esta situación están, además de Alcoa San Cibrao, Ferroatlántica, Celsa, Megasa y otras empresas que mantienen más de 2.000 empleos directos, cientos indirectos y a familias y pueblos que sobreviven de su actividad.

Está en juego el futuro laboral de muchos trabajadores y comarcas que se puede perder por la dejadez gubernamental pese a prometer en diciembre de 2018 el estatuto del consumidor electrointensivo, el marco energético estable para estas industrias, promesa que también hizo Sánchez en marzo de 2019 en A Coruña. Pero lo cierto es que la poca industria pesada que tiene Galicia está seriamente amenazada por la incomprensible desidia de este Gobierno que ya no está en funciones.

Por eso, parafraseando la defensa que aquel presidente hizo de su equipo, ¡que estos gobernantes no vuelvan por Galicia!. Si sus conmilitones de aquí tienen algo que decir a los trabajadores de As Pontes, A Mariña, Cee-Dumbría, Arteixo o Narón que hablen ahora. Si no lo hacen puede que Galicia los haga callar políticamente para siempre.

Que no vuelvan a Galicia
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