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Coalición electoral

Sucederá lo que es menos conveniente para el futuro de nuestro país: que Pedro Sánchez tenga oportunidad de seguir en el gobierno

ES UN HECHO, porque se ha dicho expresamente, al menos por parte de Ciudadanos y del PP, que si el día 28 de abril los españoles la propiciaran con su voto, al menos estas dos fuerzas políticas tienen el propósito de articular una coalición de gobierno.

Eso viene a significar en la practica, que los electores si apoyan la candidatura de uno o del otro partido, estarán apoyando una formula de gobierno.

Si eso es así, que lo es, si es un hecho conocido que los efectos de la ley D’Hondt suponen que en las circunscripciones de cinco o menos diputados la dispersión impide o dificulta la consecución de actas de diputado, ¿por qué no se concurre a las elecciones en coalición en las provincias en las que se eligen cinco diputados o menos y en todas en lo que a las candidaturas del Senado respecta, pues al ser la elección de esta cámara regida por el criterio mayoritario, es también mas que conveniente?

La cuestión se ha debatido en el tiempo anterior a la presentación de candidaturas y los lideres la han despachado apelando al voto útil y poco mas. Si se apela al voto útil se reconoce que hay candidaturas afines por unas u otras razones, que disputan el sufragio de los mismos potenciales electores. Si además los lideres hablan en términos, que expresando mas que una mera conjetura, refieren una posible alianza para gobernar, es una irresponsabilidad y una ligereza que cuestiona el liderazgo de quienes dirigen organizaciones políticas, no haber formalizado entre quienes se han expresado en tales términos, la pertinente coalición electoral para concurrir en los lugares donde la ley electoral lo hace conveniente o acaso imprescindible para el éxito electoral, no haberlo intentado seriamente o no haber sido capaces de hacerlo.

Los partidos, que merced también a la ley electoral son dueños de las candidaturas al ser estas cerradas y bloqueadas para el Congreso, tienen una alta responsabilidad. Han hecho las candidaturas a su arbitrio, los mandamases impuesto nombres en las listas y han vetado y excluido a posibles candidatos, han intervenido descaradamente en el orden de los candidatos y decido como opera la exigencia de que entre los candidatos haya mujeres. No les ha importado en el trance de confeccionar las candidaturas contrariar a militantes y desconocer apoyos a eventuales candidatos o los rechazos patentes de algunos nombres.

Pero, no han hecho su trabajo, el mas necesario y al que principalmente debieron orientar sus esfuerzos: llevar a cabo cuantas actuaciones favorecieran el éxito electoral. Y entre ellas establecer las coaliciones convenientes. No solo es posible hacerlo en Navarra.

Lo que después de la estulticia no se puede hacer, es invitar a quienes también tienen derecho a ‘madurar’ su decisión y a votar al menos con la misma libertad que los que protagonizan los cabildeos de las listas, a que se sujeten militarmente a la disciplina que mas que votar sería refrendar lo que con descaro han decidido sin transparencia alguna, los que deciden la confección de las candidaturas, o a que emitan su sufragio atendiendo a la posible utilidad mayor de su voto.

No. Es verdad que hay responsables de que se esté en esta tesitura, son principalmente Mariano Rajoy y la omnipresente Soraya Sáenz de Santamaría, su musa desde 2006 al menos, pero no solo ellos, que también se pongan en la fila de la responsabilidad algunos de allí y de aquí, algunos entre ellos que ahora se han emboscado, eso si, en lugares destacados de las candidaturas, y pretenden mirar para otro lado. Unos, los primeros ya no están, los otros hacen como si no fuera con ellos. Pero, lo que ha sucedido y ha determinado la división del centro derecha que Manuel Fraga fue capaz de aglutinar, ha tenido, vaya si ha tenido, causantes por acción y omisión.

‘Rien ne va plus’. Sucederá lo que es menos conveniente a mi modesto juicio para el futuro de nuestro país: que Pedro Sánchez tenga oportunidad de seguir en el gobierno, y no porque el ejecutivo sea socialista, sino porque él personaje exhibe una preocupante e impredecible inmadurez y una falta de moderación y prudencia ante cuestiones de estado, que nos puede colocar en una montaña rusa indeseable. Ocurrirá que acaso después que, para enmendar el desaguisado haya que fraguar a la fuerza lo que ahora se ha revelado imposible. Ojala no sea así. En todo caso alguien debería aceptar un merecido reproche. Y no es uno solo.
 

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