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Echa el cierre

A final de año cierra el NewsMuseum en Washington. Es como un santuario para la historia de las noticias, de la prensa y su evolución, de los otros medios hasta internet. Lleva 22 años abierto. Está muy próximo a la National Gallery. Echa el cerrojo por causas económicas. Es como un mal presagio para un sector que necesita reinventarse. Probablemente la reinvención pendiente sea volver a los orígenes: dar noticias y opinión solvente. Lo escribía ayer Màrius Carol: el caniche de Albert Rivera en las redes sociales, como prólogo al gran debate electoral, es la vieja trampa del falso atajo, que abandona la noticia que da credibilidad por los chascarrillos de perros y gatos para ganar audiencia. Es la oferta de distracción frente a la solvencia. 

No será el presidente Trump quien se preocupe de que siga abierto este museo de las noticias. Está más por la vía del caniche. Sus obsesiones contra la información en The New York Times y en el Washington Post, de forma muy especial, coinciden con vientos favorables para la marcha de estos dos periódicos por la multiplicación del número de suscriptores y por su oferta de contenidos. Es la constatación de que el periodismo está vivo. 

Cuando se anuncia el cierre de ese museo en Washington, una vez más diremos aquí: ¡Menos mal que nos queda Portugal! En Sintra se inauguró el 25 de abril de 2016 un NewsMuseum. Habrá que fomentar las visitas al mismo. No había aglomeraciones. Confío en que continúe abierto. Hay que reivindicar la información. 

La historia de los medios de comunicación es la de las transformaciones socioeconómicas y políticas del mundo moderno

La historia de los medios de comunicación —la prensa escrita, radio, televisión e internet— es la de las transformaciones socioeconómicas y políticas del mundo moderno. La información es instrumento activo en la transformación y mejora de las condiciones de vida de una sociedad. La visita a estos museos, como el de la Comunicación en Berna, es una aproximación visual al cambio histórico por los sistemas de transmisión, la tecnología y soportes de comunicación. La transformación de la sociedad gallega está en la recepción del periódico por un suscriptor en un aldea gallega después de horas o incluso días, a la cita actual en casa a la hora del desayuno o el acceso a ese mismo periódico a través de la tablet o del ordenador. Como la llegada de la radio, con un receptor instalado con mimo de adornos en las casas o los primeros televisores entronizados en el salón como un auténtico altar. O la centralita telefónica que con unas clavijas y una operadora pasaba las llamadas o atendía la petición de conferencia a la capital. Fue ayer mismo. 

Es una historia social. Es la carta manuscrita, cuando enseñaban caligrafía, que en su circulación por los correos oficiales tenía la opción, previo pago, de tratamiento de urgente o vía aérea para mantener el contacto entre los gallegos de ambos lados del océano. Es hoy el correo electrónico instantáneo o los mensajes que llegan al momento por las diferentes aplicaciones de las redes. 

Hay que ir a Sintra.

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