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Facherío paralelo

FÁCIL ES deducir que Pablo Iglesias prefiere batirse en la calle que en las urnas. Le gusta más el ruido, el jaleo, el desorden... que la irrenunciable libertad de decisión de los votantes. Así se entiende su cabreo por los cuatrocientos mil andaluces que eligieron, por lo que sea, a doce diputados de Vox. Así, con el pretexto de protestar, dice, contra los fachas promovió disturbios, convirtiendo la calle en un facherío paralelo, con el que pretende enmascarar su fracaso en los comicios andaluces, un añadido a su declive de votos.

Una cosa es protestar contra un partido político con argumentos, sea Vox o cualquier otro, lo cual es muy legítimo, y otra muy diferente hacerlo con insultos porque los electores se tomaron la libertad de nominar a quienes les dio la real gana (por algo sería), lo cual no cabe en las entendederas de un demócrata, salvo que solo sea un aprovechado de la libertad. ¿Por qué no lo maquinó antes de que se celebrase la consulta, por si los ofendidos cambiaban de opinión? La democracia es muy molesta para quienes no creen en ella ni la respetan, pero por lo menos deberían no molestar, ahorrarse lo de incendiar las calles con gritos y acciones violentas.

Facherío paralelo
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