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Cuesta creer que seamos una sola especie y no varias compartiendo unos cuantos rasgos físicos

LINUS VAN PELT, el amigo de Carlitos el de Snoopy, afirmaba que amaba a la humanidad pero que a la gente no la soportaba.

Una psicóloga —otra más— me explicaba un día que todo en la vida son las relaciones personales, que nada nos influye más ni tiene más peso en nuestro bienestar que la calidad de las que vamos estableciendo, todo el tiempo y sin parar. Y que nada era tan difícil. Salta a la vista: cómo no va a serlo si somos tan distintos que a veces cuesta creer que seamos una sola especie y no varias compartiendo, por azar genético, unos cuantos rasgos físicos.

Están mis compañeros de desayuno, que hablan de fútbol con preocupación sincera y se refieren a su equipo siempre en primera persona del plural; están los chavales que se dejan la capucha puesta en el bus; está Trump, que no se cree el informe sobre el cambio climático y se enrabieta, y está Richard Ford, que le llama malhechor pero nos dice que ni loco se queda con Europa; está Xi Jinping, que escribe en ABC un mensaje de fraternidad hispano-china y promete intensificar la cooperación sobre los osos panda, y está la serpiente Kaa hablándole a Mowgli mientras lo va abrazando; está un pastor de camellos en Mongolia y está un yihadista esperando a inmolarse en Pakistán; está la chica mexicana de la cafetería del tren que después de la cena tomó crema de orujo con patatas fritas; está la señora que en su vida ha hecho otra cosa que llevar las vacas a pacer y está la chavala que va al lado de su madre en el coche por la mañana con los cascos puestos; están los que solo comen carne de animales felices y los que consideran que hacer eso es tener muy mala leche, y que lo caritativo es acabar con los que sufren; están los que escuchan trap con las ventanillas del coche abiertas y sienten que están viviendo la vida, y el señor que escucha a Bach en el sofá de su casa y siente que está viviendo la vida; están los que se creen mejores personas y los que se creen mejores personas porque no se las dan de buenas personas; están los que viven para el dinero y los que no; están los que confían y los que desconfían; están los que saben estar solos y los que no saben; están los que quieren que los quieran y los que quieren querer; está mi novia, que se ilusiona por todo en dos segundos y se le pasa en otros dos, y es bastante feliz, y estoy yo, que no me ilusiono por nada y me cuesta.

Partimos de unos datos completamente dispares, razonamos cada uno a nuestra manera y además buscamos futuros distintos. Habitamos realidades tan diferentes, aun compartiendo asiento de metro, mesa de trabajo o cama, que lo raro sería entendernos.

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