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El argumentario

NO HA EMPEZADO la campaña electoral y ya, algunos insignes candidatos, colocados para dar lustre y color a la lista de su partido, comienzan a desbarrar y a decir, en el fondo, lo que de verdad piensan. Cuando su franqueza o su desparpajo chocan contra la estrategia de campaña son inmediatamente desmentidos. Para eso, para solucionar la incompetencia o la verborrea de los recién llegados, están los ‘argumentarios’.

Son algo tan sencillo como una hoja con instrucciones de qué decir, cómo hacerlo, y qué frases hay que repetir machaconamente justo ese día. Porque el manual de instrucciones se actualiza a diario. Hay políticos que acuden a radios y televisiones con el papelito en la mano y lo consultan ante cualquier pregunta molesta. Así como también hay periodistas que reciben cada mañana en su móvil el argumentario del partido ‘amigo’.

Estas hojas de ruta, tan criticadas por la sarta de obviedades de lo políticamente correcto que contienen, y que muchos políticos no se saltan ni en la cena familiar, van a resultar imprescindible cuando comience de verdad la campaña. La enorme cantidad de indecisos, la apelación al voto útil, la posible pérdida de escaños por la pelea de la derecha, así como el descubrimiento del valor incalculable del escaso pero decisivo voto rural, no permite salidas de tono ni ocurrencias de los recién llegados ni de los ‘profesionales de la política’.

Porque, si es verdad que Suárez Illana le ha hecho esta semana un buen roto al PP con los neardentales asesinos o el aborto de un recién nacido, el líder del PSC, Iceta, ha devuelto a la vida todas las acusaciones del presunto compadreo con los independentistas del Gobierno de Sánchez. En el fondo, Iceta ha hablado con el corazón cuando defiende el referéndum catalán. Pero eso no tocaba precisamente ahora y no venía, ni mucho menos, en el argumentario que recibió esa mañana.

Por el contrario, el programa electoral de Vox es tan escandaloso que no les va a hacer falta el papelito diario. Sus candidatos solo tiene que defender con vehemencia las barbaridades que ofrecen al electorado y decir con mucha convicción que el muro de Marruecos lo tiene que pagar Rabat. A lo mejor cuela.

Un alto dirigente socialista decía hace unos días que la estrategia más importante de su campaña electoral va a consistir, fundamentalmente, en "no cagarla". Porque, efectivamente, los errores ajenos están dejando el espacio de centro a merced del PSOE y la debacle en las filas de Podemos también deja huérfano al voto de izquierda radical. Entre todos le están haciendo la campaña a Sánchez, así que: calladitos están mejor.

Por otro lado, los programas electorales, esos que los dirigentes políticos deberían vender en campaña porque en ellos se basa su compromiso con los ciudadanos, han pasado a ser papel mojado, con un catalogo de promesas que ninguna se cumple al llegar a Moncloa.

El amplísimo programa que el presidente del Gobierno presentó esta semana, arropado por un mar de banderas españolas y europeas, necesitaría de un gasto presupuestario que no se alcanza a cubrir aunque se cruja a impuestos a los más ricos. Pero qué más da, ofrecer el gratis.
 

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