Las granjas de leche gallegas, ante el reto de competir por la mano de obra: " O sector non atrae"

Vacas en el interior de una explotación láctea. AEP
Las condiciones han mejorado, pero todavía queda camino por andar para postularse como un buen nicho de empleo. Los trabajadores extranjeros sostienen la creciente demanda de personal, con obstáculos como el acceso a la vivienda

Hace no muchos años, la actividad de las granjas de leche en Galicia se sostenía únicamente con el trabajo de los integrantes de la unidad familiar: padres, hijos y abuelos. Hoy, en cambio, son muchas las ganaderías que tienen personal externo contratado o lo necesitan. La propia evolución del sector ha impuesto este giro en la composición de la mano de obra. Las granjas que permanecen en activo son cada vez más grandes, lo que implica más volumen de trabajo, y el concepto de ganadería familiar se encuentra en vías de extinción.

Esta realidad ha abocado a buena parte de los titulares a incorporar asalariados, lo que exige un cambio de mentalidad, estar dispuesto a destinar recursos a crear equipos, ciertas dotes para gestionar plantillas y, un aspecto crucial, ofrecer unas condiciones y un entorno laboral que ayuden a atraer trabajadores a una actividad que todavía carga con la etiqueta de ser 'esclava'.

Con ese telón de fondo, conseguir mano de obra se ha convertido en unos de los desafíos del sector. Hoy en día, las granjas que mejores condiciones ofrecen a sus empleados no tienen problemas para reclutar personal y mantenerlo, pero la mayoría se topan con dificultades. De ahí que uno de los grandes retos que tienen por delante las ganaderías sea competir con otros sectores en la captación de mano de obra y lograr que más personas vea la actividad como un buen nicho de empleo. 

¿Qué falla?

Junto al hándicap de la falta de relevo generacional, lo que ocurre es que la gente prefiere otros trabajos. "O sector non atrae pese a que mellorou a visión que a sociedade ten del e o xeito de traballar. Calquera que estea en busca dun emprego prefire traballar no que sexa, nun supermercado ou en calquera outra actividade, antes que nunha granxa", constatan desde el equipo técnico de la Cooperativa Agraria Provincial de A Coruña.

Señala que ha habido avances en las condiciones, tanto en horario o días de descanso como en salarios, pero considera que "aínda queda camiño por andar". Y es que no todas las granjas tienen el mismo grado de consciencia sobre la importancia de ofrecer empleos con contrapartidas atractivas. Muchos titulares de granjas han ido incorporando mejoras por "obriga", pues la normativa laboral es ahora más estricta con el cumplimiento de las jornadas de trabajo máximas y su registro, y el salario mínimo interprofesional ha subido en fuerza en los últimos años. 

El papel que juegan los migrantes

 A la hora de buscar mano de obra para las granjas, lo que menos hay son candidatos de nacionalidad española. El sector recurre incluso a las listas del paro, pero no engancha, ni entre aquellos que conocen el rural y la actividad ganadera. En este escenario, los extranjeros se han convertido en una especie de tabla de salvación. Cada vez más ganaderías cuentan con trabajadores llegados desde terceros países (sobre todo del continente africano como Marruecos, Senegal o Guinea, y de Latinoamérica, mayoritariamente de Perú o Venezuela). 

Con todo, su incorporación a las granjas también es un camino de obstáculos. Primero por las gestiones y la burocracia que conlleva arreglar aquí los papeles, entre el desconocimiento y las dificultades con el idioma. Otro problema es la falta de vivienda, tanto en las aldeas como en los pueblos. La escasa o nula oferta, los precios o los recelos de los propietarios a alquilar a personas de otras nacionalidades suponen un lastre. Ante esa situación, algunas ganaderías grandes están comprando casas para poder ofrecer un techo a los trabajadores. 

Pero, además, cuando llegan a Galicia necesitan ayuda para aterrizar y comprensión, tanto en lo laboral, pues nunca trabajaron en granjas ni conocen su funcionamiento, como en otras cuestiones como, por ejemplo, abrir una cuenta en el banco o hacer la compra. Además, suelen venir sin dinero, por lo que necesitan un adelanto. "Hai que falicitarlles as cousas e non todo o mundo está disposto", señalan desde el equipo técnico de la Cooperativa Agraria Provincial de A Coruña. 

Falta personal cualificado

Con unas condiciones de trabajo correctas y la contribución de la mano de obra extranjera, las granjas pueden ir cubriendo sus necesidades para puestos como peón, pero el gran desafío es dotarse de personal cualificado.

Todo esto hace que más ganaderías opten por realizar elevadas inversiones en robotización para  depender menos de la contratación de mano de obra.