La UE tiene en su mano seguir adelante con el pacto con Mercosur: ¿qué pasará?
El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur transitó por un camino de obstáculos desde que era solo un proyecto que había que negociar -de eso hace ya más de 25 años- hasta que Bruselas lo rubricó con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay el pasado sábado. Con partidarios y detractores, el proceso estuvo marcado por la división en el seno de la UE sobre su puesta en marcha. La última muestra está en la decisión del Parlamento europeo -adoptada en una ajustada votación este miércoles- de llevar el acuerdo marco ante el Tribunal de Justicia de la UE para que aclare si es compatible con los tratados europeos, un movimiento que el Ejecutivo comunitario ve más político que con base legal.
¿Qué implica ese freno a la activación de una alianza llamada a crear la zona de libre comercio más grande del mundo? El hecho de que la Eurocámara haya solicitado un dictamen a la Corte de Luxemburgo no quiere decir que el acuerdo quede automáticamente paralizado hasta que los magistrados se pronuncien, una respuesta que puede tardar tiempo. Depende de la Comisión y de los Estados miembros, que deben decidir ahora si quieren que quede en 'standby' o una aplicación provisional de la parte comercial del acuerdo a la espera del pronunciamiento del TJUE. En función de su dictamen, volvería después al Parlamento, cuya ratificación es necesaria.
Entre los Veintisiete existe una clara división. Una aprobación por mayoría simple permitió finalmente al Ejecutivo comunitario firmar el pacto con los países de Mercosur, lo mismo que necesita ahora para una entrada en vigor provisional, una vez que al menos uno de los socios del bloque latinoamericano lo ratifique, un paso que quieren dar pronto. Ese telón de fondo hace pensar que Bruselas lograría vía libre para optar por seguir adelante, pero a costa de ahondar en la batalla política en el seno de la UE por Mercosur.
En un bando están los gobiernos que quieren seguir adelante, como España o Alemania. "No nos detendrán. El acuerdo es justo y equilibrado. No hay alternativa si queremos lograr un mayor crecimiento en Europa", dijo ayer desde Davos el canciller alemán, Friedrich Merz, crítico con el "aislamiento y el proteccionismo". También desde la ciudad suiza, el ministro español de Economía, Carlos Cuerpo, defendió la implementación "inmediata" y recordó que es la misma situación que atraviesa el acuerdo con Canadá y se está aplicando. El otro bando, el de los países detractores, está encabezado por Francia. "Si Ursula Von der Leyen lo impusiera mediante la aplicación provisional, constituiría una forma de violencia democrática" afirmó el portavoz del Gobierno galo, Maud Bregeon.
Las amenazas que esa apertura comercial cierne sobre el sector agrario son las que sostienen la oposición del país vecino. De hecho, otro de los focos de división en torno a este tratado comercial está en el campo. Prueba de ello son las manifestaciones de las últimas semanas en Lugo -además de en otras zonas de Galicia, de España y de la Unión Europea-, suspendidas en plena incertidumbre por el futuro del acuerdo. Con todo, Agromuralla y Grandeiros Galegos da Suprema están decididos a no bajar la presión y analizan cómo llevar a cabo nuevas acciones de protesta. En Ourense, los ganaderos advierten que mantendrán la tractorada que bloquea la N-120 hasta poder reunirse con algún cargo del Ministerio de Agricultura. Mientras, Asaga y Unións Agrarias no contemplan movilizaciones en estos momentos.
Dentro del sector, muchos temen que la reducción de aranceles y de otras barreras a la exportación de productos agroalimentarios desde Mercosur suponga una competencia desleal que tumbe precios a este lado del Atlántico. Esgrimen que en esos países no existen las mismas exigencias en materia medioambiental, sanitaria, de bienestar animal o laboral que en la Unión Europea y temen por sectores como el de la carne de vacuno. Pero también hay una parte que confía en las condiciones y salvaguardas introducidas en el acuerdo para proteger a agricultores y ganaderos y destacan, por ejemplo, que la alimentación de granjas porcinas y avícolas de Galicia depende de la importación de cereal desde países como Brasil.
Más allá del agro, los defensores del pacto ponen el foco en la oportunidad que supone para abrir y ensanchar mercados a diversos sectores. En la actualidad, la UE exporta a Mercosur sobre todo vehículos, productos químicos y farmacéuticos, y maquinaria.
Las protestas de Asaja y Upa no llegan a Galicia
Las organizaciones agrarias Asaja y Upa tienen convocado un 'súper jueves' de movilizaciones la próxima semana, con protestas en varios puntos del país, sobre todo en provincias de Castilla y León y Andalucía. En Galicia no tienen previsto salir a la calle, según confirmaron ayer a este diario desde Unións Agrarias-Upa y Asaga. Además de protección en los acuerdos comerciales reclamarán una PAC fuerte, precios justos, menos burocracia.