Conchas de vieira para regenerar el mar: el hormigón sostenible que busca salvar las rías gallegas
Recuperar la salud de las rías gallegas exige algo más que protección pasiva. Esa es la premisa sobre la que trabaja desde hace más de diez años un equipo de investigación de la Universidade da Coruña (UDC), con sede en el Citeni -el Centro de Investigación en Tecnologías Navales e Industriales del Campus Industrial de Ferrol-, que desarrolla arrecifes artificiales diseñados específicamente para favorecer la regeneración de los ecosistemas marinos.
El proyecto, liderado por el investigador Luis Carral, se centra en el diseño de estructuras que imitan los arrecifes naturales y que se instalan en el fondo marino para generar sustratos duros donde puedan asentarse algas, moluscos y otras especies. Pero su principal innovación está en el material: un hormigón modificado con conchas de bivalvos, especialmente de vieira, que reduce el impacto ambiental y facilita la integración de la estructura en el medio marino.
Hormigón más cercano al mar
Los arrecifes artificiales se construyen tradicionalmente con hormigón, un material resistente, económico y fácil de manipular. Sin embargo, el equipo de la UDC ha introducido modificaciones en su composición para hacerlo más “amigable” con el ecosistema. La clave está en sustituir parte del árido convencional por conchas procedentes de residuos del sector alimentario, principalmente de vieira.
Desde el punto de vista técnico, Carral explica que las propiedades mecánicas del hormigón con conchas no difieren sustancialmente de las del hormigón convencional: la resistencia es ligeramente inferior en algunos casos, aunque perfectamente válida para este tipo de estructuras. A cambio, el material presenta ventajas relevantes, como un pH final más próximo al del medio marino y una adaptación más rápida a la acidez del entorno submarino.
Además, el tratamiento previo de las conchas es mínimo: basta con eliminar los restos orgánicos mediante un calentamiento breve antes de incorporarlas a la mezcla. "Es un material que ya procede del propio ecosistema marino, lo que lo convierte en un ejemplo claro de economía circular", señala el investigador.
Arrecifes con "vida limitada"
Uno de los conceptos más innovadores del proyecto es el de "arrecife artificial de una generación". Frente a prácticas del pasado -como el hundimiento de neumáticos o buques fuera de uso-, el equipo propone estructuras con vida útil limitada, pensadas para degradarse progresivamente tras 15 o 20 años, "como un azucarillo".
El objetivo es claro: evitar que las soluciones actuales condicionen a las generaciones futuras. "Lo que hoy consideramos una buena solución puede no serlo dentro de veinte años. Por eso planteamos estructuras que desaparezcan y permitan decidir de nuevo", explica Carral. De este modo, el mar deja de ser un vertedero y pasa a ser un espacio gestionado con criterios de sostenibilidad a largo plazo.
Dados de hormigón en el fondo de la ría
Las estructuras diseñadas por el equipo del Citeni adoptan una forma sencilla y eficaz: grandes cubos de hormigón, de alrededor de 1,5 metros de altura, con oquedades y cavidades en sus caras. Estas perforaciones replican las irregularidades de los fondos rocosos naturales y favorecen la colonización por distintas especies.
Instalados en zonas estratégicas del fondo marino, estos "dados" generan efectos similares a los de una zona rocosa natural, facilitando el desarrollo biológico y contribuyendo a la recuperación de áreas cuya productividad ha disminuido con el tiempo.
De la teoría al mar
Hasta ahora, el proyecto cuenta con más de 15 publicaciones científicas en revistas de primer nivel, estudios hidrodinámicos, análisis medioambientales y trabajos sobre materiales y ecología. Sus resultados han sido reconocidos, entre otros, con el Premio Eduardo Vieitez de Investigación, concedido por la Academia Galega das Ciencias.
El siguiente paso es pasar del laboratorio al medio real. El equipo propone la creación de un parque experimental de arrecifes artificiales en la ría de Ares-Betanzos, una de las zonas más estudiadas por los investigadores. La idea es instalar dos o tres conjuntos de arrecifes y monitorizar durante varios años su colonización biológica y su impacto ecológico.
Las cofradías de pescadores ya han mostrado su interés, y la Xunta de Galicia -a través de la Consellería do Mar- conoce el proyecto, que en fases anteriores ha contado con financiación autonómica. Sin embargo, la decisión final para ejecutar la instalación experimental sigue pendiente.
Alianza con la alta cocina
Un elemento singular del proyecto es la colaboración con el sector de la restauración de alta gama. El equipo contactó con los 17 restaurantes gallegos con estrella Michelin para estudiar la gestión de residuos de conchas, especialmente de vieira, un producto gourmet muy demandado.
La colaboración más estrecha se estableció con Culler de Pau, el restaurante del chef Javier Olleros, referente en sostenibilidad y poseedor de la estrella verde Michelin. Las conchas procedentes de estos restaurantes, todas de especies gallegas, se convierten así en materia prima para los arrecifes, cerrando el círculo entre gastronomía, ciencia y medio ambiente.
"Resolvemos un problema de residuos y, al mismo tiempo, ofrecemos una solución ambientalmente responsable para el mar", resume Carral.
Hay que "cultivar" el mar
Aunque la propuesta pueda parecer innovadora, Carral subraya que los arrecifes artificiales se utilizan desde hace años en países como Japón, Francia, Estados Unidos o Corea, donde existe una fuerte tradición pesquera y sensibilidad ambiental. “No es una idea sorprendente; está ampliamente contrastada por la comunidad científica”, afirma.
El mensaje final es claro: las rías gallegas son ecosistemas privilegiados, pero no inagotables. “Si queremos que sigan siendo productivas, hay que gestionarlas activamente. En definitiva, hay que cultivar el mar”.