Veinte años del tesoro precolombino 'olvidado' en un trastero compostelano
Una colección de piezas de arte precolombino valorada en más de 89 millones de dólares olvidada en un almacén de Mudanzas Boquete en Santiago por más de una década tras protagonizar exposiciones entre 1996 y 1997 en el Auditorio de Galicia, el Museo do Pobo Galego, San Domingos de Bonaval y el Pazo de Fonseca que atrajeron a visitantes de la talla de la Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú.
Es el 'tesoro' cuya recuperación, al menos en parte, fue posible gracias a la labor de un curioso tándem conformado por las casualidades de la vida. De un lado, el pertinaz investigador y por entonces jefe de la División Internacional de Delitos Intelectuales, Económicos, Aduaneros y de Patrimonio Cultural de Interpol en Lima, George Gamarra. Del otro, el arquéologo lucense Roberto Pena Puentes, que pilotaba el área de Vixilancia e Inspección do Patrimonio Cultural de la Xunta y que hoy dirige el Servizo de Arqueoloxía.
La controvertida figura de Leonardo Augustus Patterson sería el nexo que los uniría en un curso sobre protección del patrimonio cultural y lucha contra el tráfico de bienes históricos en el que coincidieron en el otoño de 2006 en Madrid. Su colaboración sería clave para que, dos años después, Perú recobrase 253 piezas y para que México y Ecuador pudiesen reclamar su legado. Fueron quienes destaparon que los bienes estaban olvidados en un trastero. Gamarra seguía la pista de Patterson tras lograr recuperar en agosto de ese año, con la ayuda del arqueólogo Walter Alva, una corona de oro de la cultura moche que el costarricense tenía en su haber y que fue parte de la muestra gallega.
"Leonardo Paterson trajo en 1996 a Santiago la entonces considerada mayor colección privada de arte precolombino del mundo"
El polémico marchante de arte, fallecido en febrero de 2025, selló un acuerdo con la Xunta de Fraga en 1996 para exhibir la entonces considerada colección privada de arte precolombino más importante del mundo, con 1.400 piezas. Al parecer, el objetivo de Patterson era vender pues había contado con aportaciones de inversores privados que le reclamaban el dinero. Las piezas expuestas en la capital gallega mostraban 3.000 años de historia de Perú, Ecuador, México, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, entre otros países.
El misterio siempre rodeó la figura del comerciante. Tras hacer negocio entre 1960 y 1970 en Nueva York aprovechando la desprotección del patrimonio a nivel global hasta la aprobación en noviembre de 1970 de la Convención de la Unesco para combatir el tráfico ilícito de bienes culturales, este aprendiz de joyero sería nombrado agregado cultural de Naciones Unidas en 1995, un cargo al que renunciaría forzado por sus antecedentes ligados a la venta de piezas falsas, la evasión fiscal y al tráfico de piezas precolombinas e incluso de huevos de tortuga, indica George Gamarra. Pese a contar con esta carta de presentación, las puertas se abrieron en Galicia para este hombre que llegó a ser perseguido por el FBI.
Si bien logró zafarse de la justicia española, tanto México como Perú lograrían recuperar piezas de su patrimonio arqueológico tras analizar el catálogo de la exposición gallega. papel clave.
Las pesquisas de Gamarra y Pena
En el caso de Perú, fue clave la labor del comandante, hoy jubilado, George Gamarra Romero, que en el curso de Madrid compartió su extrañeza con el arqueólogo Roberto Pena al no tener constancia de que la colección hubiese salido de Galicia tras la exposición de los años 90. "En mis investigaciones no había podido obtener un certificado de aduana de egreso de toda la colección. Le pedí que hiciera indagaciones al respecto", relata el agente, que el pasado febrero se reencontró con Pena en Barcelona.
El 4 de noviembre de 2006 la historia daría un giro. Un correo del experto gallego alertaba a Gamarra de que había dado con la colección en el almacén compostelano. A partir de ahí, a través de Interpol, Gamarra cursaría a las autoridades españolas solicitud de incautación y restitución de los bienes a Perú. En febrero de 2007, la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional intervino la colección y Perú recuperaba 253 piezas a raíz del informe elaborado por Gamarra y Alva. "El Ministerio de Cultura solo había logrado identificar 31", destaca el agente, de 63 años, que lideró la Comisión Galicia y que lamenta que tanto su labor como la de Pena no fueron "debidamente reconocidas" pese a que permitió a otros países reclamar parte sus bienes culturales.
Patterson fue acusado de contabando en España y se libró
En España, en 2013 Patterson acabaría imputado por un delito de contrabando de arte por llevarse a Alemania en marzo de 2008, sin autorización del Ministerio de Cultura, el preciado cargamento, con escasa catalogación y respecto al que se llegó a poner en duda la autenticidad de algunas piezas. El 'botín' sería retenido en Múnich después de que Patterson lograse pagar a Boquete los 500.000 euros que costó su custodia.
Al menos en España, el marchante salió bien librado del proceso al que, en marzo de 2015, dio carpetazo la Audiencia de A Coruña al desestimar los recursos interpuestos en su contra por la Fiscalía, el Estado español y Ecuador. Quedó absuelto porque no se pudo demostrar que supiera que debía pedir autorización para llevarse la colección, pese a que su por entonces abogado, el exalcalde de Santiago Gerardo Conde Roa, había sido informado de que, al llevar las piezas más de diez años en España, la Ley de Patrimonio Histórico obligaba a solicitar permiso. Las responsabilidades se acabarían diluyendo, pues también se barajó que el papeleo podría haber correspondido a la Xunta, que en 1996 hizo las gestiones para traer las piezas de Alemania.