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Escritores y lluvias

Se publicó en España la novela de la serbia Gordana Kuic 'El olor de la lluvia en los Balcanes', que habla de como las hermanas Salom, en la Sarajevo de entreguerras se mantienen vivas en contra de la estupidez histórica.
Escritores y lluvia

NINA PONE una tienda, Klara se casa con un donjuán que  la abandona en París y ella se refugia en un pueblecito de Croacia, Buka escribe cuentos y leyendas en sefardita. Riki es una bailarina fantástica y bohemia que  acaba mal de los huesos y  pone una sombrerería  en Belgrado que se llama La Parisiense, Blanki toca a Chopin, todas conservan su vitalidad inexpresable por encima de brutalidades y fanatismos,  el olor de la lluvia las libera, tienen nostalgia de España, el país de los orígenes, de donde los echaron unos reyes implacables,  cuidan el recuerdo de esa tierra y conservan el español del siglo XV, sueñan al escuchar las guitarras,  en el olor de la lluvia sobrevive la vida más irreductible,  Riki encuentra esa vida en las sorpresas de su baile, la vivencia es superior a las elucubraciones intelectuales, el novio de Riki le suelta discursos filosóficos, pero ella quiere vivir y sentir,  el ansia de vivir de unas mujeres aprisionadas persiste al dominio de los hombres,  Blanki tiene condiciones para aprender pero la familia gasta dinero inútil en pagar los estudios de su hermano, que es un vago,  hay cosas en la vida que nadie puede enjaular, son como un refugio contra las ideologías metálicas, por ejemplo, el olor de la lluvia.

Alejandra Pizarnik escribió Los muertos y la lluvia, donde un hombre vive junto a un cementerio y nadie sabe por qué, y solo en el ruido de la lluvia sobre las tumbas ella puede saber lo que le da miedo, y solo en la lluvia uno comulga con los muertos, aparecen los espectros y los aparecidos, la lluvia lo acerca a todos los ausentes, en la lluvia vuelve todo el pasado y uno lo entiende algo, y Alejandra cita una frase del Talmud, vete a saber si es cierta: "Dios tiene tres llaves: la de la lluvia, la de los muertos, la de la resurrección",  tampoco sabe a qué llaman Dios, pero está claro que Alejandra se ha empapado muchas veces en las palabras, en las palabras como lluvia y en la lluvia como palabras, en esas palabras que nos mojan y nos producen pulmonía y no se limitan a soltar teorías vacuas, en esa lluvia que susurra como susurran los muertos  y la memoria.

Verlaine escribe Llueve sobre mi corazón / como llueve sobre la ciudad, supo enlazar la ciudad con el corazón, supo mirar las ciudades de otra manera, con la mirada simbolista, supo que las ciudades susurraran y amortiguaran los ruidos en mitad de la lluvia, que la lluvia envolviese nuestros sentimientos y los puliera, que envolviera la tragedia de la vida en contornos suaves y recordados, también quiso que los versos nos mojaran, que nos afectaran de verdad, que nos nublaran la vista, que la quitaran de esa mirada clara y precisa que es pura falsedad simplista, que nos emborrachara la lluvia, entonces Rimbaud concibió a través de ese poema sus últimos poemas más simbolistas y más oscuros, entró de verdad en su corazón de demonio o de ángel oxidado, supo todo lo que guardaba por dentro detrás de todas las lluvias superpuestas, supo cuantos besos no dados a las burguesitas que escuchaban la música ante el palco del ayuntamiento guardaba, y concibió sus Iluminaciones oscuras.

Prevert le cantó a Bárbara bajo la lluvia en Brest, esa ciudad brutal e industrial, que no tiene encanto ninguno a priori, esa ciudad que solo es un arsenal de barcos y una avenida rectilínea  sin gracia, pero donde hay una librería maravillosa donde están los escritores más lluviosos retratados en las puertas de cristal, y donde una vez Jack Kerouac en busca de sus raíces bretonas se emborrachó bajo la lluvia y se puso a cantar con marineros desconocidos, y Prevert le escribió a Bárbara, quien sabe quien era esa Bárbara, le escribió: "Acuérdate, Bárbara,/ llovía sin cesar en Brest aquel día,/ y te encaminabas sonriente/ espléndida encantada empapada/ bajo la lluvia", y esa Bárbara se me quedó metida para siempre, a menudo pienso en ella, pienso en esa lluvia que hacía poética y lírica la ciudad brutal de Brest, pienso en esa lluvia que le daba encanto a Bárbara en la ciudad sin encanto, que al final tiene encanto, alguien la llamó desde unos soportales y Bárbara corrió hacia él y él la abrazó feliz, pero eso ocurría antes de la guerra mundial, y después vinieron las lluvias de obuses, y Prevert escribe: "Oh Bárbara, / que gilipollez la guerra/ qué habrá sido de ti/ bajo esta lluvia de hierro/ esta lluvia sobre el mar/ sobre el arsenal", y los versos sonaban tan lluviosos en la voz de Yves Montand.

La lluvia es el pasado, la lluvia es como los pensamientos de todos los monólogos en que se dispersa la novela, en que se dispersa la lluvia, la lluvia lo atenúa todo y lo convierte todo en novela

En  Mientras agonizo de Faulkner monologa sobre como muere su madre, mientras Jewel arregla la rueda de una carreta bajo la lluvia, y nada existe y la lluvia es un fue, dice Faulkner, la lluvia es el pasado, la lluvia es como los pensamientos de todos los monólogos en que se dispersa la novela, en que se dispersa la lluvia, la lluvia lo atenúa todo y lo convierte todo en novela, en pensamiento, la lluvia rodea a los personajes, los erosiona, los convierte en recuerdos, todo el presente y la muerte se convierten en lluvia que empapa y que emborracha y que se adueña de nosotros, la literatura es como la lluvia, todo se convierte en palabras y en insistencias de la lluvia.

La lluvia es el pasado, dice Vila Matas en El viaje vertical, en realidad él coincide con Faulkner sin proponérselo, y también con Pizarnik, aunque quiera evitar todo tono dramático, aunque él niegue la identidad y la emoción, y todo para él es literatura en el sentido de manejar las palabras como le da la gana, también sus palabras se llenan de emoción y de lluvia, pretende hablar ligeramente de todo pero al final todo se llena de gravedad,  habla del tipo al que echa de casa su mujer y que de ciudad en ciudad acaba asistiendo a tertulias en Madeira sobre literatura de la que no sabe nada, ese personaje no tiene nada de Vila Matas, para Vila Matas todo es invención y ligereza, pero sus palabras acaban cogiendo el peso de las gotas de lluvia, parece que no dice nada pero nos dice infinidad de cosas y llueve sobre nosotros, se burla de lo que él mismo dice, pero se apodera de nosotros como la lluvia, y en el fondo sabe tantas cosas, sabe que la lluvia nos arrincona, nos profundiza, nos hace ser nosotros mismos.

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