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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Galicia echa el freno

El pinchazo de la industria y la caída de las exportaciones encienden de nuevo las alarmas

TODO es susceptible de empeorar. Esa es la gran conclusión que se puede extraer de la evolución de la economía gallega en el primer trimestre del año. Galicia no está mostrando su mejor versión en este arranque de 2019. Crecemos, pero por primera vez en tres años, lo hacemos por debajo de la media española. Aguantamos en el proceso de convergencia con la UE, al avanzar más que la Europa comunitaria, prácticamente un punto por encima de su PIB medio, pero perdemos fuelle con respecto al resto de España. ¿Qué está sucediendo? ¿Es algo puntual o marca una inflexión? Y lo más importante, ¿qué subyace en este parón, que los economistas abundan en calificar de ralentización?

De alertar de esta situación se ha encargado esta semana el Foro Económico de Galicia, laboratorio de ideas dirigido por los catedráticos Fernando González Laxe y Santiago Lago Peñas, que desde la pluralidad de sus integrantes se han convertido en todo un contrapeso argumental relativamente sólido frente a todos aquellos que solo ven una Galicia luminosa cuando miran al horizonte. Básicamente, los autores del análisis de coyuntura se quedan con un cambio en el patrón de crecimiento de la economía gallega durante este año, que ya se evidenció en la segunda mitad de 2018.

La clave de todo, para extraer conclusiones de las que tomar nota, reside en sustanciar esos cambios. Y el ‘think tank’ de Laxe y Lago apunta en esa dirección con algunas pistas determinantes. Tres portavoces parlamentarios (Pedro Puy, por el PP; Xoaquín Fernández Leiceaga, por el PsdeG-PSOE, y Manuel Lago, por En Marea) se sientan en el sanedrín, lo que deja clara la diversidad de tendencias del foro y despeja dudas sobre su imparcialidad. Dos son los pilares del cambio de tendencia, que no de modelo, tristemente, para que Galicia crezca en el primer trimestre un 2,3%, un punto por debajo de la media española.

Por un lado, nos encontramos la industria gallega, que muy al contrario de lo que sucede en España, resta al PIB, en vez de sumar. De otro, el comercio exterior pincha, con una caída muy acusada de las exportaciones. Fue precisamente la balanza comercial la tabla sobre la que Galicia salió de la crisis, que ahora, por el lado de la demanda, reemplaza con fuerza el consumo de los hogares. Este es el dibujo general, el brochazo de resume la situación, pero hay toda una paleta de matices a introducir. Y son importantes. Esto va de grano y paja. Y conviene separarlos.

El parón en las exportaciones gallegas no es algo nuevo, pero sí su intensidad. Las ventas de las empresas gallegas al exterior caen un 8,4% en el primer trimestre, frente a incrementos durante 2017 (5%) y 2018 (3,4%). Especialmente crudo lo han tenido los dos motores exportadores, automóvil y textil, que es como decir Citroën e Inditex. Las ventas del primero ha descendido un 15,8%, y en el caso del segundo, el retroceso ha sido de nada menos que del 25,7%. Los propios autores del foro mantienen sus reservas con respecto a estos datos, que incluso Núñez Feijóo ha puesto en entredicho. ¿Cómo se computan las exportaciones de un gigante textil, caso de la matriz de Zara, que cuenta con diez centros logísticos repartidos por España? ¿Y el nuevo canal online, cada vez más importante para el grupo? Las respuestas a estas dos preguntas pueden resituar el debate sobre la intensidad real del freno a las exportaciones gallegas.

Aunque sorprendentes, resultan relativamente habituales las disparidades de datos macro según la fuente, se trate del Instituto Galego de Estatística y del propio INE, por ejemplo. Sucede hasta con el PIB, con datos reales, no provisionales, de los últimos años. Pero hay otra conclusión que extrae el foro en su análisis que no admite discusión, aunque sí muchas interpretaciones y lecturas. Es la caída de la industria.

El sector industrial desciende hasta un 3,1% en el primer trimestre, cuando había crecido en 2017 (3,2%) y 2018 (3,8%). El retroceso de la industria manufacturera es del 1,7% en Galicia, cuando en España avanza un 1,2%. La divergencia es acusada. Ante el dato, la respuesta de Núñez Feijóo tampoco se hizo esperar: "el paro continuado de Alcoa en A Coruña, la situación comprometida de la planta de San Cibrao, y la disminución de la carga de trabajo de Navantia en Ferrol"  son los elementos que justifican esta evolución. ¿Y Poligal, Vulcano, Ferroatlántica y Naturgy en Meirama? ¿Acaso no hay otros cierres y ERES en la industria gallega? Tanto con Navantia como con Alcoa, el "premier" gallego mira a Madrid con tacticismo.

Más allá de los datos y las culpas, la economía gallega asiste a un cambio de guión. Habrá que estar muy, muy atentos.

Por qué la crisis de Alcoa se cierra en falso
DOS son los motivos por los que la crisis de las plantas de Alcoa en A Coruña y en Avilés se cierra en falso. Y en uno de ellos apenas reparamos en esta ruleta rusa de culpas entre Xunta y Gobierno central en la que se ha convertido la última etapa de las negociaciones. Es cierto que las plantas son inviables sin la aprobación del encallado estatuto de grandes consumidores eléctricos, un asunto de especial relevancia en Galicia por lo mucho que está en juego también para otras industrias, la misma Alcoa en San Cibrao, Ferroatlántica, Megasa o Celsa Atlantic. Sin embargo, no resulta menos preocupante la situación creada en torno al comprador. Que a un fondo de inversión, en este caso la suiza Parter, se le requieran avales bancarios extra para cerrar la operación no deja en un muy buen lugar la solvencia del futuro propietario. De hecho, las negociaciones encallaron la semana pasada en ese punto, con un aplazamiento en el proceso también extraordinario.

Y es Alcoa la que vende, no hay que olvidarlo. Por tanto, es la multinacional norteamericana la que no se fía del todo de la oferta de los suizos, que pasa por reactivar las plantas para producir piezas y componentes de aluminio para reconocidas marcas de automóviles, como hacen algunas de sus participadas.

Parter está presente en el capital de una docena de empresas, ninguna implantada en España. Por tanto, es un jugador nuevo que no ha mostrado del todo bien sus cartas con la compra de las plantas. Serán dos años de vértigo, para un fondo de inversión acostumbrado a ganar cuando compra y, sobre todo, cuando vende. Esto será un suspiro.

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