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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Un tal Amancio Ortega

La donación millonaria del creador de Inditex coincide con los mejores resultados del grupo
Amancio Ortega, en una foto de archivo. AEP
Amancio Ortega, en una foto de archivo. AEP

LARGAS caminatas por el paseo marítimo coruñés han servido a un discreto notario y a un prudente ejecutivo para diseñar durante años y con cierta tranquilidad la sucesión en la empresa familiar más grande de España. El notario, Manuel Ordóñéz, especialmente prudente, pedigrí obliga, tiene en José Arnau Sierra a su principial interlocutor en Inditex. El de Foz, vicepresidente de la compañía y máximo responsable de Pontegadea, el brazo inversor del grupo, es el hermetismo hecho persona. Solo una querencia conocida, su nada disimulada afición por el buen baloncesto. Ordóñez y Arnau tienen claro cuál será el futuro de Inditex sin Amancio Ortega en el puente de mando. Mientras la pregunta recorre reservados y reuniones, el fundador de Inditex habla con hechos a sus 83 años.

Esta semana lo ha vuelto a hacer, y por partida doble. Es indisoluble la persona, el fundador y su familia, y la criatura, la empresa, por mucho que desde Inditex se empeñen una y otra vez en separar los dos ámbitos, en un intento por dar todavía más pinceladas de profesionalidad a una compañía integrada por casi 175.000 empleados. La empresa por un lado, las inversiones de la familia por otro. Es el argumentario que prima en Arteixo. Sin embargo, esa dialéctica se rompe porque todo confluye, y lo hará todavía más en el futuro, en una institución sin ánimo de lucro creada el mismo año de la salida a Bolsa de Inditex, el 2001. Es la Fundación Amancio Ortega.

Básicamente, la mecánica, año tras año, es la que misma: Inditex logra aumentar sus ventas y beneficios en un entorno cada vez más complicado, ahora con la competencia online y de nuevo con resultados de doble dígito. Los dividendos que reparte, procedentes de esas ganancias, van directamente a uno de sus accionistas, Pontegadea, que atesora gran parte del 59% del capital del gigante textil en manos del fundador del grupo. La 'family office' que es Pontegadea canaliza esos ingresos financieros por dos vías: el ladrillo, el sector inmobiliario, sobre todo fuera de España, refugio de estabilidad futura que recibe unos mil millones de euros al año, y la propia Fundación Amancio Ortega, que ha experimentado una auténtica mutación. Y de nuevo el mis mo nombre: José Arnau. El vicepresidente de Inditex lo es también de Pontegadea, de la que es primer ejecutivo, y a su vez ocupa el mismo cargo en el patronato de la fundación. Lo que no sabrá el inspector de Hacienda en excedencia, que no perdona un verano en Foz.

De momento, y en línea con el decidido cambio que ha impulsado una de las caras visibles de la institución, la mujer de Ortega, Flora Pérez Marcote, son otros 90 millones de euros los que recibirá la Xunta para la construcción de hasta siete nuevas residencias de mayores, con unas 900 plazas. Y de nuevo el sentido finalista de la donación, sin dirigir, pero teniendo muy claro a qué se destinarán los recursos, como sucedió con las donaciones a la sanidad española. Nada ha quedado al azar esta vez, con un calculado proceso que primero pasó por adjudicar, en junio y previo concurso de ideas, el diseño de las residencias a la arquitecta de cabecera de la familia Ortega, la coruñesa Elsa Urquijo, que cada vez tiene más influencia en el gigante textil. Y ahora la firma del protocolo de donación. Con esta acción, y en un repaso rápido, Galicia acapara un tercio (casi 200 millones) de las donaciones de la fundación desde su creación.

Lo cierto es que siempre se podrá acusar a Ortega de cierta tacañería a la hora de donar cuando se observa su patrimonio: una fortuna valorada en 56.000 millones, sexta del mundo, pero en gran medida condicionada por su participación en Inditex, ese 59% largo, lo que genera un círculo muy complejo, ya que responde a lo que capitaliza en Bolsa. Es un patrimonio, por decirlo de alguna forma, latente. Otra cosa bien distinta son los dividendos que se lleva al bolsillo: este año más de 1.600 millones, que se reparten entre el ladrillo y la fundación. De seguir con las donaciones, el debate, y las criticas tras los equipos entregados a la sanidad pública, parece superado por los hechos.

Y mucho que decir ha tenido también el gigante textil esta semana. Nada sería posible sin los beneficios de Inditex, que crecen un 10% en el primer semestre del año, hasta los 1.549 millones. Las ventas, en línea, aumentaron un 7%, con 12.820 millones de facturación. Pablo Isla, el presidente, lo dejó claro ante los analistas: Inditex crece en todos los países en los que está presente, más de doscientos, y lo hace con todas las cadenas del grupo. También online. Conclusión: hay Amancio Ortega e Inditex para rato. Y también fundación.

Un tal Amancio Ortega