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Análisis y opinión

Marea alta en la ría

A mesa y mantel con Alfredo Conde y Santiago Jaureguizar

SEÑOR DIRECTOR:

Uno de estos días de la semana que se fue compartí almuerzo y tertulia con dos escritores, Alfredo Conde y Santiago Jaureguizar. Acudíamos a la convocatoria del autor de Memoria de Noa, el de Allariz. Eligió con acierto la mesa en Pepe do Coxo, con ventanal desde una primera planta que permitía seguir la frenética actividad en el puerto de O Freixo. La ría de Noia está en plena faena con el berberecho. Siguió una tertulia en la Casa da Pedra Aguda, en el valle de A Maía. Allí vive y trabaja Alfredo Conde en el silencio creativo que dan la piedra y los árboles. Un entorno donde hubo raíces familiares: "aí abaixo estaban os Caeiro".

LoisEl escritor de Allariz anda ahora, además de sus artículos en prensa, en un trabajo memorialístico que seguramente desmontará el pedestal de algún mito en esta matria galaica. Activará materia para hablar y escribir. Encenderá fuego para la polémica.

A ese terreno, memoria y mito como comunidad, territorio, patria o lo que seamos, querría aproximarme hoy en esta carta. No me ocuparé de los contenidos que nos ofrecerá el amigo Alfredo Conde en esa personal aportación a la memoria colectiva de un tiempo reciente. Comparte usted conmigo que este criterio de silencio es una exigencia mínima de respeto hacia el autor. Algo nos adelantó que despertó nuestro interés. Será terapia útil.

Pucho Boedo y la rueda del hámster

La formulación del ser y la cultura de la Galicia autonómica y de la contra-autonómica, la que renunció al tren de la transición, se mueven en una rueda de hámster: dan vueltas sobre el mismo eje. La contra se autoproclama con la exclusiva legitimidad de la "esencia de lo que somos". Le permitió dictar anatemas y encender la hoguera purificadora desde la ortodoxia. Confío en que sea correcto escribirlo en pasado. La otra asiste en silencio. Para salir de la dinámica de girar y girar sin que la circunferencia se abra son necesarias aportaciones a un mito e realidade prosaico —prosaico por el acontecer—, iconoclasta y desvergonzado. Alguna brillante contribución la realiza cada semana Santiago Jaureguizar en la última de Táboa Redonda. Es una inyección de antivirus. Pone al descubierto la purpurina que se comercializa como oro en el escenario del reality show galaico.

En el muelle de O Freixo, con marea alta, a mis dos acompañantes les recordé a Pucho Boedo y su "Tambre caudaloso que creó bancos de arena en la ría de Noia que fue puerto de Compostela". Estábamos a un paso de la cita del río con el mar, con tránsito previo por la ría. Las aguas del Tambre bajan desde las cistercienses tierras de Sobrado. Los marineros que antes pescaban "por augas de Monte Louro ata a Lanzada", según los Tamara, preparaban este mediodía grandes cajas de buen berberecho que partían en camiones.

La mejor empanada de maíz y berberechos, a la que ciertamente hay que acompañar con albariño, siempre la recuerdo en la rectoral de Noia. Como la mejor tortilla la comía por O Salnés, en la rectoral de Nates. Cuestión de fe. Jaureguizar y Conde me hablaron de otras grandes empanadas con harina de maíz. Habrá que probarlas.

Los dos ocuparon algún tiempo de conversación en asuntos propios, con nombres de autores actuales del país. Ejercí de observador. Solo alguno de los nombres me suena, poco más. La culpa es mía. No podía opinar. Fue un consejo de García Sabell, que me llevó a aplicar la prevención antes de dedicar tiempo a la lectura de lo que no cuente con avales de solvencia probada en el tiempo. Nunca lo agradeceré suficiente aunque a veces me pierda algo. Ahora me dejaré aconsejar por el criterio de Conde y Jaureguizar y me pongo a la tarea de leer algo de esos nombres que ellos califican como buenos.

Introduzco en la mesa el puerto de Compostela que cantaba Pucho Boedo. Observo que esta música no forma parte de la memoria de estos dos escritores. Los registros de ambos quizás anden más por el Salzburgo de Mozart, la ciudad es la música y la belleza, o el Bonn de Beethoven. Ahora dicen que la Beethoven-Hause a la que peregrinamos como santuario no se corresponde realmente con la casa donde nació el compositor, aunque esté en la misma calle.

Le cuento a usted, como se lo dije a ellos, que en el silencio impuesto del franquismo aquellos cantantes de música ligera que se atrevieron con el idioma propio de Galicia realizaron aportaciones importantes para que hoy sigamos siendo lo que somos, como cuando pusieron música a poemas de Rosalía, Curros o Pondal. ¿Acaso el En pé en la voz de Juan Pardo no es todo un himno? Dicho sea con permiso de Alfredo Conde, que fue fundador de Voces Ceibes.

Olvidos históricos

En las idas y venidas de la conversación hacia atrás, al presente o adelante, hubo más que escritores, literatura, aventuras y amores. El autor de O griffón cuenta que le han convocado a una organización que prepara los cuarenta años de constitución del primer Parlamento de Galicia. Regresamos cuatro décadas atrás al frío pazo de Xelmírez. Alfredo Conde estaba como diputado independiente, con Ramón Piñeiro y Carlos Casares, dentro del grupo socialista. Algún colega se olvidó de citarlo en lo que se denominó "galeguistas históricos". El único "histórico" del grupo, si lo entendemos como trayectoria en el acontecer del país desde antes de la guerra civil, sería Ramón Piñeiro, no el que olvidó citar a Conde. Un servidor hacía entonces de cronista para Galicia y para Madrid.

Le confieso que otras celebraciones, en concreto una exposición que vi en el Parlamento, en otros aniversarios del inicio de este camino autonómico, dejaban en zonas muy oscuras hechos y ausencias de entonces que la memoria que uno guarda como testigo periodístico de aquellos días y aquellos años considera relevantes. Algún fallo no solo se explicará por la ignorancia. Estaré atento, si el virus me permite llegar al 19 de diciembre del próximo año, por si observo lo que antes entendí como sonoros silencios y ausencias.

Me sentaron muy bien estas siete horas que pasé con Conde y Jaureguizar. Con una referencia al inicio de El extranjero le confieso la razón de mi situación personal del momento. Mis sentimientos afortunadamente esos días de la pasada semana en nada se asemejaban a la distancia o frialdad de Meursault ante el telegrama que le comunicaba la muerte de su madre.

De usted, s.s.s.

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