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Análisis y opinión

Reinstalar al pasado

El éxito de A propósito de nada es la respuesta de los lectores a las pretensiones de censura

Señor director:

Sospechará usted que mezclo el tocino con la velocidad o, por razón de buen lechal o buena lana, opte por la confusión de churras con merinas: pretendo meter en este mismo cesto semanal a Woody Allen, las circunstancias que rodearon la publicación de su A propósito de nada, un éxito editorial en España, y el estado de enajenación de la política española, patente de nuevo en el Congreso y en las declaraciones públicas de ministros.

Humor sin límites

La autobiografía es Woody Allen en estado puro. Digámoslo ya, humor e ironía sin límites, que facilita su tradición judía, y relato de situaciones que recuerdan con frecuencia a algunas de sus películas. En el libro está cariñosamente Oviedo y la estatua, con la anécdota de las gafas de metal que roban con frecuencia. Confiesa su simpatía con Europa. Muchas veces se arrepintió de no haberse quedado en París la primera vez que estuvo en la capital francesa. No podía ser por razones prácticas. De la lectura que llevo, próxima al final, se me escapan las razones para perseguir la publicación del libro, salvo que moleste que el propio afectado, nunca condenado, dé su versión de graves acusaciones contra él, que no se probaron. A pesar de todo fue declarado un apestado. Es el humor, la confianza en sí mismo, practicada al afrontar sus obras, y la decisión de no leer lo que se escribe sobre él lo que probablemente haya contribuido como la mejor terapia a que resista.

Quien disfrutó con la mayoría de sus películas, que para mí no fueron todas, gozará con la lectura.

Marcha atrás política

Sin nombreMe voy al redil de la política. La anunciada superación o liquidación de la Transición y su espíritu, que aportó el más largo período de libertades y modernización en la vida española, más que un salto hacia delante, que sería lo imaginable, se presenta ahora mismo como un retroceso en toda regla a un tiempo histórico, que consideramos superado, de radical confrontación política. Acabó como acabó para desgracia de casi todos y desastre de España durante décadas. Si usted considerase alarmista esto que acabo de decir, le diré que no parece muy alejado de un amplio estado de opinión. Repare en la encuesta de Metroscopia en la que el 93% de los españoles valora como muy crispada la situación política y, ¡atención!, un 85% de los encuestados ve en ello un serio peligro para la democracia. Debería ser entendida como una alerta por parte de los protagonistas políticos españoles. Frenen y cavilen un momento sobre la ruta que marcan, al menos quienes se dicen defensores de las libertades al modo de las democracias occidentales. Echan, sin embargo, leña -gasolina- al fuego con la irresponsabilidad de quienes alimentan la llamas y olvidan que ellos mismos están -estarían- llamados a ser los bomberos que las contengan o apaguen. Más de cien años después, volvemos al Futuro efémero de don Antonio Machado.

Los políticos están para resolver problemas, no para crearlos, dijo con sensatez la ministra Nadia Calviño. Ahí tiene usted en dirección contraria a Vox, al PP de Casado y doña Cayetana y a buena parte del Gobierno. Incluyo al presidente Sánchez, todo un doctor, que en lugar de explicarse hizo uso de la demagogia y el populismo de mercadillo en la respuesta a la pregunta sobre la oportunidad en el tiempo de la manifestación del 8-M. Ninguna relación guarda la celebración o no de esa manifestación, en las concretas circunstancias sanitarias de aquellos días, con la defensa de los derechos de la mujer y el avance hacia la igualdad. La demagogia y el populismo no deberían alcanzar tal manipulación.

El ¡Viva el 8-M!, en las circunstancias sanitarias de 2020, me permitirá usted que lo equipare intelectual y políticamente a un ¡Viva la Virgen del Pilar!, de alguien al que se le diese por hablar de anticlericalismo o persecución por el cierre de los espacios de culto o las procesiones de Semana Santa a causa de la pandemia. ¡Habría que oírnos!

Ahí tiene usted al ministro Garzón, que en línea de continuidad con el vicepresidente Pablo Iglesias, habla de simpatías golpistas en los cuerpos de seguridad del Estado. Los sitúan en una trama con la oposición que practica Vox y el PP de Casado y doña Cayetana. Una acusación así desde un Gobierno solo se hace pública para anunciar que se ha llevado la información de que se dispone ante la Justicia. Lo contrario es destruir puentes: hacer incomunicables e irreconciliables los bloques que levantan con dedicación.

Ahí tiene usted al líder del primer partido de la oposición, "master" por Georgetown y Harvard, que eleva el tono, no precisamente profesoral, a máximos de confrontación y centra el núcleo de su discurso en calificar como «el más radical» al actual presidente del Gobierno. Radicales por frívolos, temerosos o inactivos hubo algunos al frente de los gobiernos en el pasado español. Lo acusa también de realizar «purgas» en la Guardia Civil, sin mención alguna a pecados de su propia casa con la "policía patriótica". Este lenguaje opositor también suena a pasado, a construcción de simas que luego imposibilitan el encuentro.

Hace muy bien Alberto Núñez Feijóo si no quiere por aquí la presencia de Casado y doña Cayetana. En lugar de alimentar la crispación, un presidente responsable ante sus conciudadanos, como todo buen líder político, ha de ocuparse ahora mismo de la recuperación y reconstrucción de la economía. Lo que hace Europa. La situación no admite paréntesis de campaña electoral. Europa avanza de forma decidida en la tarea de recuperación. Ahí queda esta semana la decisión del Banco Central Europeo que ayuda a España, mientras los dirigentes españoles se ocupan monográficamente de la crispación y la confrontación.

 

Retroceso en libertades

Regreso al redil inicial de la autobiografía de Woody Allen. ¿Quién podría imaginar que en los países herederos culturales y políticos de la Ilustración un autor de trayectoria cinematográfica reconocida tuviese problemas para publicar su autobiografía por imposición social? Si un Tocqueville viajase hoy a América tendría que observar y explicar la amenaza para las libertades y el retroceso de las mismas en aquella democracia y no solo por la acción de un presidente "twittero", que en defensa de la Constitución encuentra la negativa de altos mandos militares. Un ministro español podría interpretarlo como una conspiración golpista con los demócratas.

Muy fuerte debe ser la presión de quienes mueven algunos movimientos de opinión cuando uno de los primeros grupos editoriales del mundo rechazó la publicación en EE UU de A propósito de nada. Habrá, pues, que agradecerle a Alianza Editorial la edición española. Y una señal de confianza frente a imposiciones la aporta la demanda extraordinaria de la obra, incluidas listas de espera en las librerías. Fue márketing o incitación a la compra la excomunión por los cabildos que marcan lo políticamente correcto y que hay que seguir como ovejas. Ya ve usted, la referencia inicial a churras y merinas también tenía este motivo.

De usted, s.s.s.

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