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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

A favor de la mujer

La frase más repetida en el entorno del 8-M no significa nada

CUANDO MASCAS una palabra o una expresión, la repites despacio, troceándola y volviéndola a juntar, resulta rarísima sin excepción. Ese es un descubrimiento infantil, que haces con tus amigas, diciéndoos a gritos y a velocidad ‘caracoliana’ la primera que se os ocurre y asombrándoos de hasta qué punto resulta rara y ya no significa nada. De esta manera, dándoos la paliza con una o con otra, con esa insistencia agotadora del "me toca, me toca" y de la misma manera que la gente se cuenta los sueños sin importar el aburrimiento que produce, se aprende que para asombrarse solo hace falta detenerse. La cosa funciona también al revés, como sabemos, y nos volvemos benevolentes con los errores a fuerza de oírlos aquí y allí, lo que explica la popularidad del ‘dijistes’ y que haya a quien, si la segunda persona de singular del pasado perfecto no acaba en ese, le parezca que le falta algo. Mira, como que no se queda a gusto. La vida se vuelve plató de televisión.

Ilustración para el blog de María Piñeiro. MARUXAQuería yo hablar de cómo vamos a lo loco, diciendo cosas tremendas. Encuentro que, además, las campañas electorales son el momento de esplendor del hablar mal pero con la pátina de decir algo importante, lo cual es casi hablar peor. Y que ya lo han contagiado todo. No es que en este momento el asunto sea preocupante porque vivimos en dos campañas simultáneas, es que se nos han desparramado por todas partes y ahora no solo hablamos como tertulianos, también como políticos. En concreto me preocupa la costumbre de proclamarnos a favor o en contra y, por ir ya al cogollo, de la coletilla espeluznante de declararse uno "a favor de la mujer".

He oído a decenas de políticos hablar de sí mismos y de sus partidos, arreándonos con semejante declaración. "Yo es que estoy a favor de la mujer". Pues mira, gracias. Me quedo más tranquila, Qué radicalidad de idea, qué hermosura declararse a favor de aquello que existe con independencia de ti, que no está supeditado a que tú lo practiques, que no cuenta con tu intervención. Y menos mal.

Estar a favor de la mujer o no significa nada o solo puede significar que no se respalda el exterminio del 51% de la humanidad. La naturaleza tiene la costumbre de existir al margen de ti, la muladina. Qué tía. A favor de los árboles, fuentes, ríos y "regatos pequenos". A favor del sol y de la lluvia. A favor de la infancia. A favor de las células. A favor de la división mitocondrial. A favor de las bacterias. Huy no, en contra. Bueno, a favor de las bacterias buenas. ¿Cómo, que las unas sin las otras no funcionan? Venga, a favor de todas, un día es un día.

Los alrededores del 8-M, no solo los preparativos, sino también la resaca, están llenos de ‘a favores’ de la mujer. Hay que pararlos. A favor de la igualdad se puede decir. A favor de la mujer, no. Pero se dice. Qué desazón más grande tener que escuchar cosas que no significan nada, que nada quieren decir, que recuerdan la vagancia intelectual de los que las pronuncian y de los que las escuchamos sin agarrarlos de las solapas y preguntarles a qué se refieren exactamente. Que expliquen por qué hablan como El Fary.

Esa es una expresión que deviene ya en coletilla y van muchos por la vida declarándose a favor de evidencias, de realidades compactas, de obviedades. Como andamos a mil, toleramos esas declaraciones y hasta creemos entenderlas. Hace poco leí en una entrevista a un médico declarándose —con cierto empaque como si estuviera significándose— a favor de la sanidad. De la pública y la privada, matizaba. Hombre, noticioso eso no es, precisamente. Una entrevista de un médico en contra de la sanidad, eso querría leer yo. Alguien que odiase a la gente sana, las recuperaciones, la ciencia que funciona, el diagnóstico certero, el tratamiento eficaz. Eso sí es para desarrollarlo al detalle.

Las realidades no necesitan de nuestro apoyo, les resulta superfluo y redundante. Sí lo precisan, sin embargo, mil situaciones que debieran ser una realidad y lo son solo a veces. La igualdad real, la sanidad pública, universal y solidaria. Hay que hacer por lograrlas donde no están y conservarlas donde sí, pero también hay que intentar hablar diciendo algo, que es una cosa bellísima esa de la comunicación.

Mientras estamos en ello, contad con mi apoyo. Yo, siempre, a favor de la mujer. Y a favor del hombre. Del niño y la niña, de la persona ‘queer’, de la persona. A favor de la humanidad entera. Contad conmigo. A tope con vosotros.

A favor de la mujer
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