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Leila Guerriero: hay fronteras que son luz

Periodista y escritora argentina. Si se te ocurre decir que ella es una referencia internacional indiscutible del periodismo narrativo te dirá que eso tiende peligrosamente al lugar común. Y exagerado. Ella, su escritura, es algo así como una frontera, como un confín

DESCRIPCIÓN: Como muchas palabras esdrújulas unidas en vertical formando una columna o como una ele del teclado, escrita en minúscula, pero en cuerpo 96, por ejemplo. Tan solo una vertical en medio de la hoja en blanco. El espacio real que ocupa la ele en sí está condenado a  desaparecer porque su presencia tiene el peso traslúcido de lo que se expande sin avisar. Si caminas a su lado, probablemente estés ya caminando por su terreno, aunque, también probablemente, a esa conclusión llegues después, o nunca. Hay, en sus movimientos, una sensación de no tener fin, de no acabarse, como si, de pronto, al desplazar de un punto a otro el brazo o la mano o los dedos largos, finos, la trayectoria descrita se pudiera seguir porque el dibujo que traza invita a seguir. Como un enigma o como una doctrina o como una espesura que, sin embargo, parece diáfana. Si te dispones a resolverla, a abrazarla, a adentrarte en ella, su gentileza serena, de brisa, seguramente te apaciguará. Te conducirá lejos sin tú saberlo. Y eso es algo que averiguarás después, o nunca.

Periodista y escritora argentina. Si se te ocurre decir que ella es una referencia internacional indiscutible del periodismo narrativo te dirá que eso tiende peligrosamente al lugar común. Y exagerado. "Uno nunca puede ser tan soberbio. Es como una mezcla ¿no? Ser seguro pero también humilde". Ella, su escritura, es algo así como una frontera, como un confín. Acaso, tras una leve oscilación de su cuerpo, delicadamente consciente de ese apartarse para dejar pasar, puedas entrar y aprender. "(En los talleres que imparte). Hablo de lugares comunes o frases hechas. La primera consigna que pido siempre viene repleta, cargadísima, de lugares comunes, de cosas como, no sé, la terrible tragedia, las metáforas más obvias del mundo, y eso marca que la gente no se ha puesto a pensar nunca en que eso es un lugar común". Por eso, puede alguien imaginarla, ella se sienta en su silla, disciplinada, a escribir —"sí, soy muy organizada"—, delante de su ordenador, y las cosas que salen en la pantalla son itinerarios nuevos para los que habría que utilizar otros símbolos. "Mirá, lo único que se puede enseñar en un taller es una especie como de hiperconciencia, de por qué se utilizan determinadas palabras o determinas ideas de determinada manera. Como una especie de hiperconciencia del texto, del uso del lenguaje".

La primera frontera que uno tiene que derribar como periodista es la del prejuicio propio

POSICIÓN: Como si de cualquier parte se tratase. Porque siempre va a haber historias que contar.

"Es difícil escoger entre la variedad de cosas, de intereses que van cambiando con los años y que se replican y que se duplican. Me pasa más eso, el exceso de cosas para decir que la sequía".

Mientras, tratas de alcanzar su horizonte, no por un mero afán imitatorio, sino por ese arrebato, por esa pulsión que te arrastra hasta allí, hasta más allá de allí. Entretanto, hay otras fronteras.

"Primero: No todas las fronteras son derribables. Pero, si entendemos la frontera como un límite, la primera frontera que uno tiene que derribar como periodista es la del prejuicio propio, que es imposible no tener. Todos vemos la realidad con la cabeza amueblada con determinada información y por más que uno intente no estar formateado, digamos, no hay manera de evitar eso. Pero sí creo que hay que trabajar en contra de ese prejuicio cuando uno es periodista, tratar de limpiar un poco la mirada con la que uno mira la realidad. Uno está habituado a tener una mirada más progresista, y todo lo que vemos del lado ‘malo’ del mundo: la riqueza, el poder, etcétera, lo dejamos como detrás de esa frontera, de ese prejuicio, y creo ese es un desafío grande, mirar ese mundo con la misma falta de prejuicios con la que uno suele mirar ese otro mundo por el que se siente naturalmente mucho más conmovido, mucho más movilizado, que es el mundo de los marginados, de los desposeídos... Y hacia ese mundo uno también puede tener el prejuicio de querer ser como buenista o demasiado políticamente correcto o pensar esta frase tan estigmatizante de 'todos los pobres son buenos' o 'todos los delincuentes son producto de una conjunción de falta de educación y qué sé yo', meter a todos ahí como en esa bolsa de la mirada o tener como una mirada de piedad o de medio conmiseración sobre ese mundo. Esa es la gran frontera que tiene que atravesar un periodista. Y, después, bueno, si te dedicás a la comunicación la otra frontera es la de la mirada previsible ¿no? Eso es lo que más abunda, casi más que el prejuicio — también es un prejuicio— ir a ver la realidad como ya la mira prácticamente todo el mundo. Replicando miradas al infinito de cosas que ya fueron miradas por miles de personas de la misma manera".

Hay realidades que, evidentemente, tenés que mirar montadas ya sobre miradas previas que han sido muy inteligentes

DISPOSICIÓN: Como una mirada atenta. Tan atenta, que, claro, se distingue.

"La mirada se ejercita, ¿viste?, como los abdominales o los bíceps; tampoco se trata de transformar la mirada distinta en un malabarismo; quiero decir, hay realidades que, evidentemente, tenés que mirar montadas ya sobre miradas previas que han sido muy inteligentes. Pero no hay que mirar al sesgo, voy a ser original. Yo estoy todo el tiempo mirando, hasta cuando no estoy, qué sé yo, en situación de trabajo, podría decir,  mi manera de mirar y de cualquier periodista que tenga cierto interés por la realidad es hacer nexos, links, conexiones entre las cosas. Veo una situación en la calle y se me disparan posibles conexiones con otras cosas que he visto en otros lugares, con realidades. Eso hago mucho en las columnas de El País, por ejemplo. Cómo conectar cosas que aparentemente parecen  desconectadas;  ese es un ejercicio que te ayuda a mantener la mirada despierta. Otra manera de ejercitar la mirada es leer mucho, no sólo, obviamente, literatura, sino leer a colegas que miran de una manera que a mí me resulta interesante. Y la otra es estar todo el tiempo en actividad, en actividad periodística, trabajando siempre, haciendo entrevistas, haciendo reportajes, haciendo crónicas, no sólo viviendo en un mundo así como separado, el periodista es alguien que tiene que salir a la calle, que tiene que estar viviendo en el mundo".

BRILLO: Como si lo supiera sin saberlo, ni decirlo y, mucho menos, presumirlo. Publica en El País, en La Nación, en Gatopardo, El Malpensante, Soho, El Mercurio, Granta y más. Periódicos y revistas que difunden sus textos. La figura que sale de cada crónica, de cada perfil, de cada columna, de cada libro, está hecha de fragmentos extraídos de la realidad, de la historia, de la cultura. A veces el texto se mueve violento, otras sigiloso, otras sutil. A veces se mantiene en reposo, esperándote para preguntarte ¿Y tú? ¿Qué?  "Es muy difícil que vós puedas ser una herramienta rica en recursos si no introducís recursos de ningún tipo. No te alcanza para traspasar esa frontera, para ir más allá de esa frontera".

También edita  "Un poco como un Zelig ¿Viste? Meterte un poco en la lógica narrativa del otro y entender desde ese lugar por qué alguien encontró esa solución y no otra.  Lo que trato es como de dejar afuera y de decir, bueno, yo no voy a imponer acá las soluciones que yo le daría a mis textos". Y piensa y habla mucho sobre el periodismo en infinitas conferencias. "Me significó pasar a otro lado, a comprender  y a obligarme a pensar. Como una responsabilidad de pensar el oficio y la escritura de otra manera". Editar y reflexionar sobre la profesión. "Esos fueron, internamente, para mí, momentos de mucho vértigo y como de pasar al otro lado del espejo".

Observar con desámino el zapato desacordonado de alguien que sube una tarde de miércoles un subte por la escalera mecánica

 

POESÍA: Como si, de repente, dijera esto, que dijo: "Observar con desámino el zapato desacordonado de alguien que sube una tarde de miércoles un subte por la escalera mecánica y pensar que la vida es un horror y escribir sobre eso".

Existen, ahora, muchos hilos que tiran de ella. Que reclaman su presencia. Y su palabra. Estiran, agarran, redirigen la ele del teclado, desafían la verticalidad, para transportarla a terreno propio. Si iluminar es excesivo — "uno nunca puede ser tan soberbio"— probaremos otra cosa: si la tienes a tu costado, o enfrente, o al otro lado del espejo, lo que ocurre contigo es que recibes un trasvase de energía, una especie de convulsión eléctrica directa a ti. Eso es que has pasado una frontera. Y cómo entonces, sino así, se hace la luz.

Leila Guerriero: hay fronteras que son luz
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