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martes. 16.08.2022
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El riff triste de Jeff Tweedy

Hace veinte años que Wilco, la icónica banda de rock alternativo, lanzó su famoso álbum Yankee Hotel Foxtrot, un disco especial con una historia única. Las letras de las canciones son los patrones sonoros de la historia de su líder, Jeff Tweedy.

EN 1871, EN CHICAGO, hubo un gran incendio. Muchas cosas desaparecieron. La mitad de un mundo, puede que un mundo entero. Las personas que sobrevivieron perdieron sus casas, sus negocios, sus aspiraciones, sus contextos. Somos difícilmente explicables sin nuestros contextos. Pero la ciudad se reconstruyó rápido y aquello quedó en la memoria que contienen museos, libros, fotografías de familia, cada surco de tiempo que habla de historias de cuya importancia nos damos cuenta siempre después. Apenas un siglo más tarde nacía un bebé, a quien pusieron de nombre Jeff Tweedy, en una ciudad llamada Belleville, al sur de Illinois. La tristeza de ese lugar estéril se la llevó el chico Tweedy a Chicago metida en una guitarra. También viajó con otros vacíos y otros dolores, que serían parte integrante de un músico y compositor reconocido hoy día como uno de los grandes. 

Primero tocó en Uncle Tupelo, una banda de country alternativo o ese género musical llamado Americana, que suena como sonaría la tierra estadounidense si todos se pusieran a saltar al mismo tiempo. Lo que sale de ahí es recogido en acordes y riffs contemporáneos que, si se hacen bien y se tiene suerte, pasarán también a ser las partículas melódicas de las que están hechas los países. En ese grupo todo fue saliendo como se esperaba, sin grandes sorpresas ni decepciones. Grabaron varios álbumes y tuvieron un éxito relativo. Tweedy componía parte de las canciones y Jay Farrar, el otro cantante, la otra parte. Ambos habían sido compañeros de escuela y habían atravesado similares adolescencias propias de chicos extraños a los que les entusiasmaba esa «música del demonio», que era como denominaban al rock duro los adultos de aquellos tiempos. Si tenías esa clase de hijos y vivías en una ciudad como Belleville, las miradas no solían responder a la simpatía esperada entre miembros de una misma comunidad.

En Uncle Tupelo todo fue bien hasta que algo se rompió. En sus memorias (Editorial Sexto Piso), Jeff Tweedy no acaba de explicarse qué pudo ocurrir. Se hace algunas preguntas: «¿A quién le importaba si era ‘mi’ canción o ‘su’ canción? ¿No eran todas las canciones de Uncle Tupelo? ¿Cuándo dejamos de ser una banda y empezamos a competir?». Parece que Jay Farrar lo revelaría en una entrevista años después y también parece que no tuvo demasiado que ver con las posibles respuestas a esas cuestiones. Fuera lo que fuera, de esa grieta salió Wilco, una banda no del todo nueva en sus comienzos, pero que, poco a poco, iría encontrando su sitio y, si se puede decir, su voz. La voz era Tweedy y el impulso era otro Jay, Jay Bennet, un guitarrista de talento con quien rápidamente formó un gran equipo. Hasta que todo se volvió a romper.  Y es aquí donde arranca la historia de Yankee Hotel Foxtrot, calificado como uno de los mejores álbumes de la década de los 2000 y como lo mejor de Wilco. Muchos dicen que es una obra maestra.

En 1997 se lanzó un álbum formado por cuatro discos compactos con extractos de las grabaciones que captaban las emisoras

Todo empieza con las estaciones de números. Eran emisoras de radio en onda corta que transmitían códigos alfanuméricos al parecer utilizados por los servicios de inteligencia americanos en misiones de espionaje. En 1997 se lanzó un álbum formado por cuatro discos compactos con extractos de las grabaciones que captaban las emisoras. Un álbum titulado The Conet Project. Jeff Tweedy pasaba, en algún momento de esa época, por delante de una tienda de discos y pensó: «Eh, un CD con nada más que transmisiones de espías de la Guerra Fría enviadas por radios de onda corta de la vieja escuela. Pinta bien». Y entonces se quedó atrapado. «Quería saber por qué era tan hipnótico para mí. ¿Por qué podía escuchar horas de estas cosas, aunque no tuviera ni ide de lo que cualquiera de ellos estuviera diciendo? Esa pregunta se convirtió en la base de Yankee Hotel Foxtrot. Cómo se comunican las personas o al final fracasan en comunicarse en The Conet Project, no se diferencia mucho de mis propios esfuerzos para comunicarme». Eso que inquieta, eso que, de algún modo, toca otra cosa y la hace temblar. Eso que no tiene ningún nombre o no tiene solo un nombre. Todo eso forma parte de las letras que Tweedy se puso a escribir después de escuchar aquello. Pero hubo algo más.

Sam Jones había hecho una fotografía de dos torres iguales conocidas popularmente como las Torres de Mazorca por su forma que recuerda a mazorcas de maíz apiladas y en un equilibrio raro, amenazante, tal vez. La imagen se haría icónica y tras el lanzamiento del álbum ya serían para siempre las Torres Wilco. Un símbolo del Chicago más auténtico. Jones grabó también el documental I am trying to break your heart’(Estoy intentando romperte el corazón), título de la canción que abre el disco, que refleja el proceso de creación y en el que aparece la tensión palpable entre Tweedy y Bennet. Aunque no toda y no tanta. El propio Tweedy escribió que la película «es una instantánea interesante de nuestro proceso, pero en realidad no es tan completa ni precisa». Jim O’Rourke, músico y productor, entró en escena y arregló entuertos musicales hasta que dieron por finalizado el disco.

David Kahe era en aquel momento, el recién nombrado presidente de Reprise, una subsidiaria de Warner Music, y a él le entregaron el álbum Yankee Hotel Foxtrot. Había fecha de lanzamiento: 11 de septiembre de 2001. Pero entonces sucedió una cosa inesperada. A Kahe no le gustó en absoluto, no vio nada comercial en esa música y cualquier industria que se precie, lo que quiere es vender. En este caso, discos. Entonces hubo una disputa, cuestión de principios. No se llegó a un acuerdo y Wilco se fue, así, sin más. El disco no salió en esa fecha en la que dos aviones se estrellaban contra otras torres y el país enmudecía. También en ese instante quedaron cenizas que más de uno trataría de asociar con señales oscuras, premonitorias, visionarias. De una banda cuyo mejor álbum parece una especie de aviso o una especie de pérdida.

Se puede decir que Tweedy está de forma genuina en las letras de 'Yankee Hotel Foxtrot'

Mientras buscaban otro sello decidieron poner el álbum online y empezar una gira. La idea fue un éxito de público que no mermó su posterior lanzamiento comercial. Encontraron a Nonesuch Records, que era asimismo filial de Warner, y el disco salió finalmente en 2002.

Se puede decir que Tweedy está de forma genuina en las letras de Yankee Hotel Foxtrot. Desde 1997, adicto al Vicodin debido a las fuertes migrañas que sufría desde niño, varias veces ingresado en clínicas de rehabilitación, depresión profunda, intentos frustrados de salir de una espiral venenosa. Se puede decir que superar eso le causó dolor. Quizá ese sufrimiento esté pegado a sus canciones. Por el camino cayeron otros. Jay Bennet, años después de salir de Wilco murió por sobredosis. 

Tras ese emblemático cuarto álbum, muchas cosas desaparecieron. Wilco siguió sacando nuevos discos, aunque con otros músicos, y Tweedy continuó y continúa escribiendo canciones: «Intento hacer algo nuevo a lo largo del día, algo que no estuviera ahí cuando me despertara. No tiene que ser largo, ni perfecto, ni bueno. Solo tiene que ser algo». Ese algo, muchas veces, es el contexto. Y después viene la música: «Jesús, no llores, puedes contar conmigo, cariño, puedes combinar las cosas como quieras. Yo estaré cerca tú tenías razón respecto a las estrellas cada una de ellas es un sol poniente. Los altos edificios tiemblan se escapan voces que cantan tristes tristes canciones entonadas con acordes que cuelgan de tus mejillas melodías amargas girando en tu órbita. No llores puedes contar conmigo, cariño, puedes dejarte caer por aquí siempre que quieras… Las voces gimen rascan juntos los rascacielos tu voz está fumando unos últimos cigarrillos son todo lo que puedes conseguir girando en tu órbita…Nuestro amor nuestro amor nuestro amor es todo lo que tenemos nuestro amor nuestro amor es todo el dinero que tiene Dios. Todos somos un sol brillante…».

El riff triste de Jeff Tweedy
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