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Filosofía besteirista

Gonzalo Caballero cumplirá un año al frente del PSdeG con la misma receta que el exlíder lucense: la de no meterse en líos

Gonzalo Caballero Míguez. PEPE FERRÍN (AGN)
Gonzalo Caballero Míguez. PEPE FERRÍN (AGN)

MAÑANA SE CUMPLE un año del triunfo de Gonzalo Caballero en las primarias del PSdeG, doce meses en los que es justo reconocer que han cambiado muchas cosas, pero también innegable admitir que sobreviven vicios del pasado. En resumen, fue un año de luces y sombras en el socialismo gallego, con un líder que ha conseguido rebajar la tensión, coser alguna herida y ‘normalizar’ un partido que heredó hecho trizas; pero al que le ha faltado un poco de impulso en momentos determinados. Así es el actual Gonzalo Caballero, que en su nuevo rol poco o nada tiene que ver con aquel militante vigués beligerante y hambriento de protagonismo.

→ La estrategia del ‘dejar hacer’
La primera razón hay que buscarla en la filosofía que aplica al PSdeG, que se podría calificar como poco intervencionista o incluso ‘besteirista’, ya que el liderazgo de Besteiro se caracterizó en buena medida por ese ‘dejar hacer’. Caballero responde a ese perfil. Nada más ser proclamado secretario general del PSdeG afrontó la renovación de las direcciones provinciales como mero observador. Trató de colocar a algunos aspirantes afines, pero fracasaron porque ni siquiera se implicó mucho con ellos. El resultado fue que tres de las cuatro provincias están en manos de sus teóricos críticos y que el partido sigue en visos de comarcalizarse, como es su deseo. Ahora, a las puertas de la elección de los candidatos para las municipales, se encuentra ante idéntico dilema: ¿debe intervenir para colocar a gente de su órbita? ¿Debe pedirle a Ferraz la supresión de las primarias para dar billete directo a gente como Laxe, Bugallo o incluso Seara? ¿O simplemente trasladará toda la responsabilidad de la elección a la militancia?

Lo normal en Gonzalo Caballero es adoptar esta última vía, aunque el vigués es consciente de que en mayo el primero que se la juega es él, porque del mapa que salga de las locales dependerá en buena medida la maquinaria electoral de la que disponga él para conquistar la Xunta en 2020.

→ La prudencia por bandera
La segunda característica que mejor define a Caballero al frente del PSdeG es la prudencia. Una vez elegido líder, tardó en ocupar su agenda y salir de su cuartel general de O Pino; de hecho, hasta que se reunió con Feijóo, ya en enero, no gozó de una proyección pública notoria. Él se dedicó a pisar agrupaciones y pulsar el estado del partido, una labor de gestión interna que, combinada con su nula propensión a meterse en líos, tuvo un efecto muy beneficioso para el PSdeG: le aportó una paz interna básica para reconstruirse tras años de autodestrucción.

Lo que ocurre es que ese exceso de prudencia, fundamentado en su deseo de no meter la pata ni exponerse para llegar intacto a la candidatura a la Xunta en 2020, también le puede acarrear algún que otro problema a Caballero. Porque quien aspira a ser líder de la oposición y, a la larga, de la propia Xunta, debe en ocasiones ‘petar na mesa’ y hacerse notar. En la oposición no solo sirve andar con la calculadora en la mano, sino que de los políticos que quieren marcar una época hay que esperar algo más que el hecho de que no metan la pata. Es comprensible que Caballero no quiera un escaño en el Parlamento, donde la mayoría absoluta del PPdeG actúa como un rodillo y lo dejaría expuesto ante un Feijóo más experimentado. Pero quizás después de las municipales, con solo un debate del estado de la autonomía por medio, el vigués tendría que pensar seriamente en buscar en la tribuna del Parlamento ese protagonismo que por ahora rechaza. Porque es cierto que la prudencia te puede llevar a la presidencia de la Xunta, pero no te convierte en líder. 

→ Un liderazgo coral
Al contrario de lo que le ocurre con Feijóo, a cuya sombra no despunta nadie, Gonzalo Caballero parece abonar la competencia interna. Leiceaga sigue siendo el puntal que da las ruedas de prensa de actualidad y, tras la moción de censura de mayo, también irrumpió con fuerza Javier Losada, convertido hoy por hoy en la principal oposición a Feijóo. Así que en el PSdeG convive una especie de liderazgo coral en el que lo más sorprendente es que no asoma ninguno de los hombres de máxima confianza de los que se rodeó Caballero, como Arangüena, Villarino o Quiroga, cuyo perfil, al menos de cara al público, es bajísimo. 

Las 48 horas en las que Feijóo varió su discurso sobre el franquismo
No esperaba el presidente de la Xunta un lío político como el que se montó con la llegada por primera vez a Galicia del cuadro ‘A derradeira leición do mestre’. El miércoles, durante su desembalaje en el Gaiás, Feijóo definió la obra de Castelao como la "defensa da educación fronte ao fanatismo", una afirmación que para En Marea y el BNG banaliza la historia del propio cuadro, que simboliza las ejecuciones del franquismo. El revuelo fue tal que solo 48 horas después, en la inauguración de la exposición, Feijóo sí citó las palabras "franquismo" y "fascismo", una especie de rectificación o enmienda a su discurso anterior que sorprendió, porque es poco habitual en el presidente.

Los silencios del ministros de Fomento
La visita  a Galicia del ministro de Fomento, José Luis Ábalos, tuvo más valor por lo que calló que por lo que dijo, que en realidad fue poco. En el fondo, el valenciano se enfundó su traje más político, el de secretario de organización del PSOE, y ni confirmó ni desmintió nada. ¿Habrá traspaso de la AP-9? Ni se descarta ni se ratifica. ¿Y será gratis el peaje de Redondela a Vigo? Están en ello. ¿Los plazos del Ave? Sí, pero no. ¿Y los retrasos? Pues depende. Sin embargo, ni una palabra de la salida sur de Vigo, la obra ferroviaria más urgente —y compleja— del mapa gallego para evitar que el puerto de Vigo acabe ahogado por la competencia ante su imposibilidad de mover mercancía en tren. Y tampoco sobre el cambio de ancho de vía entre Ourense y Santiago para que el Ave auténtico llegue a la capital gallega en el Xacobeo 2021, en lugar de tener que recurrir a los trenes de ancho variable del modelo Avril, cuya seguridad y velocidad es aún una incógnita. Que Ábalos no hablase de estos temas dice mucho: no están sobre la mesa. 

Gómez Reino continúa como favorito
Aunque esperaba una especie de paseo militar por Galicia contra algún sparring de segunda fila, la irrupución de Carolina Bescansa en la carrera por hacerse con el liderazgo de Podemos cogió a contrapié a Tone Gómez Reino. Su entorno admite que ahora la situación cambia y las fuerzas se equilibran, si bien entre las bases de la formación morada cala la sensación de que el diputado coruñés continúa con el papel de favorito. Y la razón no hay que buscarla tanto en sus méritos como en un par de decisiones cuestionablesde su rival que pueden acabar pasándole factura. Una de ellas es que, en plena campaña de deslegitimización contra Bescansa por vivir y hacer carrera política en Madrid, esta ficha a Raimundo Viejo, cuya vinculación con Galicia se limita a que su DNI pone que nació en Vigo, ya que es diputado por Cataluña. La segunda es la inclusión de Carmen Santos en su lista, porque aunque su sintonía es un secreto a voces, la presencia de la actual líder puede unir a todos sus críticos alrededor dela figura de Tone.

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