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Aunque falta todavía un año, la influencia de las elecciones generales en las autonómicas gallegas de 2020 será relevante
La repetición electoral deja una víctima especialmente simbólica en la política gallega: José Manuel Sande. EP
La repetición electoral deja una víctima especialmente simbólica en la política gallega: José Manuel Sande. EP

NADIE TIENE ganas de otras elecciones. Puede que sí de sus resultados, pero a la mayoría de políticos le da pereza afrontar otra campaña, por mucho que reduzcan su formato. Justo lo que le faltaba a un electorado ya poco motivado. Sin embargo, hay mucho en juego. En Madrid y 600 kilómetros al noroeste. Aunque falta un año para las autonómicas, lo que salga de las urnas el próximo 10-N puede marcar el desenlace en Galicia. Todo lo contrario que el debate del estado de la autonomía, del que posiblemente nadie se acuerde ya en Navidades. Curiosamente, lo que a nivel estatal es una segunda vuelta del 28-A, en Galicia es la primera de 2020.

→ El termómetro del momento
El 28 de abril, el PSdeG le ganó unas elecciones al PPdeG en Galicia por primera vez en 40 años. Fue un hito histórico rentabilizado por Gonzalo Caballero aprovechando el efecto Sánchez que, sin embargo, no pudo repetir un mes después, en las municipales. Entonces ganó la derecha, aunque por la mínima. ¿Fue por la dinámica diferente de los comicios locales o en realidad Feijóo y los suyos se pusieron las pilas?

Pues esa será precisamente la primera incógnita que despeje el 10-N. Pasada la efervescencia del efecto Sánchez y superado en parte el miedo a la ultraderecha de Vox, es vital saber si el socialismo será capaz de mantenerse en los números de abril. Si lo hace y vuelve a ganar, el palo psicológico al PPdeG será brutal. Casi definitivo. Pero si Feijóo recupera terreno, al PSdeG se le hará larga la travesía hasta 2020, porque pocos partidos huelen la sangre como el PP.

→ El futuro político de Feijóo
El resultado del 10-N también puede ser determinante para Alberto Núñez Feijóo, que debe tomar una decisión sobre su futuro político en el primer trimestre del año que viene. Aunque a estas alturas, sin una sucesión organizada, nadie contempla que se apee del barco y todos dan por hecho que intentará su cuarto asalto a la Xunta, un batacazo en noviembre puede llevarlo a replantearse el escenario.

Y no solo por marcharse a su casa. No hay que olvidar que si Pablo Casado se vuelve a estrellar, regresará el runrún sobre la necesidad de un volantazo en Génova y Feijóo volverá a entrar en todas en las quinielas. A lo mejor con menor intensidad que en el pasado, pero estará.

→ La oportunidad del nacionalismo
A quien mejor le vienen las elecciones es al BNG. Es como una segunda vuelta tras no conseguir entrar en el Congreso ni en el Senado en abril. Esta brevísima legislatura que no llegó ni a arrancar fue la primera en mucho tiempo sin nacionalismo gallego en las Cortes. Ahora, los de Ana Pontón viven un momento dulce y tienen la maquinaria engrasada, pero el 10-N puede convertirse en un arma de doble filo muy peligrosa. Hay optimismo porque el voto nacionalista crece, en Galicia y en el conjunto de España. Pero volver a quedarse fuera, aunque sea por una sola papeleta, confirmará la teoría de que este Bloque tiene un techo electoral y ya estaría muy cerca de él.

De arranque, el contexto político le favorece, ya que en estos meses se evidenció la ausencia de una voz gallega en Madrid y se agudizó el ataque del centralismo a la periferia, todo ello además con el sainete de los partidos "con dirección estatal" de fondo. Lo que puede ser determinante para los intereses electorales del BNG es lo que hagan Compromiso por Galicia y Anova, hoy por hoy su única competencia nacionalista.

→ Reinventar la nueva política
En el resto del tablero político hay de todo. Luís Villares confirmó ayer que lo que queda de En Marea concurrirá a las generales pese a la pifia de abril y apeló a conformar una alianza progresista gallega. La irrupción del partido de Errejón podría abrirle una vía de oxígeno si se convierte en su sucursal gallega.

En ese caso, el perjudicado sería Galicia en Común, o como se rebautice la alianza gallega de Podemos y EU. Los escaños de Díaz y Tone quizás corriesen peligro. O al menos más que en el mes de abril.

Y para Ciudadanos tampoco pinta bien. En Galicia, territorio hostil para los naranjas, la campaña se basa en Rivera. Si él está en horas bajas, su filial gallega también.

José Manuel Sande, el breve: el senador más efímero del rupturismo

LA REPETICIÓN electoral deja una víctima especialmente simbólica en la política gallega: José Manuel Sande. El exconcejal coruñés de la Marea Atlántica fue elegido senador por designación autonómica en un tenso pulso interno que acabó siendo el detonante que rompió En Marea en dos grupos en el Parlamento. Tras el 10-N tocará repetir esa designación de senadores, pero irónicamente Sande no volverá, porque al romper En Marea ese tercer senador gallego —los otros dos son del PP— le corresponde al grupo líder de la oposición, que ahora es el PSdeG. José Manuel Sande, el breve, estrenó cargo el día 9 y se irá el martes 24 al disolverse las Cortes. Él es la metáfora del rupturismo.

A Pastoriza abre la campaña
LA PROTESTA de vecinos de A Pastoriza por la deficiente cobertura sanitaria de este municipio chairego esta semana es un reflejo de otras similares vividas a lo largo y ancho de la geografía gallega, casi todas con el mismo denominador común: un municipio pequeño con problemas para conseguir pediatra o para cubrir las bajas de sus médicos de cabecera. El suyo no es el primer caso pero, sobre todo, no será el último. La oposición a nivel autonómico piensa utilizar la sanidad como punta de lanza para erosionar la gestión de la Xunta de aquí a 2020, hasta el punto de que el PSdeG habría dado instrucciones de explotar al máximo cada vía de agua que se le abra al Sergas en la red municipal de Atención Primaria. La labor de la oposición es la misma que la de los vecinos, denunciar cualquier deficiencia del sistema y exigir acierto con nuestros impuestos, aunque los fines son a menudo diferentes: unos buscan soluciones y otros, votos. Y al final, la confusión de intereses es mala para todos.

 

Las brigadas técnicas, no municipales
ESTA SEMANA llegó al Parlamento el informe elaborado por el comité de técnicos y expertos en incendios forestales creado a raíz de la trágica oleada de fuegos de octubre de 2017. Las conclusiones de Manuel Francisco Gutiérrez, Guillermo Acebal, José Luis Barca, Francisco Rodríguez Silva, Javier Bruna, Xosé Benito Reza y Alberte Blanco constituyen un documento tan interesante como amplio. Hay recetas de todo tipo y para todos los gustos. Y entre todas ellas conviene sacar a la luz una que en muchas ocasiones pasará desapercibida: la necesidad de que las brigadas de lucha contra el fuego de los concellos sean técnicas, no municipales. Lo que quieren decir estos expertos es que, a la hora de diseñarlas y contratarlas, no deben primar los habituales criterios clientelares que durante décadas, verano tras verano, aplicaron las administraciones locales. Es cierto que estos brigadistas no van a salvar Galicia del fuego, pero va siendo hora de tomarse en serio esta batalla y buscar perfiles capacitados, no amigos del concejal de turno.

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