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Dos categorías

Fotograma de la película 'El bueno, el feo y el malo0'. ADP
Fotograma de la película 'El bueno, el feo y el malo0'. ADP

SE LO DICE Clin Eastwood a Eli Wallach en El bueno, el feo y el malo, una de las películas que consagraron a Eastwood como el mejor actor de acción hasta que llegó Jackie Chan. "El mundo se divide en dos categorías: los que tienen una pistola cargada y los que cavan. Tú cavas". Habían ido a un cementerio que estaba en medio de la nada a buscar un tesoro. Unos segundos antes aquello se dividía en tres, pues aún no habían matado a Lee Van Cleef. Fue la desaparición de este último la que provocó el desenlace, que no voy a contar por si quiere usted verla, que es lo que le recomiendo. Pues al final, como le decía, Clint Eastwood ahorca a Eli Wallach pero le salva en el último minuto disparando a la soga desde muy lejos. Lo deja ahí tirado, con su mitad del tesoro en medio del desierto, sin agua y sin caballo. Eastwood se aleja lentamente mientras su víctima le grita que es un hijo de mil padres.

El mundo era mucho más grande que aquel cementerio, pero en aquel preciso instante el mundo para ellos estaba ahí, frente a esa tumba. Dos personajes con objetivos incompatibles. Cuando el mundo, o parte de él se divide en dos ocurre lo que a mis perros cuando les lanzo un hueso. En ese momento todo se divide en dos categorías: la del que coge el hueso y la del que pretende quitárselo.

Si eso sucede, hay los que cavan y los que tienen pistola, que son las dos categorías posibles. Siempre es mejor que haya, o bien una sola, o bien varias. Es más conveniente tener opciones y no verse abocado a sólo dos, más que otra cosa porque tiene usted muchas más probabilidades de acabar en el grupo de los que cavan.

No hay espacio para la indiferencia ni para la equidistancia

Fíjese usted lo que ocurre cuando el mundo se divide en dos: se monta la Guerra Fría entre la URSS y los Estados Unidos y durante décadas no sabíamos quién la iba a ganar. Cuando todos creíamos que la habíamos ganado, pues éramos fieles aliados de los americanos, apareció China, como estamos comprobando, que ni siquiera tenía vela en aquel entierro. Cuando nos dimos cuenta, el mundo se había dividido nuevamente en dos categorías y nadie sabe si pertenece a la ganadora. Los últimos 30 años fueron como esas series en las que la primera temporada no cuentan nada de nada pero que a la segunda se ponen interesantísimas.

Ahora cualquiera se sube a las barbas de Occidente, que ha perdido el respeto de todos. Y por aquí, Catalunya se divide en dos, Podemos se divide en dos, En Marea se divide en dos, y España se divide en dos. Todo se reduce a eso: independentistas o españolistas, rojos o fachas, taurófilos o antitaurinos, omnívoros o veganos. Uno ya no puede ser vegetariano. No hay espacio para la indiferencia ni para la equidistancia. Parece que no hay más de dos categorías para cada cosa. Excluyo a propósito las categorías machista-feminista porque ahí sí que no puede haber otra. O es usted una cosa o la otra.

Sabemos algo de eso. España sufrió un golpe de Estado y la posterior guerra que abocó a nuestros padres y abuelos a posicionarse en una de las dos categorías. Lo mismo después, 40 años de dictadura en los que sólo los valientes se atrevieron a pertenecer al bando perdedor. Y allá vamos, otra vez, al lío. No digo que esto vaya a acabar igual, pero no es bueno ver a tanta gente crispada, ni es sano estar todo el día enfadados.

En varios grupos de chat en los que estoy advierto nerviosismo últimamente, y cada día más. No hay tregua. El diálogo ha cedido paso a la discusión, el razonamiento cabal al argumento hiriente y el sentido común a la paranoia. Lo sé porque yo soy el primero en hacerlo.

No estaría de más que aumentaran las categorías. dos son pocas. Esto no es como elegir entre Cola-Cao y Nesquik, que no nos jugamos el sabor de una taza de leche con cacao. Mucho mejor el Cola-Cao, además. Parece que no hay más ofertas, ni siquiera las de una pobre marca blanca. Uno se ve obligado además a elegir un pack completo. Todo o nada. la bolsa o la vida, más bien. Uno no puede ser independentista y bailar sevillanas, pues inmediatamente unos y otros lo catalogan como a un traidor y lo condenan al ostracismo cuando no lo muelen a palos. Son categorías cerradas que abocan a uno a pensar y a comportarse como un gregario. Hay pocas oportunidades de que cada quién decida libremente poder ser lo que le dé la gana.

Cuando sólo hay dos categorías, una acaba siendo la mala para la mitad y la otra para la otra mitad. De ahí que se dialogue muy poco y se grite tanto; de ahí que sólo podamos ser amigos o rivales. Solamente existe ahora mismo una posibilidad de nos pongamos de acuerdo y trabajemos juntos: una invasión extraterrestre. Ojalá.
 

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