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El fiestón de Isabel

Ayuso, en el acto de clausura del hospital de Ifema. EFE
Ayuso, en el acto de clausura del hospital de Ifema. EFE

10:30
Quién nos iba a decir hace tres meses, pienso mientras desayuno mis pastillas de colores, que celebraríamos un 1º de mayo encerrados en casa. Habitualmente, los trabajadores, o gran parte de ellos dedicaban este día a marchas y manifestaciones reclamando derechos que rara vez iban llegando o que más bien se recortaban, hasta reducirnos a un pueblo de esclavos asalariados. El resto de la gente lo tomaba como un festivo más. Hoy lo pasaremos encerrados esperando una larga temporada en la que lo que ya no habrá serán trabajadores.

Ya ni tenemos que luchar por nuestros derechos laborales mientras estemos enfrascados en una lucha por la vida. Qué triste todo, pero no se me abrume. La nueva normalidad, en eso debemos confiar, traerá cosas buenas, aunque yo no sé cuáles y usted tampoco, pero con el tiempo lo veremos, o no.

Vienen unos meses en los a buen seguro que la clase trabajadora tendrá mucho que pelear para no quedar atrás ni desprotegida. Por desgracia hemos construido una sociedad basada en la economía de unos pocos. Ojalá la nueva normalidad, o como quiera se llame en el futuro, póngale usted el nombre que le venga en gana, ayude a cambiar esto de una vez, aunque lo que se ve son signos de lo contrario, de que quienes tienen el dinero y el poder de verdad, quieren volver cuanto antes a un escenario parecido al anterior, en el que todos salgamos perdiendo menos ellos.

12:00
Leo que algunas teles obligan a sus presentadores y presentadores a vestir de negro en señal de duelo por los fallecidos. La gente cada día llega más lejos, aunque parezca imposible. En primer lugar el luto no es algo que se pueda imponer a nadie. Es algo personal, íntimo, no un uniforme de empresa. Tampoco parece muy normal que coincida con la decisión de la Xunta de declarar todo el mes de mayo un duelo en todo el país. Ahora que la gente empieza a salir a la calle y a recuperar poco a poco su vida, ver todas las banderas a media asta y a los de la tele enlutados puede no ser la mejor idea para animar a la gente. Todos sabemos que está muriendo gente, mucha gente cada día por más que las cifras vayan bajando. No necesitamos que nos lo recuerden cada vez que pasamos por un edificio publico o encendemos el televisor. Además de eso, el duelo últimamente es algo que se lleva por dentro y que no necesita exteriorizarse como en los años 50. Se me ocurren multitud de mejores ideas para las televisiones públicas que poner a los trabajadores de luto.

17:00
Hablando de multitudes, la que montó la presidenta madrileña en la clausura del Hospital de Ifema. Aún no hemos empezado la fase uno e Isabel Díaz Ayuso se montó una fase tres como una catedral de grande. Saltándose todas y cada una de las normas de seguridad, reunió a más de mil personas y montó un fiestón con bocatas de calamares, pizzas (cómo no), selfies con las caras muy juntitas y vamos, el sueño de cualquier virus. Y ya que tanto le gusta al PP el luto, podía haber solemnizado el acto. En ese hospital de campaña murió gente. No es necesario ir a una iglesia a rezar y a que le hagan una foto llorando, y tampoco montar una fiesta para los amigotes en un lugar en el que mucha gente agonizó y vivió sus últimashoras conectada a un respirador. El respeto a la vida y a la muerte es otra cosa muy diferente a lo que hace esta señora, que por cierto fue recibida por los trabajadores sanitarios defendiendo a gritos la sanidad pública. Muchos de esos trabajadores y trabajadoras, por cierto, de usar y tirar, que se dejaron la piel doblando turnos y salvando vidas por salarios miserables y estos días están siendo despedidos mientras su presidenta se come un bocata de calamares en sus narices. Un respeto, por favor.

20:15
​Hablando de pizzas, calamares y menús asesinos, Pontevedra no es Madrid, que decíamos ayer que los alimentan a base de basura. Aquí, de lunes a viernes, 112 niños y niñas con becas de comedor reciben en sus casas un menú sano y equilibrado. Lo preparan en un restaurante, con todas las garantías sanitarias y nutricionales y los reparten casa a casa voluntarios de Protección Civil. Me lo cuenta Paloma Castro, nuestra concelleira del ramo. Eso, respetar a nuestros niños, es algo que en Pontevedra sabemos hacerlo bien. Les damos su espacio, los protegemos, los hemos dotado de una libertad de movimientos inimaginable en casi ninguna otra ciudad y cuando toca alimentarlos lo hacemos guardando su dignidad y su salud. El Concello lleva repartidos más de 2.500 menús en lo que llevamos de cuarentena y eso merece ser contado porque es bueno que lo sepamos y es bueno que seamos conscientes de que somos una ciudad ejemplar en muchas cosas y también en ésta. Esos niños y esas niñas merecen lo mejor. Son los que nos salvarán la vida cuando les toque y los necesitamos fuertes y sanos. Y a eso, querido amigo, se le llama servicio público bien gestionado.

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