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No acepto lecciones

La cosa fracasó porque Willy logró desatarse y le pegó un cabezazo 

El exdirector general de la Policía, Ignacio Cosidó, saluda al exministro de Interior Jorge Fernández Díaz. AEP
El exdirector general de la Policía, Ignacio Cosidó, saluda al exministro de Interior Jorge Fernández Díaz. AEP

CADA vez que alguien responde a alguien con eso de que "no acepto lecciones de usted" suele suceder que uno y otro han hecho algo mal y merecen una lección. Resulta que hoy todos estamos en disposición de dar y rechazar lecciones. Todos podemos impartirlas y recibirlas porque todos y todas tenemos algo que ocultar y algo que denunciar. Es el ciclo de la vida, como decían en El rey león, aunque me temo que en esa película hablaban de otra cosa. Para entendernos, es algo parecido al recurrente "no sabe usted con quién está hablando", que suele acabar mal. En mi caso, lo utilicé en una ocasión, siendo yo mozo y recibí a cambio una paliza merecida, proporcionada y vergonzante. Aquello acabó conmigo en el suelo, llorando en posición fetal mientras mi contrincante, que era bajito y delgaducho, me pateaba las costillas y hasta sus amigos le suplicaban que parase. Resultó que el que no sabía con quién se metía era yo.

Hace unos años, en 2013, siendo ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, que era aquel señor calvo que presumía de tener un ángel de la guarda llamado Marcelo, mandaron a un tío disfrazado de sacerdote a casa de Bárcenas para robarle información. Bárcenas estaba en prisión, pero en la vivienda se encontraba parte de su familia. El falso sacerdote consiguió entrar y una vez allí, a punta de pistola, maniató a la esposa, a una mujer que trabajaba en aquella casa y a Willy, hijo de Bárcenas y talentoso cantante del grupo Taburete, cuyo último disco, Madame ayahuasca, es una obra más que recomendable. La cosa fracasó porque Willy logró desatarse y le pegó un cabezazo al secuestrador. Pues no es serio. Montar una operación pagada con fondos reservados, involucrar a los servicios secretos, disfrazar a un tío de cura y darle una pistola para secuestrar y robar y que todo eso te lo desmonte de un cabezazo el cantante de Taburete, eso no es serio.

El ministerio del Interior tiene una gran tradición en España. José Barrionuevo acabó en la cárcel condenado por secuestro, aunque nunca se ha escuchado a nadie recriminar a los de Bildu que pacten con terroristas. Pues desde ahí hasta hoy no ha habido ministro del Interior que no se haya metido en asuntos turbios, pero lo de Fernández Díaz fue un no parar. Participó en tantas operaciones que cualquier día lo hacen cirujano de honor. El hombre está como una cabra. Se dejó grabar conspirando con el de Antifraude de Catalunya y metiendo en medio a la Fiscalía; mandó o dejó mandar a un policía a Nueva York para comprar a un exministro venezolano y falsificar documentos contra Podemos; bajo su mandato se espió a Bárcenas en una operación en la que se involucraron mandos policiales. Hasta Villarejo participó en algunos de estos casos, como es natural. El tal Marcelo, el ángel de la guarda, debe andar desquiciado el pobre. No creo que haya existido en toda la historia de la cristiandad un ángel de la guarda con tanto trabajo. El exministro lo está explotando. Como la cosa siga así, el bueno de Marcelo acabará pegándose un tiro. Todos somos Marcelo.

Uno ya se imagina que el ministerio del Interior no puede dejarse en manos de telettubies, que hace falta ahí gente dispuesta a todo, que a fin de cuentas los servicios secretos y la seguridad de España no son un curso de encaje de Camariñas, pero lo de montar esa policía patriótica y aún por encima llamarla así ya es un exceso. A lo que se dedicaron desde ese ministerio de Rajoy fue a dárselas de rambos pasados de hormonas.

Pues ahora que empezábamos a creer que Pablo Casado estaba haciendo bueno a Rajoy tenemos que enterarnos de quién es Fernández Díaz y hasta donde estuvo dispuesto a llegar. Rajoy no era de meterse en líos porque para eso ya tenía a Fernández Díaz, una mezcla entre Barrionuevo y Rubalcaba pero a lo bestia. Pero claro, como ni en el PSOE ni en el PP aceptan lecciones de nadie y como además ni Ciudadanos ni la ultraderecha de Vox quieren hacer ruido con el asunto, pues nadie aprenderá nada de esta lección que en cualquier país decente hubiera ocasionado un cataclismo. Aquí no porque aquí somos unos riquiños que damos por hecho que el trabajo de un ministro del Interior es precisamente ése: un secuestro de vez en cuando, robos de información, chanchullos con la fiscalía, extorsiones, elaboración de documentos falsos, pagos oscuros con dinero público, espionajes a líderes políticos y locos disfrazados de sacerdotes. Vaya, lo habitual. Eso sí, lecciones ninguna.

Luego están otros, los periodistas como Eduardo Inda o Alfonso Rojo, que tampoco aceptan lecciones de nadie pero se dedicaron a distribuir durante años la información falsa que le proporcionaban las tramas creadas desde Interior. Seguro que tienen también ángeles de la guarda, porque lejos de ser apartados de los medios no dejan de acaparar tertulias. Lo sensato, en eso estará usted de acuerdo conmigo, será en adelante nombrar directamente como ministro del Interior a Sito Miñanco o a Sinaí Giménez, que no engañan a nadie ni tienen que ir por ahí fingiendo que son gente honrada.

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