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El maldito roscón con chocolate

El desafío de Cota |

Galiciae | 15 de enero de 2019

Rodrigo Cota, con su sobrino Hashim. JAVIER CERVERA
Rodrigo Cota, con su sobrino Hashim. JAVIER CERVERA
 

Una semana terrible. Los Reyes Magos me han traído, así a ojo, medio kilo de grasa abdominal. Lo calculo yo, que como el cobarde que soy me he negado a enfrentarme a la báscula. Eso, una gorra, unas mallas ajustadas que realzan la hercúlea musculatura de mis piernas y que son las que luzco en la foto y un jersey de corte y diseño elegante que me sienta divinamente porque resulta además ser de textura amorosamente suave.

My personal trainer, Antonio Ventín, me ha hecho retomar missesiones en el gimnasio, así que estoy soportando obedientemente sus muestras de sadismo. Está empeñado en que afronte esta segunda etapa con determinación. Yo voy remoloneando hasta donde puedo. Me pasó una aplicación para controlar mi actividad física. De momento no me la descargué porque si lo hubiese hecho la verdad saldría a la luz.

Quedé con mi sobrino Hashim, que vino desde Londres a pasar unos días y está sano y fuerte como un caballo. Salimos a correr juntos por Pontevedra. Hicimos nueve kilómetros, pero no quemé ninguna caloría porque esto que acabo de contar es mentira. Más bien correteamos  unos metros y Javi Cervera, el fotoperiodista más hermoso de Pontevedra, nos hizo subir dos o tres veces unas escaleras. También es verdad que antes de eso habíamos caminado unos 20 metros, la distancia que hay entre el portal de mi casa y el estanco de al lado, donde yo compré tabaco y Hashim unos caramelos, sospecho que abducido por el envoltorio colorido, diseñado específicamente para atraer a la infancia. Eso y dos kilómetros, estos sí de verdad, que hice en una máquina que simula un ejercicio de remo y que solvento en algo menos de un cuarto de hora, fue todo el ejercicio que practiqué en siete días.

Cota corriendo con su sobrino Hassim. JAVIER CERVERA

Todo ello fue insuficiente para compensar mi abandono y el poco respeto que tuve por mí mismo en toda la semana. En Reyes me comí medio roscón y varios tazones de chocolate. Es tradición y hay que respetarla. Después de mi incontestable victoria sobre la Navidad y el Fin de Año, sucumbí a los Reyes. Todo tiene una justificación: tras tres meses tenía mono de azúcar, ese veneno malo que es más adictivo que una tragaperras o un videojuego. Así que tras cortar un trozo de roscón y sumergirlo en el chocolate, no pude parar. Me pasó como a un amigo mío que era alcohólico con 16 años. Un día me lo encontré por Pontevedra y nos fuimos a un bar. Yo pedí una caña y él un agua. Extrañado por esa elección viniendo de él, le pregunté qué le pasaba y me lo dijo: "Dejé el alcohol y me hice heroinómano". Por no dejar así la historia, sépase que luego se desenganchó de la heroína y ahora es desde hace muchos años un hombre libre de toda adicción.

El azúcar engancha mucho, una barbaridad. Cuesta mucho dejarla y en cuanto uno o una la vuelve a probar la consume a cucharadas, que es lo que me sucedió a mí. Resistirse a estas cosas es lo más difícil, créame. El azúcar, las salsas, el exceso de pan, los alimentos fritos, rebozados; las grasas, los embutidos. Dios nos diseñó, según una teoría que estoy discurriendo ahora mismo, para que nos gustara todo eso, pero lo hizo porque eran alimentos necesarios en épocas de escasez. El problema es que el paso de los milenios convirtió a la humanidad en productora de todos esos alimentos que ahora en lugar de escasear, sobran por todas partes al menos en Occidente. Así que nos enganchamos a los productos sabrosos y cuesta mucho dejarlos así como así. Las recaídas constituyen el gran reto de los obesos androides.

En fin: fue un tropezón. Llevo ya dos días en los que estoy tratando de recuperar la senda del sentido común, de la vida sana, del ejercicio y de la buena alimentación. No quise hacerlo de golpe por no contraer una depresión, pero creo que ya estoy en disposición de retomar mi anterior rutina. Tampoco vi a Lucía, mi nutricionista. Me propuso una cita el lunes a primera hora y dije que no podía. Poder, podía, pero no quería presentarme ante ella y su báscula Tanita con un kilo de roscón y medio litro de chocolate corriendo por mis venas, así que puse una excusa inconsistente para no sufrir la humillación de reventarle el aparato. Para mi fortuna, ella no tenía más horas, pues aparte de atender su consulta, como ya dije la semana pasada, se coronó campeona gallega de andar en bici por el monte y este fin de semana se celebra el campeonato estatal, que también lo ganará porque es mujer seria, disciplinada, responsable y con la cabeza perfectamente amueblada. Todo lo contrario que yo, de ahí que yo no sea campeón de andar en bici por el monte ni de ninguna otra cosa.

En todo caso, el objetivo era llegar a Reyes con poco peso más que antes de la Navidad y en balance de estas semanas, a pesar de esta recaída, logré adelgazar. Ahora toca recuperar la cordura.

ASÍ ME SIENTO 
Peso: Esperanzador.
Estado de ánimo: En recuperación.
Pecado cometido: Roscón y chocolate.
Temperatura exterior: Frío polar.
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