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¿Qué restauran en el Pórtico?

"La gente admirará eso que ya no es la obra del Maestro Mateo sumada a la obra del tiempo sino la creación de unos tipos llamados expertos con su falta de sensibilidad y de capacidad creativa, movidos por el gusto del impacto visual y la bofetada ostentosa propia de la sociedad de consumo"

Pórtico da Gloria. EP
Pórtico de la Gloria. EP

RECUERDO CUANDO en el 87 fui a ver la Capilla Sixtina en el Vaticano. La bóveda estaba dividida en dos partes con las creaciones impetuosas de Miguel Ángel. Una mitad era sugerente, misteriosa, atractiva, atrapaba a uno, lo llevaba a los abismos de la creatividad y el dinamismo. La otra mitad era estridente, angulosa, con colores chillones, no parecía un fresco sino alguna técnica plástica, tenía una ostentación que lastimaba, parecía vulgar y ruidosa. Era la parte que estaba restaurada. Me lamenté interiormente porque aquello era inapelable, porque nadie me haría caso si protestaba, porque se perdía para siempre algo fascinante, porque unos tipos habían destrozado lo que el Tiempo, un artista genial, como dice Marguerite Yorcenar, había hecho con la genialidad de Miguel Ángel.

Los poderes hacen lo que quieren y nosotros lo admiramos como papanatas. No solo lo soportamos, sino que además lo admiramos. Lo que era una gloria que se fue configurando a través de los siglos lo rehace de un plumazo alguien con sus gustos chillones y contundentes. Nos han impuesto eso y no tenemos nada que hacer. Y la gente admirará eso que ya no es la obra del Maestro Mateo sumada a la obra del tiempo sino la creación de unos tipos llamados expertos con su falta de sensibilidad y de capacidad creativa, movidos por el gusto del impacto visual y la bofetada ostentosa propia de la sociedad de consumo. Las técnicas de la publicidad y de la coca cola sobreponiéndose a la obra del tiempo y de los genios del pasado.

Porque las restauraciones no son restauraciones, son instauraciones de lo que decide un supuesto experto —no un verdadero creador—, son siempre en diferente medida falsificaciones. Si quieren hacer algo moderno ¿por qué no lo hacen en otra parte?, cada época tiene su creatividad y hay sitio para todas. Pero ¿por qué la sustitución, el hacernos creer que eso es lo genuino?

Nos dicen que el Partenon tenía policromía pero ¿quién quiere verlo repleto de colores chillones?

Lo que implantan en el Pórtico es solo la materialización de una teoría, con toda la fuerza de los poderes aplastantes. ¿Qué es lo que restauran? El Pórtico estuvo en evolución constante, como estaba todo el arte antes de la era moderna de los museos. ¿En qué se fijan los expertos? ¿En el momento justo en que el Pórtico se inauguró en 1188? ¿Se trasladaron en el tiempo y estuvieron allí? ¿Fotografiaron la obra los extraterrestres y les prestaron las fotos? Porque una obra de arte no se hace con deducciones lógicas, hipótesis, razonamientos científicos, se hace con sensibilidad y sumergiendo el ser entero en una visión. Es cuestión de atmósfera, no de algoritmos. El Pórtico hasta el siglo XVIII no estaba tan encerrado por la presuntuosa fachada del Obradoiro, las gentes lo verían con cagadas de paloma, con residuos de polvo, con humo de los incendios, hasta con escupitajos alguna vez. ¿Qué es lo que restauran?

Además, insisto, es la obra del tiempo lo que hace más sugerente una obra de arte. Nos dicen que el Partenon tenía policromía pero ¿quién quiere verlo repleto de colores chillones? Incluso los destrozos, la acción de arruinar, hacen más sugerente y misteriosa una obra. Las ruinas góticas son mucho más cautivadoras que las catedrales enteras. Por eso algunos artistas usan el inacabado como técnica artística, por ejemplo Medardo Rosso.

Pero nos dicen: vamos a ver la obra como se veía en la Edad Media. La Edad Media es fascinante vista a través del tiempo, pero si quieren situarnos en ella ¿por qué no ponen una ejecución en la plaza del Obradoiro, por qué no tiran orines a la calle por las ventanas de la calle del Franco, por qué no llenan la catedral con los gritos de los mendigos y los ayes de los que agonizaban en ella? Qué sabremos nosotros de verdad de lo que vivían en otras épocas. Como cuando hace unos cuantos años dijeron que habían fabricado todos los instrumentos musicales que tenían los ancianos del Pórtico y se podía escuchar la música del Pórtico. ¿Qué saben los expertos lo que se oía en aquella atmósfera irrecuperable, en aquel mundo espiritual tan radicalmente distinto? Los expertos lo miran todo desde fuera, no captan el corazón de las cosas. Como los que miden una sinfonía con cantidades matemáticas. ¿Consiste la belleza de la sinfonía en esas cantidades matemáticas? ¿Entonces por qué no nos emocionan las cantidades matemáticas mismas?

De modo que hacen con nosotros lo que quieren. Nos venden coca cola y dicen que es el hidromiel que tomaba el rey Arturo. Unos expertos le enmiendan la plana al Maestro Mateo y al tiempo. Ahora admiramos la obra de esos expertos que nos imponen sus teorías y abrimos la boca con admiración. Los expertos sustituyen a los artistas y al tiempo. Pero si los poderes tienen los medios de comunicación la gente se cree lo que haga falta. Y los poderes democráticos controlan los medios tan bien como lo hacen los poderes dictatoriales. La realidad no es la que es sino la que nos cuentan. Y tal como estamos nos pueden contar cualquier cosa.

Mateo reunió todo el entusiasmo de la Tierra, todas sus vivencias profundas, para crear su Cielo.

Durante veinte años contemplé como un poseso el Pórtico de la Gloria con vistas a escribir mi novela Mateo, el maestro de Compostela. La editorial me impuso ese título, yo prefería sencillamente El Pórtico. Y no quise hacer ningún best seller comercial a base de inventar acertijos que al final se resuelven de manera sensacionalista, quise poner en la novela mi pasión metafísica. Como creo que la puso el mismo Mateo, después de recorrer toda Europa en busca de visiones apocalípticas. Pero de un Apocalipsis que reúne toda la vitalidad de la tierra y la plasma en forma de Gloria, igual que Rilke vive tan profundamente la Tierra que la vuelve invisible. Mateo reunió todo el entusiasmo de la Tierra, todas sus vivencias profundas, para crear su Cielo. Miré la obra con pasión y con todo mi ser —no solo con la cabeza— y en millones de estados de ánimo distintos. La miré tal cual estaba, sin desguazarla, intentando captar su atmósfera, no hacer mediciones externas.

Y ahora vienen los expertos y nos imponen su visión. Y nos dicen que eso es el Pórtico de verdad. Lo que unos tipos que no son creadores nos han impuesto con sus teorías y sus análisis nos dicen que es el Pórtico de verdad. Nos meten en un Pórtico plastificado del siglo XXI y millones de turistas dirán: "Oh, qué bien, qué gran obra, que vanguardista era este Maestro Mateo. Hagámonos selfies con esa obra, fabriquemos miles de fotos como las reproducciones industriales de Marilyn".

¿Qué restauran en el Pórtico?
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