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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La soledad de Alcoa

Sin cesiones de todos no habrá acuerdo en San Cibrao; para ello lo mínimo es volver a hablar

GRAHAM Green, en 'El americano impasible', traza un triángulo amoroso entre una joven vietnamita, un viejo corresponsal de guerra desplazado a Saigón y un agente de la CIA. Llevada al cine en dos ocasiones, la trama sirve de decorado para describir los albores de una de las guerras más crueles del siglo XX, la de Vietnam. Precisamente, un conflicto que llevó a Estados Unidos a devastar el país del sudeste asiático con todo tipo de armas a su alcance, pero que no sirvieron al final para lograr la victoria.

La metáfora de 'El americano impasible' y el resultado de la guerra de Vietnam es la propia de un país que se cree hegemónico en el mundo y que tardó mucho tiempo en asimilar la imposibilidad de ganar el conflicto por medios únicamente militares. En San Cibrao tenemos un americano impasible, con base de operaciones muy lejos, en Pittsburgh, y que ha tomado la senda equivocada si de lo que se trata de verdad es de resolver un conflicto, en este caso el mantenimiento de la actividad de aluminio de Alcoa tras el anuncio de cierre y despido colectivo.

¿Sería capaz una empresa con accionistas y directivos gallegos, por mucha multinacional que fuera, de dejar plantados en una misma reunión a una ministra, en este caso de Industria, y a un conselleiro, el de Economía, además de a los tres grandes sindicatos? El capital, y su propiedad, importan. ¿Acaso esa imaginaria empresa gallega, por muy agresiva que fuera su política laboral, no mantendría abiertas todas las vías de diálogo posible hasta el final, teniendo en cuenta además los mimos y atenciones en forma de ayudas públicas que ha recibido durante años? Es lamentable la posición, como también lo es comprobar que la actitud de la multinacional encaja como un guante en esa descripción propia de las industrias de enclave, "una inversión externa por motivos de oportunidad", como dice Xoán López Facal, "con un impacto económico limitado" frente a lo que se entiende como grupos tractores, que arrastran con ellos más inversiones, valor y empleos.

Alcoa está sola en su enclave, en San Cibrao. Ahora más que nunca. Con pérdidas semanales superiores al millón de euros, es cierto, pero sin dejar opción a que llegue otro. ¿Acaso a Liberty House, que es solvente para Xunta, Gobierno y trabajadores, le gusta perder dinero? Tal es el planteamiento que realiza el grupo inversor, que quiere también Alúmina, y por algo será, que en su estrategia no hará falta ese socio energético que se esforzó en planificar el Ministerio de Industria para rebajar la factura eléctrica de la planta. Porque el grupo británico, como en otras latitudes donde opera, recurrirá a la producción de energía con fuentes propias, llámese cogeneración, eólica o hidrógeno. Solo pide tres años de margen, y de precio subvencionado de la energía, para poder ejecutar el diseño de lo que quiere para San Cibrao. Camino alfombrado. Ni con esas.

Como en toda guerra, la verdad es de las primeras víctimas. Y aquí entran unos y otros. No se entiende de otro modo que Alcoa, como dice, haya propuesto alternativas que "no solo habrían permitido explorar una potencial venta de la planta con las cubas funcionando, sino además habrían evitado despidos a través de un Erte en el supuesto de que dicha venta no llegara a producirse. Todo ello habría permitido el mantenimiento del empleo, al menos, hasta julio de 2022". Es lo que dice. Todo esto tiene un aroma inconfundible: el que se percibió en el proceso de venta de las plantas de A Coruña y Avilés, cuando se abrió una subasta, con prórroga de nueve meses incluida, y Alcoa eligió comprador a gusto de sus intereses, un fondo de inversión, con reventa en un año incluida, que ha acabado en fiasco monumental.

La crisis de Alcoa se mira en el espejo de otro conflicto y no se reconoce. Esta misma semana, tras una huelga indefinida de tres meses, Nissan ha acordado posponer sus cierres en Cataluña hasta diciembre de 2021 y no despedirá a nadie hasta esa fecha. Es ganar tiempo, cierto, pero la producción se retoma a finales de mes y habrá prejubilaciones y bajas incentivadas. No es la solución, pero sin diálogo ni se hubiera llegado a ese acuerdo.

Quince días se reservan los directivos de Alcoa para tomar la decisión final. Sigue habiendo un margen, estrechísimo. Todas las partes saben que sin cesiones no habrá acuerdo. Y hacerlo requiere sentarse a hablar. Por muy sola que esté Alcoa.


La RSC de Adif acaba con los vagones en el Sil 

GUÍA práctica para cargarse de un plumazo todo esfuerzo e inversión en eso que las empresas llaman Responsabilidad Social Corporativa, que tiene el medio ambiente como uno de sus ejes. Una milonga si atendemos a la cafrada perpetrada en aguas del Sil por Adif, el ente gestor de infraestructuras, de capital público, de todos, vamos. Una lucense, Isabel Pardo de Vera, con fama de dura, lleva las riendas de Adif desde su presidencia, que asumió en junio de 2018. ¿Cuántos vagones habrá arrojado a los ríos Adif desde su creación? Le está faltando tiempo a Pardo de Vera para dar explicaciones, cesar a quien haga falta, y tomar todas las medidas necesarias para demostrar su compromiso. En este caso, con el Sil.


Un gallego de Chantada, mejor CEO de Alemania

CON permiso de Francisco González, que no lleva nada bien la jubilación por los líos del BBVA, Chantada vuelve a exportar ejecutivos, en este caso de éxito. Es lo que le sucede a José Luis Blanco Diéguez, prácticamente desconocido para el común de los gallegos, pero que triunfa en Alemania. Nacido en Chantada en 1970, Blanco acaba de ser elegido mejor CEO, director ejecutivo, en su traducción literal, de gran empresa de Alemania por el instituto financiero Obermatt. Blanco es primer ejecutivo en Nordex, fabricante de aerogeneradores germano controlado por Acciona. Accedió al cargo en 2017. También ha trabajado en Gamesa. FG, Amancio López, Blanco Diéguez... Chantada, cuna de ejecutivos.

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