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La fotografía hecha rock and roll

A finales de 1973, los miembros de Queen se encontraban grabando su segundo álbum de estudio en los estudios Trident, en el A finales de 1973, los miembros de Queen se encontraban grabando su segundo álbum de estudio en los estudios Trident, en el Soho londinense, cuando se dieron cuenta de que necesitaban hacerse algunas fotos para la portada del disco y la campaña promocional.
Mick Rock
Mick Rock

El INGENIERO de sonido y productor Ken Scott llamó a su amigo el fotógrafo Mick Rock para que se acercase a conocer a la banda, de la que nunca había oído hablar. Freddie Mercury, Brian May y compañía estaban muy interesados en trabajar con él, ya que recientemente había retratado a dos de los nuevos ídolos del rock: David Bowie y Lou Reed.

Rock aceptó el trabajo, los fotografió durante un concierto en el mes de octubre en el Imperial College y unas semanas más tarde los llevó a su estudio en la calle Great Newport, muy cerca de Trident, también en el West End. De allí salió la conocida fotografía que fue portada del álbum —y que inspiró el videoclip de Bohemian Rhapsody — en la que las caras de los cuatro músicos, casi en penumbra, aparecen formando un rombo mientras Mercury cruza las manos sobre su pecho. Mick Rock cuenta esta historia con especial detalle en su libro Classic Queen (Omnibus Press, 2007).

Un año después, en 1974, Mercury volvió a visitar a Rock en su estudio de Londres para que lo retratase a él solo. "La única advertencia era que quería que lo fotografiase con los labios cerrados. Padecía cierto retrognatismo que hacía que sus dientes delanteros sobresalieran un poco. Me explicó que tenía cuatro muelas del juicio adicionales en la parte posterior de la boca. No quería que se las quitaran porque reduciría su paladar, lo que creía que obstaculizaría su rango vocal, extenso por naturaleza". Esa foto jamás salió del estudio de Mick Rock, ya que Mercury nunca llegó a tomar la decisión de publicarla y él tampoco. Hasta hoy.

Con el objetivo de colaborar económicamente con el Servicio Nacional de Salud británico, Mick Rock ha puesto a la venta cinco fotografías inéditas cuyos beneficios serán donados a la lucha contra la Covid19 en los hospitales del Reino Unido. En cuanto a los motivos de esta decisión, que él mismo ha hecho públicos, no es difícil entrever la relación con alguna experiencia personal que Rock no ha querido detallar: "El Servicio Nacional de Salud siempre estuvo ahí para mí mientras crecía en el Reino Unido y para todos los miembros de mi familia. Si este virus nos recuerda algo es cuánto lo necesitamos. Ellos son los que nos sostienen. Les debemos todos los esfuerzos que podamos imaginar para proteger sus vidas mientras ellos protegen la vida de los demás".

Inmortalizó a Iggy Pop, los Sex Pistols, los Ramones, T. Rex, Syd Barrett, Lou Reed, Thin Lizzy, Blondie, Talking Heads, Roxy Music, Queen o David Bowie

De Mick Rock siempre se ha dicho que "fue el hombre que fotografió los años 70". Con su cámara inmortalizó a las grandes leyendas de la época, como Iggy Pop, los Sex Pistols, los Ramones, T. Rex, Syd Barrett, Lou Reed, Thin Lizzy, Blondie, Talking Heads, Roxy Music, Queen o David Bowie, de quien fue fotógrafo oficial. Además dirigió algunos de los videoclips más llamativos de este último, como los de las canciones Space Oddity, Life on Mars, Jean Genie y John, I’m only dancing. Fue el autor de la portada de un buen número de discos legendarios, como por ejemplo el ‘Transformer’ de Lou Reed, el Raw Power de Iggy Pop and the Stooges, el End of the Century de los Ramones, el Sheer heart attack de Queen y muchos más. Y también se encargó de la fotografía en algunos largometrajes de culto como The Rocky Horror Picture Show o Hedwig and the Angy Inch. En resumidas cuentas, podría decirse que fue el fotógrafo de cabecera de una de las etapas más fecundas de la cultura pop.

Su amor por la fotografía no fue vocacional. No era algo que lo acompañase desde la niñez o la adolescencia. Mick era un chico normal y corriente que un día, a los veinte años, cogió la cámara de fotos de un amigo y descubrió que tenía un talento especial: la capacidad para observar el mundo a través de su objetivo con una mirada distinta. En aquella época él estudiaba en la Universidad de Cambridge —se licenciaría poco después en Lenguas Medievales y Modernas— y su verdadero interés se centraba en la poesía. Concretamente, en el romanticismo inglés y el simbolismo francés. Pero también se sentía poderosamente atraído por la escena musical de Cambridge y por sus protagonistas, a cuyos conciertos acudía a sacar fotos cada vez que tenía ocasión. Fue así como se fraguó su gran amistad con Syd Barret, el líder de Pink Floyd, y con Chris Jagger, el hermano del entonces ya famosísimo cantante de los Rolling Stones. Y a partir de ese momento, toda su carrera sucedería por incercia, como una reacción en cadena.

Sus fotos sobre la escena local de Cambridge lo llevarían a la de Londres, donde le presentarían a un todavía poco conocido David Bowie en 1972. No tardarían en hacerse amigos íntimos. A mediados de ese año, Bowie publicaría el disco que lo llevaría a la fama en todo el mundo, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, y Mick sería quien le hiciese muchas de las fotos en las que lo vemos caracterizado de Ziggy. El éxito de David Bowie, confirmado a comienzos del año siguiente con el disco Aladdin Sane, impulsaría sin remedio la trayectoria de Mick como fotógrafo. Sus contactos eran los de Bowie. Los músicos a los que fotografiaba eran los músicos que se movían en los círculos de Bowie. Hasta que, cuando se quiso dar cuenta, había adquirido entidad propia como fotógrafo de las grandes leyendas del rock de los años 70.

Mick Rock suele decir que aquello que una vez fue sólo rock and roll ahora es arte. Como si hubiera alguna paradoja encerrada en esa frase. Pero lo cierto es que no la hay. Puede que él no fuese consciente entonces, puede que ni siquiera lo supiesen los grupos a los que fotografiaba, pero estaba haciendo historia. Historia del pop art, un género que acabaría ofreciéndole un papel protagonista. Porque, en efecto, muchos músicos de entonces se sorprendían al ser preguntados por la prensa sobre el lugar que ocupaban en el mundo de la cultura —sobre este asunto, Paul McCartney respondió en cierta ocasión: "Lo que nosotros hacemos no es cultura, sólo entretenimiento"—. Ninguno era consciente de dedicarse a la creación artística, sólo querían pasarlo bien. Tocar la guitarra, emborracharse, drogarse y participar en orgías. Pero de paso, sin darse cuenta, estaban escribiendo algunas de las mejores melodías de la historia de la música.

Él también hacía rock and roll. No con una guitarra, ni con un bajo o una batería, sino con su cámara de fotos.

Con Mick Rock ocurre lo mismo. Él también hacía rock and roll. No con una guitarra, ni con un bajo o una batería, sino con su cámara de fotos. A veces el rock and roll tiene que ver con todo menos con la música. Es un enfoque, un punto de vista. Una forma distinta de mirar, incluso a través de un objetivo. En el trabajo fotográfico de Rock siempre se ha percibido una fidelidad absoluta al espíritu rebelde, hedonista y descarado de aquella década que a él le tocó vivir. Y de entre todos los viejos rockeros, él forma parte de los clásicos. Hace algunos años, a propósito de una exposición en Japón, la prensa publicó: «Se trata de una de las mejores colecciones de pop art que jamás haya llegado a estas costas». Mientras tanto, el viejo Mick seguramente pensaba que solamente se trataba de rock and roll.

Ahora, además de la fotografía de Freddie Mercury de 1973 —con cuya historia se abre este artículo—, Mick Rock saca a la venta otras cuatro instantáneas inéditas para recaudar así fondos destinados a la lucha contra el coronavirus. Una es de Brian Ferry en el jardín de su casa en el año 1975 luciendo un atuendo que, según Rock, el propio Ferry denominó como "Nuestro hombre en La Habana", en homenaje a la novela de Graham Greene. Otra es de Kate Moss mientras le retocaban el pelo. De esta fotografía, Rock solamente ha dicho que la modelo "llegó un par de horas tarde, pero lo compensó con su actitud altamente cooperativa". También hay una fotografía de David Bowie, tomada durante una sesión en Nueva York para el álbum fotográfico Moonage Daydream (Universe, 2002): "El parche en el ojo y los binoculares nos despertaron pensamientos sobre un piloto de una película imaginaria de la Segunda Guerra Mundial que estábamos inventando a medida que avanzábamos. Tomamos muchas imágenes diferentes. De alguna manera, esta no salió a la luz".

El quinto retrato es el de su amigo Syd Barret, junto al que había comenzado su aventura profesional a finales de los años 60. Barret le había pedido a Mick que fuese a su casa para hacer la foto que sería la portada de su nuevo disco. Mick Rock recuerda con nostalgia aquella tarde: "Cuando llegué a su casa estaba en calzoncillos. Su novia, a quien todos llamábamos Iggy The Eskimo, me abrió la puerta desnuda y eso marcó la pauta para esta sesión mágica. No había muebles en la habitación, solo un colchón y un tocadiscos". Es indudable que eso, exactamente ese momento detenido en el tiempo, es puro rock and roll.

La fotografía hecha rock and roll
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