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El doble filo de Europa

Pachi Vázquez en el juicio. EFE
Pachi Vázquez en el juicio. EFE

El Foro Económico Mundial situó a España como el quinto país de la OCDE que más dinero público derrochaba, en base a los datos de su informe Competitividad Global 2016-2017. Al lado de Italia o Hungría y en el extremo opuesto de la tabla a los de siempre: China, Alemania, Suecia, Canadá... Nada sorprendente, pero un dato relevante y que cobra vigencia ahora que tocará gestionar una ingente cantidad de recursos públicos llegados de Europa y que se consideran vitales ya no para recuperar la economía, sino directamente para no arruinarnos.

España y Galicia tienen una larga experiencia en la gestión de dinero de la UE. Más o menos desde que el 12 de junio de 1985 Felipe González estampaba su firma en el tratado de adhesión. En 35 años de aventura europea recibimos miles de millones de euros que permitieron financiar la mitad de la obra pública de nuestro país, desde el Ave hasta las autovías, así como la renovación completa de las redes de agua, saneamiento y depuración, el turismo rural y todas las ayudas de la PAC al campo y de la PPC al sector pesquero. "Alemania nos da dinero para que compremos sus coches y lavadoras", se solía decir cuando empezaba a llover dinero europeo; unas ayudas que, sin embargo, traían contrapartidas venenosas para algunos de nuestros sectores clave.

Y si parte de ese dinero venía con trampa, nosotros nos encargamos de redondear la jugada con nuestra picaresca. Porque no podemos olvidar nuestro amplio historial de chapuzas con financiación europea, un legado de hormigón todavía visible a lo largo del país. Enterramos dinero de Bruselas en proyectos fantasma, desde fábricas fracasadas hasta aeropuertos en los que nunca aterrizó un avión, por no contar esas casas de turismo rural tan bien rehabilitadas para uso exclusivo de sus dueños.

Por eso ahora es natural que impere la desconfianza ante la posibilidad que le se abre a España de recibir 140.000 millones de la UE, la misma Unión que ahora mismo nos permite respirar día a día al comprar nuestra deuda a través del BCE.

→ El riesgo del clientelismo

Esta reflexión inicial, sumada a nuestra experiencia tanto en España como en Galicia, nos permite concluir que son mejor 4.000 millones de ayudas bien invertidos que 140.000 derrochados. Por eso el pulso político entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias por el control del reparto del fondo extraordinario de la UE para la pandemia pone a todo el mundo en alerta. También a la propia Europa, que nadie se equivoque.

Por un lado, conviene recordar que ninguno de los dos, del mismo modo que tampoco Feijóo en Galicia, decidirán qué se financia y qué no, porque esa decisión la tomará directamente una Europa que no se acaba de fiar de nosotros. Pero por el otro es cierto que los diferentes gobiernos, autonómicos o estatales, sí son los que filtran qué proyectos llegan a Europa y cuáles se quedan en el camino. Y si ese filtro no responde a criterios serios y razonados sino al clientelismo político, mal vamos.

Decía el profesor Ramón Maiz que el clientelismo, algo muy gallego, era la forma más peligrosa de corrupción por ser la más sutil y por estar aceptada socialmente. Por eso la tentación de repartir el dinero de Europa entre los amigos y no en proyectos que verdaderamente alumbren un futuro para España es muy grande. Y peligroso.

La clave es el momento porque, a diferencia de lo que ocurría en los años 90 con las ayudas de la Unión Europea, ahora no nos queda margen para fallar. Ya no vale arreglar aceras con un Plan E. Ahora no está en juego que cambiemos un Seat Ibiza por un BMW, sino que medio país acabemos durmiendo dentro del coche.

→ La amenaza real de la deuda

Con una previsión muy optimista de ingresos en los presupuestos, quizás demasiado, si no se cumple ese cálculo el Gobierno tendrá que decidir si deja en el cajón parte de las medidas sociales de su agenda por no tener dinero para ellas o las financia a través de la deuda. El problema es que esa deuda en España ya roza lo inasumible y que Europa no tardará en dejar de financiarla. Sobre todo a medida que Alemania y las grandes potencias superen el bache del coronavirus, quizás en el horizonte de 2022. Ahí podría cerrarse el grifo. Si llegamos con los deberes hechos, bien. Pero si repartimos los 140.000 milones entre amiguetes...

Dos líderes del PSdeG a vueltas con la Justicia... pero con distinto futuro

El exlíder del PSdeG Manuel Pachi Vázquez siempre tuvo fama de enredar. Lo hizo para ocupar el sillón de Pérez Touriño tras el batacazo del bipartito en 2009 y también para demorar al máximo su propio relevo al frente del partido a manos de Besteiro, el otro exlíder socialista con problemas con la Justicia. Sin embargo, la situación de ambos hoy es muy diferente. Pachi, independientemente de que sea inhabilitado o no en el juicio que se sigue contra él por contrataciones sospechosas en su etapa de alcalde de O Carballiño, ya no parece tener más futuro político que seguir concejal. Todo el futuro que, sin embargo, sí parece quedarle a Besteiro si su causa lucense se archiva.

Fernández Couto, un relevo "necesario"

Un relevo necesario. Es lo que se escucha por los pasillos de la Consellería de Medio Rural para justificar el cese de Tomás Fernández Couto como máximo responsable de Montes de la Xunta. Todo el mundo parece estarle agradecidísimo al ferrolano por su entrega durante más de dos décadas —entró en 1996—, en las que estuvo a las órdenes de siete conselleiros diferentes; pero al mismo tiempo todos parecen coincidir también en la necesidad de un cambio. En el fondo, no debiera de sorprender a nadie un relevo de un alto cargo después de tanto tiempo, sobre todo porque Feijóo arrancó la legislatura con una política de renovación absoluta en el segundo nivel de la Xunta, donde fueron cayendo otros históricos como Tahoces, Corredoira, Pinal o Fernández-Campa. Es el turno de otra generación y todos estos movimientos podrían ser el primer ladrillo sobre el que se asiente el proceso de sucesión del propio Feijóo, que curiosamente a este paso va también camino de convertirse en el más veterano de todos.

Mantilla y la cantera de Sober en Vigo

La muerte esta semana de Carlos Mantilla, economista e histórico del PP de Vigo, deja al municipio de Sober sin uno de sus vecinos ilustres que triunfaron en la política viguesa. Quedan Manuel Pérez Álvarez, que llegó a convertirse en alcalde de la ciudad olívica (1995-1999) y Santos Héctor Rodríguez, concejal socialista, líder provincial del PSdeG pontevedrés y uno de los hombres de máxima confianza de Abel Caballero. Así que, además de presumir de vinos y vecinos centenarios, el pequeño rincón de la Ribeira Sacra también sorprende por su cantera política, que no termina en la ciudad de Vigo sino que se reparte de forma indirecta por otros puntos de la geografía. Hoy tiene en el Parlamento a Raquel Arias, pero en la pasada legislatura eran dos, ya que junto a ella estaba Paula Vázquez Verao, de la extinta En Marea. E incluso el líder de Vox, Santiago Abascal, tendría sus raíces en este municipio lucense, ya que su "abueliña", como él la llama, sería oriunda de Canabal. Así que Sober exporta para todos los gustos.

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