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El limbo de la izquierda

El paso atrás de En Marea y el portazo del BNG a las alianzas dejan muchos nombres y siglas colgados a las puertas del 5-A
El rupturismo. EP
El rupturismo. EP

EL FINAL del plazo para registrar coaliciones despejó el panorama con el que la izquierda concurrirá a las elecciones autonómicas del 5 de abril. Por un lado, el pacto cantado de Podemos, EU y Anova le da cierta solidez a lo que queda de lo que un día fue En Marea y que hoy, citando a Miguel Tellado, parecen solo los restos del naufragio. Por el otro, tanto el BNG como el PSdeG mantienen su espacio tradicional. En total, tres listas importantes —más otras menores que puedan aparecer—, lo que significa reproducir el esquema de 2016, aunque las dinámicas electorales de sus protagonistas son hoy muy distintas. No es el escenario de 2005, que socialistas y nacionalistas añoran porque dio origen al bipartito al agruparse más el voto de la izquierda; pero al fin y al cabo tampoco es la catástrofe que se llegó a vaticinar, con hasta cinco listas electorales que le hubiesen alfombrado a Alberto Núñez Feijóo el camino a Monte Pío.

Sin embargo, fuera de estos tres grandes bloques que competirán por el voto de la izquierda el próximo 5 de abril, existen numerosos partidos, grupúsculos, siglas, plataformas y políticos a título particular que se quedaron colgados a las puertas de las elecciones, sin un timbre al que llamar o un paraguas bajo el que resguardarse. Deambulan entre tres proyectos con los que no comulgan, por una especie de limbo electoral que en otras circunstancias podría ser irrelevante, pero en un contexto tan ajustado como el que se augura el 5-A en Galicia puede resultar determinante.

Parte de Anova, Cerna, una treintena de mareas municipales, CxG, todos los independientes de En Marea... A todos ellos les toca buscar a quién arrimarse o, algo todavía más básico, a quién votar, porque puede que parte de ellos opten por quedarse en casa decepcionados con la política.

El Bloque repartió portazos 

Crecido por las encuestas y el liderazgo de Ana Pontón, el BNG confía en ser el gran beneficiado de esta situación. Cuentan desde En Marea y Compromiso por Galicia que en el Bloque cerraron las puertas a cualquier tipo de alianza electoral y tampoco quisieron un acercamiento a Anova. Es una estrategia política lógica, porque lo que hicieron los de Pontón fue trazar un cordón sanitario que impida importar de fuera problemas y líos internos que ahora ellos no tienen. Y al mismo tiempo, todas esas almas que deambulan sin proyecto para el 5-A pueden acabar en el BNG de todas formas, pero a título particular. Se especula que es lo que harán por ejemplo Davide Rodríguez o Alexandra Fernández, por citar nombres conocidos.

El paso atrás de En Marea

La otra razón de que el limbo de la izquierda esté hoy tan nutrido fue la renuncia de En Marea a presentarse a las elecciones. Ahí no solo se quedaron colgados los dirigentes del partido que arropaban a Luís Villares, sino también una treintena de mareas municipales que usaban la marca como soporte o Cerna, el partido nacionalista de Mario López Rico escindido en su día de Anova y que ahora tendrá imposible colocar algún diputado en puesto de salida, como hizo en 2016 con la soberina Paula Váquez Verao o en la anterior legislatura con la maniobra de mandar a Chelo Martínez al grupo mixto. Cerna tiene cerradas muchas puertas por su historial conflictivo, mientras que buena parte de los integrantes de estos movimientos municipales lo único que tienen claro es que no apoyarán a Podemos, Anova y EU, a los que responsabilizan directamente de dinamitar el proyecto de En Marea. Pero ojo, porque tampoco gustó el portazo que les dio el Bloque, lo que puede generar un tasvase de votos de ese espacio para el PSdeG, algo en principio inesperado. Por último, la humilde coalición Nós Galeguistas, de Compromiso por Galicia y el Partido Galeguista, trata de seducir a algunos de ellos para su causa.

El polvorín de los comunes

Sin rumbo fijo navega otro grupo de gente: aquellos militantes de Podemos, EU y Anova que no comparten ni la filosofía de la alianza Galicia en Común ni el equilibrio de poderes interno ni las listas que están acabando de perfilarse. La premura de tiempos forzó un acuerdo a toda velocidad que dejó descolocada a mucha gente. La izquierda corre el riesgo de que muchos de estos y de los otros actores que deambulan por el limbo acaben saliendo de él, pero para marcharse a su casa.

El rupturismo, una máquina de triturar políticos que ya busca su próxima víctima
Ni el carismático Xosé Manuel Beiras consiguió domar ese espacio político bautizado como rupturismo y que él mismo ideó en 2012 con el proyecto de Alternativa Galega de Esquerda. En aquella legislatura, su grupo parlamentario acabó roto, con tres personas en el grupo mixto; y él enfrentado a su número dos, Yolanda Díaz. El esquema se repitió en 2016, con En Marea y Luís Villares, que acabó triturado en su intento de gestionar lo que el tiempo demostró que no se puede gestionar. Ahora es el turno de Galicia en Común. Cambia la marca, sobreviven algunas caras y se mantiene la filosofía: acabar con otra carrera política. Especialmente si el 5-A no toca poder.

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