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No es país para niños

El trato dispensado a los pequeños durante esta pandemia nos aclara muchas cosas sobre la crisis de natalidad en España
Un aula. EFE
Un aula. EFE

LO CANTÓ Siniestro Total en su día: "Las mujeres y los músicos primero, y los niños al final, con una piedra al cuello". Puedo imaginar a la perfección esa imagen del Titanic hundiéndose en las frías aguas del Atlántico, con todos ya metidos en los botes salvavidas menos los niños, abandonados solos en cubierta sujetando los instrumentos de la orquesta de Wallace Hartley. Y a los mandos del trasatlántico, algún gobernante de España.

No somos un país amigo de los niños. No sé si algún día lo fuimos, pero ahora, desde luego, no. Y la sensación es que vamos a peor. Parece que estorban, a veces incluso a sus propios padres. España no es kind-friendly ni family-friendly. Save de Children, en su ránking anual de los mejores países para la infancia, nos saca del top 10, donde están el resto de naciones europeas. Portugal es el 5, para que se hagan una idea. Aunque eso no hace falta que lo diga Save the Children ni nadie: basta con cruzar el Miño cualquier día.

→ Ser niño en tiempos de coronavirus
España no necesitaba una pandemia para confirmar tal extremo; bastaba nuestro día a día. Baja ratio de cambiadores en hostelería, escasas salas de lactancia, mil y un obstáculos para viajar, nulos espacios para carritos... Pero lo cierto es que la crisis del coronavirus puso todo en su sitio.

Cuando el Gobierno aprobó su plan de desescalada el pasado 28 de abril estaba perfectamente trazada la hoja de ruta para el fútbol, por ejemplo. Ahora entrenamientos individuales —por cierto previa realización de test, que para los futbolistas sí hubo—, después colectivos, más tarde partidos a puerta cerrada, luego con tal aforo... También la hostelería dispuso de un cronograma detallado que más o menos se va cumpliendo. Con lo del fútbol y los bares arreglado. ¡Bendita España!

De forma paralela, en ese mismo plan de desescalada nada de nada sobre los colegios o los campamentos. Es más, hasta esta semana no se supo que la inmensa mayoría de alumnos no volvería a clase. Pero del resto, ni una directriz clara: ni para evaluar, ni para acabar el trimestre, ni para recoger el material... El Ministerio de Educación dijo que, pese a existir un mando único, que mejor que decidan las comunidades. Y estas, pues que cada colegio sabe mejor. Y en medio de semejante dejadez de unos y otros... ¿a alguien le sorprende todavía el caos educativo en el que estamos?

Añadámosle ahora, para redondear la ecuación, que el paseo de los niños sigue sometido a la rigidez de su salida diaria de una hora y a un kilómetro de la vivienda. Deportistas, dueños de mascotas, mayores, trabajadores... Cualquier otro colectivo tiene más libertad de movimiento que los menores de 14 años en España, que siguen sin mezclarse y con los parques cerrados a cal y canto. Supongo que el virus resiste más tiempo activo en un columpio que en la silla de una terraza.

→ El drama de la conciliación
Toda esta gestión pública de los niños durante la pandemia está alimentando un drama todavía peor: el de la conciliación. A medida que reabren actividades económicas y los padres se tienen que ir reincorporando al mercado laboral, la ausencia de alternativas está provocando precisamente el efecto que tanto temían los epidemiólogos: la mezcla de abuelos y nietos. La red familiar es el único sostén que le queda a muchos para conciliar, así que lo que se pretendía evitar, indirectamente es lo que ahora se está alimentando por falta de alternativas para los pequeños. Y la cosa puede ir a peor, porque a día de hoy nadie sabe qué pasará con los campamentos de verano, ni públicos ni privados. Pero si 15 niños no pueden compartir aula el 15 de junio, supongo que tampoco podrán compartir campamento una semana después. O quizás sí, previo desembolso de un montón de euros, claro.

→ La crisis demográfica
Apuntado todo esto, convendría no reducir el análisis sobre la baja natalidad en España a la cuestión económica, que es lo que se tiende a hacer. La gente no tiene hijos por falta de dinero o porque no le da la gana, es cierto. Pero también porque el entorno que estamos construyendo entre todos no lo facilita. No es país para niños.

Segundo de BAC y FP, los conejillos de indias para el curso que viene

LOS ALUMNOS de segundo de bachillerato y de FP, los únicos habilitados para volver a las aulas de forma voluntaria este curso, harán de conejillos de indias en lo que a todas luces parece un ensayo de lo que va a ser el curso que viene. Distancia, lavado de manos, mascarillas y la última recomendación del ministerio: que las familias vigilen el estado de salud de los escolares y realicen toma de temperatura todos los días antes de salir de casa para ir al cole. ¡Menuda fiabilidad! Sería más fácil y seguro un arco de temperatura para cada centro, por muy caro que resulte.

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