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Avanza, avanza

"Si el frío rompe la noche de escarcha, / el hielo hará crecer la herida, / más sabia, más sabia".

Después de tanto tiempo, Lorena trataba de resetear su vida, como había exigido su suegra. Un nuevo comienzo, quizá, quién lo sabría. En los tres últimos años había tenido un hijo, Roque, y había perdido a su pareja. Lidiar con aquello había sido muy duro. Compaginar los cuidados del bebé, el duelo y el trabajo, todo junto, la había dejado destrozada emocionalmente. De no ser por su suegra, que se había puesto desde el primer minuto a su disposición, no habría sido capaz de salir adelante.

"Si te encuentras frente al silencio… / Pronto te darás cuenta / de todo, de todo. // Y quizá hayas andado el camino ya / cuando mires atrás".

De niñas, ella y su amiga Rosa elegían cada año una canción que resumiera sus experiencias y reflejara su amistad. Una especie de rito de unión. Esa costumbre la habían perdido hacía ya tiempo. Rosa y Lorena habían compartido vecindario, guardería, colegio e instituto. Luego cada una tomó su camino, cada una en una facultad y en una ciudad diferentes. No habían perdido de todo el contacto pero aquella amistad, como tantas otras, había devenido en cordialidad: intercambio de mensajes navideños y deseos de cumpleaños felices, seguimiento mutuo en redes sociales y poco más. En los momentos más duros, Rosa echó de menos a Lorena, pero se negó a aceptar sus ofrecimientos de ayuda. ¿Qué podría hacer Rosa desde Barcelona? No podía trabajar por ella, ni cuidarle al niño, ni curar su ansiedad. Lorena caminaba ese día por un tramo pedregoso del Camiño, mirando al suelo lo justo para no tropezar, como en su vida diaria. A veces volvían las incontenibles ganas de llorar, que trataba de distraer mirando el paisaje o charlando un rato sobre cualquier cosa con alguna otra peregrina. 

"Si estás atrapado en las sombras / aguarda, aguarda / del lodo crecen las flores / más altas, más altas. // Si baten contra los muros las aguas, / de la grieta nace la duda / más sabia".

Había resistido por Roque. De no ser por él, Lorena quizá ni estaría viva. Ver a su bebé adorado, indefenso y huérfano era lo primero que hacía al despertar cada día para resistir y para sonreír. Se encerró en sí misma y comenzó a rechazar llamadas y mensajes. Con su gran amiga Rosa, sólo con ella, tenía la deferencia de dedicar algún monosílabo a sus requerimientos: ¿Cómo vas? Bien. ¿Necesitas algo? Gracias, no. ¿Puedo hacerte una visita, que tengo unos días libres? No puedo, estoy hasta arriba.

"Si estás encallado en la arena / mientras los cañones avanzan, / pronto te darás cuenta. // Y quizá hayas andado el camino ya / cuando mires atrás".

camino13Lorena caminaba mientras trataba de expulsar la tristeza de su vida. De su padre no sabía nada desde que un día desapareció sin avisar. Su madre se había convertido en una de esas viudas-casadas que tanto abundaban por la Galiza de los emigrantes y de los hombres de la mar. Así que se las había arreglado para sacar adelante a Lorena. Un buen día, antes de alcanzar la adolescencia, Lorena fue consciente de la inutilidad y la angustia que experimentaba su madre cada vez que le preguntaba cuándo volvería papá. Nunca más lo hizo. Su madre murió poco antes de que Lorena cumpliera los 30. "Mamá vivió para conocer a Roque y enterrar a Antón". Antón, el padre de Roque, era quien ocupaba el poco tiempo que a Lorena le quedaba para dedicar a sus propios pensamientos. Cuando no estaba trabajando, cuidando a Roque o con su suegra, esas pocas horas, pensaba en Antón y alternaba risas y lágrimas pensando en él y el amor que creía eterno.

Cuando Roque cumplió tres años, su suegra, mientras el niño dormía y ellas veían la tele, le dijo a Lorena que ya estaba bien. Que aquello tenía que acabarse. Que Lorena tenía que rehacerse.

"Tienes que resetearte. No puedes seguir así. ¡Se acabó, lo siento! En cuanto te den los días libres que te deben no quiero verte por casa lloriqueando por Antón. Era tu pareja y es el padre de Roque, pero también era mi hijo. No es fácil enterrar a un hijo. Es lo peor que le puede pasar a nadie. Antón lo era todo para ti, pero también para mí, mi único hijo. Y murió tan joven que se me parte el alma, y también lloro, pero hay que seguir adelante, hay que vivir, por Roque, pero también por Antón y por nosotras mismas. Tú porque eres demasiado joven y yo porque empiezo a hacerme vieja. Esto no puede ser el resto de nuestras vidas. Así que te montas un plan para desconectar y resetearte pero en serio. Llama a tu amiga Rosa, lígate a un nórdico en una web de ésas o haz lo que quieras, pero hazlo".

"Si estás atrapado en las sombras / aguarda, aguarda. / Del lodo crecen las flores / más altas, más altas".

Llevaba Lorena caminando ya una semana. Jornada a jornada sus pensamientos eran más positivos. El Camiño pedregoso se volvió suave y llano. No sufría ni física ni mentalmente, pero no se paraba a analizar su estado de ánimo. A las puertas del albergue recibió un mensaje de Rosa: "Lore, que me dice tu suegra que estás haciendo el Camiño. Te paso mi propuesta para la canción del año. A mí me encanta. Es Lodo, de Xoel López. La conocí porque los de Turismo de la Xunta la pusieron en un vídeo para promocionar el Xacobeo. Se llamaba Camiña a Galicia, o Galicia camiña, o no sé. Escúchala y si estás de acuerdo, la dejamos".

Antes de escuchar la canción, Lorena decidió que tenía que resetear también su amistad con Rosa. Siempre había estado ahí, nunca la había abandonado. Era una amiga, la mejor. Y para recuperar una vida siempre es mejor con alguien cerca. Escuchó entonces la canción y llamó enseguida a Rosa para decirle que sí, que sería su canción del año, que se alegraba de escuchar su voz y que tenían que verse cuanto antes. Hablaron durante más de una hora y ahí Lorena se desbordó mientras Rosa escuchaba y llevaba la conversación del llanto a la risa y de la risa al llanto.

"Si estás atrapado en las sombras, / avanza, avanza. / Pronto te darás cuenta, de todo, de nada".

Avanza, avanza
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