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La angustia de una joven

CUANDO CADA mañana veo los periódicos, leo las Cartas al director en las que los lectores expresan sus quejas y reivindicaciones que, en este tiempo de pandemia, reflejan un estado de ánimo preocupado por la incertidumbre del que no se ocupan los políticos, enredados con otras cosas.

Hoy traigo a este comentario la carta que una joven, Lucía Arias, escribió a un periódico gallego con el título expresivo Quiero y no puedo en la que deja constancia del bajo momento anímico de la juventud de la que ella forma parte.

"Suena desconcertante que tantos jóvenes queramos independizarnos y se convierta en un quiero y no puedo, dice. Quiero ganarme la vida honradamente sin depender de la nómina de mis padres. Y no puedo porque los gastos que debo asumir doblan el sueldo que, según vuestro criterio, merezco ganar. Y no se trata de querer vivir por encima de nuestras posibilidades; se trata de comer, cubrir gastos necesarios y tener un mínimo ahorro por si algún día preciso de él".

"Se trata, continúa, de cobrar un sueldo digno que esté por encima de los gastos. Que no tenga que dejar de comer para pagar el alquiler. Que llegar a fin de mes no se convierta en una tortura. Y que vivir con nuestros padres no sea una necesidad".

Lucía lanza preguntas tan contundentes como duras: "Decidme, ¿cómo pretendéis que nos independicemos con los sueldos tan precarios que ofrecéis? Explicadme cómo vamos a construir nuestra vida, cómo vamos a plantearnos la posibilidad de tener hijos si en vez de ayudar subís los impuestos y los alquileres... ¿Nos habéis preguntado los motivos por los que con treinta años seguimos viviendo con nuestros padres?" Ahí tienen los gobernantes y estudiosos la explicación de la crisis demográfica, no sigan investigando. Finaliza con otra pregunta despiadada: "¿Os habéis cuestionado por qué prescindimos de nuestra intimidad para vivir en pisos compartidos?".

Es una carta desgarradora que brota de su angustia vital y refleja el desánimo que se apoderó de ella y de esta generación joven estrangulada por dos crisis, la financiera en 2008 y la sanitaria ahora, que les arrebatan su presente y su futuro. Circunstancia cruel que ahoga sus expectativas profesionales y vitales en el pantano de la precariedad laboral y salarial que se concreta en trabajo escaso y mal retribuido.

La joven Lucía pide explicaciones a los gobernantes del modelo político y económico que, en un mal negocio, matan las ilusiones de los jóvenes que son su recambio económico, empresarial y social. Es admirable que, con tanta adversidad, aún mantengan la entereza.

La angustia de una joven
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