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Centenario en Ribadeo

La Comarca es un semanario de Ribadeo, que edita El Progreso y dirige Javier Rivera. Celebra este año el centenario de su aparición. Cumplir cien años es siempre un acontecimiento, máxime en los tiempos de incertidumbres y retos que corren para la prensa. La cita de la celebración de un primer acto del centenario se presentó como un pretexto para el viaje tranquilo y para aprender sobre Ribadeo. Y, aunque no figuraba en las previsiones, para obtener claves nuevas sobre la prensa y su actual situación. 

La Comarca inició el pasado martes la conmemoración de sumar cien años de cita con sus lectores. Los mantiene, los lectores, por toda España y el mundo. Es, lo dijo allí Blanca García Montenegro, un acontecimiento ciertamente extraordinario: el centenario y la existencia de un semanario en papel. Un periodista debe, por tanto, celebrarlo. Debe sumarse. Por eso fuimos a Ribadeo: por disfrute y por profesión. 

Allí acudieron el rector de la Universidade de Santiago, el cronista oficial de Ribadeo, el alcalde y, por supuesto, la presidenta de El Progreso, empresa que mantiene viva esta tradición de un semanario local. 

Aprendimos de todas las intervenciones. También sonreímos con muchas anécdotas, como las que contó el cronista oficial. Disfrutamos de la música. Todos compartimos el propósito de que dentro de cien años se celebre en Ribadeo el segundo centenario de La Comarca. 

Si volvemos la vista atrás, aquella Galicia de hace un siglo y algunas décadas más para atrás en el XIX, en la que proliferaban los semanarios, era un país vivo, dinámico, que apostaba por el progreso, como lo muestran las intenciones que figuran en el primer número de La Comarca: desde el puente para comunicarse con el lado asturiano de la ría, hasta el ferrocarril. En aquellos semanarios, en Rianxo por ejemplo, empezó Castelao. Aquel ‘Primer Castelao’ que conocimos, se nos descubrió, por el trabajo de José Antonio Durán. 

El profesor Xosé López estudió detenidamente la prensa local en Galicia. Hay un pasado de abundantes cabeceras locales y comarcales, que ayudan a entender la realidad social de una Galicia que puede estar cargada de imágenes tópicas de parálisis. Esos semanarios de la segunda mitad del XIX y de las primeras décadas del XX, hasta que la guerra civil detuvo la historia, son un termómetro de una sociedad viva, en cambio. 

Había una sociedad viva, dinámica. Es lo que dice la creación de esos medios de comunicación locales, con apoyo a ideas políticas diferentes, que mantenían polémicas vivas. Ahora asistimos con normalidad de acatamiento a la muerte de ese tren que une Ferrol con Gijón. Quizás estemos faltos de entusiasmo por el progreso. Quizás nos distraiga un exceso de información inútil. El ruido que se confunde con noticias, como señaló la editora de La Comarca. 

¿Qué reemplazo hay hoy para esa prensa de proximidad? El rector de la USC formuló en Ribadeo un acertado, claro y preocupante diagnóstico del presente y del futuro próximo de los medios de comunicación, no solo en papel. Los soportes y las concepciones tradicionales de comunicar, trasladadas miméticamente al digital, no llegan a la juventud. Hay que reinventarse en una tarea permanente. 

En cualquier caso, la existencia de La Comarca y su centenario es una luz de esperanza para el presente y futuro de la prensa local, de proximidad. Las reflexiones de la presidenta de El Progreso y del rector de la USC así lo vieron. 

En la vertiente turística, de viajero sosegado que resiste los cortes de la A-8 en O Fiouco y la pésima, nula, señalización para reincoporarse a la vía, siempre es bueno y aconsejable visitar Ribadeo. Permítame el lector, si lo hubiese, una pregunta: ¿Los cortes en la A-8 después de tantas promesas y después de la gran chapuza formarán parte de una petición política como patrimonio del hacer y no hacer de las administraciones públicas? Volvamos, por favor, a Ribadeo. Hay que callejear de mañana y acercarse al mercado. Hay que tomar algo aquí y allí, en las mañanas festivas, con las calles vivas, y en unos atardeceres para la sociabilidad. Pasear para observar los escaparates de su buen comercio. Visitar los alrededores. Saborear y sentir el mar. Es aconsejable dormir en el parador, al pie de la ría, en una noche de silencio reparador, para reencontrarse. Desayunar con calma, con la vista sobre la ría y experimentar el goce de la vida que trae la mañana. También es indispensable pasar por el restaurante del hotel Voar, en la rotonda de entrada a Ribadeo. Es un espacio gastronómico con buen producto, buen hacer y hasta el lujo de vajilla de Sargadelos para disfrute de la mesa, que mima un excelente profesional de la cocina. 

Lástima que la usura se haya llevado aquella librería que exhibía en su puerta a la calle el mejor muestrario de periódicos internacionales que uno pueda imaginar lejos de una gran capital. Fue, al descubrirlo, el aviso definitivo al visitante de que estaba en una población especial. Santiago Jaureguizar lo confirmaría después con sus teorías de buen creador literario. Ribadeo es abierto. Fue un dolor sentido saber que aquella librería cerraba sus puertas. La clausuró el frío interés del dinero. No fue afortunadamente la pérdida de interés por leer y conocer, por saber, de la gente. Fue un sablazo simbólico para la convivencia de lo local y lo global. 

Esta celebración del centenario de La Comarca, vicedecano de los semanarios españoles, es una excelente oportunidad para volver a Ribadeo y sentir que esta villa es un espacio al que regresar siempre, para identificarse con la propia tierra, como un modo de experiencia de panteísmo que aporta sosiego, calma y deseo de permanencia, al despertar en la mañana frente a la ría o al callejear. Es una invitación a vivir tomar un café en el Cantón o pasar por la vinoteca Fumarel. Son espacio para no mirar el reloj. 

El joven alcalde de Ribadeo, que escucha a quien habla con él frente a la contraria práctica política habitual, además de hacer lo imposible para que la Torre dos Moreno se salve en todo su esplendor modernista o para que permanezca la arquitectura indiana, que aún se conserva, debería convencer a la Xunta, o al organismo que corresponda, para que aquella exhibición de prensa en inglés, francés y alemán, en el centro de la villa, se entienda como la expresión de la esencia informada y culta de la personalidad de una población, que se sabe con personalidad propia. Algo que no debería desaparecer. Era la convergencia de lo local y lo global. Lo que debería ser este tiempo hasta que llegaron los viejos constructores de murallas y desencuentros. 

Volvemos así a la convocatoria que nos llevó a Ribadeo: los cien años de La Comarca del Eo, que cada semana construyen Javier Rivera, Pablo Villapol y Nacho Fouz. 

Por el rector de la Universidade de Santiago supimos que la primera estudiante de Farmacia fue Manuela Barreiro Pico, una mujer de Ribadeo. Una avanzada que muestra la apuesta de progreso de aquella sociedad ribadense. Abrió luego ‘La Farmacia Moderna’ en Ribadeo. Con esa misma denominación como cabecera, una revista de la época había criticado que una mujer fuese autorizada a entrar en la universidad y a estudiar Farmacia. ¡La ciencia no era para las mujeres! Colocarle luego esa denominación de Farmacia Moderna al establecimiento que abrió la licenciada (1901) Manuela Barreiro Pico en Ribadeo es toda una muestra del humor como herramienta de resistencia activa para producir los cambios. Tampoco parece que ese recurso, tan singular y profundamente galaico como lo estudió Celestino Fernández de la Vega, sea la que marque las líneas actuales de reivindicar y avanzar. Son más estos tiempos amigos del dogmatismo y la imposición intolerante. Concluyo, libremente, que si Manuela Barreiro Pico fue la primera alumna de Farmacia en Santiago, consecuentemente debió de ser la primera farmacéutica de Galicia. Honra este hecho y esta mujer algo más que la historia local. Honra a toda Galicia.

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