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Remar contra viento y corriente

La denuncia de Bruselas por la contaminación de Madrid, Barcelona y El Prat muestra el garrafal error de practicar el credo y la acción política a la contra. Esos políticos que construyen el ideario propio con el rechazo y la negación de lo que sostenga el competidor o el contrario. Esa política que al acceder al poder desmantela todo lo que construyeron los anteriores. Un pecado que cometieron todos con la educación, por ejemplo, aunque en esta materia hay evidentemente campo para la discrepancia ideológica fundada. Cuestión diferente es lo del PP y Ciudadanos en al Ayuntamiento de Madrid: negaron los paraguas cuando caen chuzos de punta. 

Tan ridículo es este gregarismo —totalitario por quienes lo dictan y cobarde por quienes lo acatamos—, que opta por el silencio frente a la imposición de lo políticamente correcto, que dictan unas minorías, como lo es igual de ridículo negar lo constatable. Se acaba con las propias vergüenzas al aire. 

Al alcalde (PP) y a la vicealcaldesa (Ciudadanos) de Madrid se les vino abajo el discurso-programa contra las medidas anticontaminación de la anterior alcaldesa: la restricción de tráfico en Madrid centro. Fue el eje de campaña de la derecha y a nadie se le ocurrió pedirles un poco de sensatez. 

Unos, en el monopolio del progresismo, confunden la transición en el uso de combustibles y fuentes energéticas con un simple darle al botón o el voluntarismo en el Consejo de Ministros. Recordemos la frivolidad para la economía y el empleo que supuso el anunciado final del diésel para ayer. Fue en una temporada de letanías ministeriales diarias con anuncio de nuevas medidas que no contaban con más estudio que los buenos deseos ni con más desarrollo que la letra de una jaculatoria. Otros, desde la frivolidad como base de la ideología política y de un seguidismo necio frente a populistas, gente pintoresca, que llegan al poder de grandes países, como Donald Trump se apuntan entusiasmados al absurdo y a la expresión de la propia ignorancia. Como ejemplo: niegan la contaminación y la urgencia de actuar frente al cambio climático, con medidas tan incuestionables como la necesidad de reducir el uso del coche privado. 

Algo va muy mal si la diferencia entre la izquierda y la derecha, en este caso en Madrid, se refleja en la lucha contra la contaminación. Si el señor Martínez-Almeida (PP) y la señora Villacís (Ciudadanos) creen que el camino para llegar a buen puerto es remar contra el viento y la corriente, resulta difícil comprender que sus formaciones les hayan propuesto desde la capital como escaparate para el resto de España. 

La acción estrella de las derechas en el ayuntamiento de Madrid, antes ya de tomar el poder formalmente, fue la de abrir al límite de lo posible los tubos de escape de los coches privados por el centro de la capital. La primera torta les llegó desde el juzgado y la segunda ahora desde una propuesta de multa por Bruselas. Deberían decir algo.

Remar contra viento y corriente
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