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Irán

"La vida es eso que pasa mientras estamos haciendo otros planes". Palabra de Lennon, que captó la esencia del tiempo

DE IRÁN. De eso me dijo ayer un amigo que podría escribir un artículo: de Irán. Que para eso fue Persia, y aqueménida, y es chií y anda jugando con EE.UU. a cuento del programa nuclear.

Pero yo de Irán no sé nada. Como de tantas cosas. Se pasa uno la vida tratando de aprender, de llegar a saber de algo, y, sin embargo, con la edad, la sensación de ignorancia es cada vez mayor. A lo que se suma la certeza de que el tiempo que queda ya no es suficiente para remediarlo. Para remediar eso y algo peor: la impresión de que los días, y las semanas, y los meses y los años se nos escurren entre los dedos sin que nos demos cuenta ni seamos capaces de controlarlos, de decidir nada, ni qué nos pasa, ni qué hacemos ni a dónde vamos ni por qué. Supongo que es a lo que se refería Lennon cuando dijo que la vida es lo que nos sucede mientras nosotros hacemos planes. Pero ya no es únicamente que no se cumplan nuestros planes; es más que eso, es la incapacidad para conducir nuestro coche ni siquiera el tramo que alumbran las luces cortas, para mandar en un solo día.

Acaba el curso, mi primer curso en Madrid. Cuando llegué, hace diez meses, escribí: "Pero he decidido que valga la pena. Sacarle provecho a este tiempo, no dejar que la inercia marque mi día a día. Llegar cada semana a casa contento y con algo interesante que contar de mi extraña nueva vida". Creo que el objetivo se ha cumplido a medias, porque la parte social ha estado bastante bien —he tratado más a algunos amigos y he hecho otros nuevos, he conocido a personas interesantes y he visto a muchísima gente distinta y variada, porque pasear por Madrid es como abrir una ventana y dejar que entre el aire—, y sin duda eso me ha permitido tener cosas que contar en casa; pero me ha faltado la más íntima, me ha fallado sobre todo el tiempo que estoy solo. Me he visto sin la disposición ni la fuerza de voluntad para dedicarlo a los proyectos que tenía, que básicamente consistían en escribir algo y en leer más. Llegaba siempre a las últimas horas de la tarde, en mi habitación, con pocas ganas de actividad intelectual. Si no fuese por el tren, no habría hecho nada. Y no me culpo, pero me gustaría remediarlo el año que viene. Para sentir que vale la pena, como pretendía. Que mi tiempo aquí no pasa sin más, gobernado por una inercia que me deje indiferente.

Llegará septiembre y, con él, más días. Que no es poco. Y lo que yo, ajeno a lo que la fortuna y los hados me tienen deparado, decida hacer y haga, importará. Como mínimo, influirá en que esos días vayan un poco mejor. Irán.

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