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Estirar hasta romper el centro

¿Puede estirarse el centro sin que se rompa hasta los extremos? Desde luego que sería descolocar su posición. Aplíquese el interrogante al centro político. El señor Casado parece empeñado en ocupar, o se sitúa ya, en el espacio ideológico de Vox. Es la aplicación por la derecha del mismo error que cometió por la izquierda el PSOE de Pedro Sánchez, que parece haber rectificado en esta campaña, con la pretensión de neutralizar el fenómeno de Podemos. Desfiguraba la socialdemocracia hasta hacerla irreconocible. Si este estirar hasta el límite por la derecha es la respuesta de Pablo Casado a la irrupción electoral de la ultraderecha nacionalista, antieuropea, antiautonomías y xenófoba frente a la inmigración, sería razonable y exigible que los partidos que marcaron el equilibrio de sociedades abiertas en España y en Europa buscasen los fallos en el discurso y en la gestión tanto de la imparable realidad de la inmigración, como ante los evidentes déficits democráticos en la adopción de decisiones en Europa o la ausencia e incapacidad para generar una identidad de España que responda a la realidad plural que reconoce el Estado de las autonomías. Después de cuarenta años de Estado autonómico no se puede dogmatizar como única forma de ser español el viejo uniformismo centralista, que fue uno de los frenos históricos para la convivencia. Ante la próxima cita electoral, quizás le fuese más rentable en votos a Casado proyectarse como alternativa de la moderación y de la construcción de la convivencia en tolerancia de los españoles que esa exclusión y ese lenguaje bélico con el que pretende sumar sobre sí a las derechas. Sánchez lo pretendió por la izquierda. Difícil encaje debe encontrar esa posición de Casado con el liberalismo europeo o con la vieja tradición social cristiana que con la socialdemocracia aportaron larga estabilidad y prosperidad a Europa.

Estirar hasta romper el centro
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