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Llamada real

EL MENSAJE navideño del Rey pertenece a la liturgia de la Navidad como las valoraciones del mismo por los diferentes portavoces o líderes políticos, que siguen al día siguiente. Son jornadas de sequía informativa. La intervención de este año venía precedida de cierta expectación. La circunstancia de Cataluña y el pronunciamiento anterior de Felipe VI sobre la cuestión la alimentaban. El Rey tocó los temas que ocupan a la opinión pública: corrupción, paro, violencia de género y Cataluña. Formuló llamamientos al diálogo y a la construcción de una Cataluña que integre a todos como tarea del próximo Parlament y del Gobierno. Las críticas de que "abraza el ideario del PP" no se corresponden con sus palabras. No se entiende muy bien la posición de Carles Puigdemont sobre esta intervención, ni el papel que le querría atribuir al Rey, si esa república catalana de la que habla él está en marcha. Tampoco se entiende ni es señal de neutralidad que TV3, una televisión pública, no haya emitido en las actuales circunstancias el discurso de quien puede y debe ser vínculo de unión.

Dos estados
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Solo dos estados, el de Israel y el de Palestina, y un estatus espacial para la ciudad de Jerusalén, cuestión esta nada fácil, puede ser el camino para construir con paciencia y tiempo la paz en esa tierra. Hay muchas heridas, fundamentalismos y negación del otro. La administración Trump camina en dirección contraria. Lo hacen también el Gobierno isarelí de Netanyahu y la intolerancia de grupos palestinos y árabes que continúan negando el derecho a existir de Israel. La alocución del Papa con ocasión de la Navidad se ocupó del problema de violencia y convivencia en la tierra donde está el origen del cristianismo. Jerusalén, en concreto, es una ciudad referente para judíos, cristianos de las diferentes confesiones y musulmanes.

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