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Debate en el Parlamento

Acertó el presidente explicando las fortalezas de Galicia y desgranando medidas para mejorar las debilidades del país

LO MEJOR que se puede decir del debate sobre el estado de la autonomía es que se haya celebrado, es la gran señal de que Galicia goza de normalidad democrática plena, tiene gobierno y oposición y una estabilidad y solvencia envidiadas. Que no es poco.

Acertó el presidente explicando las fortalezas y desgranando medidas para mejorar las debilidades del país: la demografía, la política industrial —aún no se conocía el mazazo de As Pontes—, la agricultura, la educación, la sanidad y servicios sociales, las comunicaciones o el turismo. Para lo que queda de legislatura y para la próxima década, con líneas de actuación que, como todo plan estratégico, requieren más desarrollo y concreción. La conclusión que se extrae después de escuchar sus intervenciones es que en Galicia hay un Gobierno que se ocupa de los asuntos públicos. Esa es su función.

También hay oposición que sabe fiscalizar la gestión del Ejecutivo y proponer alternativas. Los distintos portavoces tienen su modelo de Galicia e ideas valiosas para solucionar los problemas que denuncian, aunque en debates como este hay mucha sobreactuación.

De las intervenciones, réplicas y contrarréplicas de todos, contrastadas con lo que se ve en la calle, se puede concluir que Galicia no es una ‘arcadia feliz’, tiene problemas como el resto de autonomías, pero el progreso es perceptible en los últimos años. Tampoco es el desastre que pintó la oposición, un país en blanco y negro casi como el que retrató Ruth Matilda Anderson en los primeros años del siglo pasado. Se aprobaron 57 resoluciones, una decena por unanimidad y 24 fueron acuerdos entre el gobierno y distintas fuerzas de la oposición.

Es un buen colofón porque supondrán mejoras para Galicia y, en segundo lugar, porque esos acuerdos indican la predisposición de los políticos gallegos al acuerdo, pese a estar ya en precampaña electoral.

Resoluciones aparte, hay que mencionar la propuesta de un ‘Imserso gallego’ que formuló el presidente. El objetivo es que jóvenes, mayores y familias numerosas hagan turismo viajando por Galicia con estadías en provincias distintas a las de su origen.

Es una propuesta interesante que merece otro comentario. Que los gallegos conozcan lugares  mágicos, paisajes deslumbrantes, cenobios milenarios, la monumentalidad y bullicio de pueblos y ciudades o ‘escuchen’ el silencio en los valles y montañas es una de las premisas necesarias para querer a este país nuestro. Que no está sobrado de cariño.

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