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Mítines, promesas y debate

¿Deberían castigar los electores a aquellos partidos políticos que formulan propuestas de imposible cumplimiento? Sin duda

CUANDO los gobiernos italianos formados por multipartidos caían por las discrepancias internas preguntaron a Indro Montanelli si habría que reformar la ley electoral y el escritor contestó: "A quien hay que reformar es a los electores para que voten con más criterio".

Ocurre en todos los países: pocos ciudadanos leen los programas electorales que son unos textos farragosos escritos para consumo interno, que estudian y desmenuzan los analistas políticos y critican los partidos contrarios. Tampoco son muchos los que siguen con interés las campañas electorales para aclarar ideas y votar con más conocimiento.

Tiene su explicación. Además de la poca credibilidad de los políticos, en programas y campañas se repite la cantinela de "mejoraremos, promoveremos, estudiaremos, derogaremos" y otras muletillas parecidas, que por ser tan generalistas no resultan creíbles para muchos votantes.

Es curioso que mientras la sociedad progresa y avanza a pasos de gigante impulsada por la revolución tecnológica, la comunicación electoral sigue siendo vieja. En esta campaña exprés se reproduce el modelo de las anteriores con los mítines como actos estrella en los que teloneros y candidatos se disfrazan de sí mismos -la campaña empezó en la noche de Halloween-, declaran amor eterno al país, empeñan su palabra poco fiable, polemizan entre ellos y hasta se descalifican e insultan, a veces de forma cruel.

Y sacan de sus chisteras promesas, algunas pintorescas y otras tan generosas como inviables porque carecen de "memoria económica" que las sustente y determine la veracidad de los ingresos con que cuentan, que son los que dan veracidad a las propuestas de gasto que prometen. Quedan bien en el fragor mitinero para halagar el oído y cautivar a sus públicos -y a algunos electores- que, si no lo son, parecen ciudadanos incautos a los que les gusta que les mientan.

¿Deberían castigar los electores a aquellos partidos que formulan propuestas de imposible cumplimiento? Sin duda. Como primera medida, hay que ser descreídos con las promesas, que responden a "la verdad electoral" de los políticos y algunas son ocurrencias que a veces hasta resultan ofensivas. Por tanto, merecen el duro castigo de negarles el voto.

Castigo que pueden evitar los candidatos en el debate de esta noche si en lugar de promesas difusas presentan soluciones creíbles a problemas conocidos. Escucharles resultará clarificador para votar con más criterio como quería el maestro Indro Montanelli.

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