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Golpear con furia

Tsunami Democratic es un grupo u organización acéfala y de liderazgo oculto, tal como lo presentaba un editorial de La Vanguardia. Sus acciones en la calle alimentaron en vísperas electorales la percepción de radicalización incendiaria del problema catalán. Unas imágenes en las que no por casualidad se focalizó la atención de importantes medios nacionales de forma ininterrumpida. El fuego y la alteración de la vida ciudadana existía en puntos neurálgicos para atraer la atención, aunque no ardiese Barcelona. Estábamos en vísperas electorales. ¿Para quién rentaba magnificar y alimentar la explosión de conflicto? 

Mariano Rajoy consideró en El hormiguero como anécdotas o pequeñeces que el independentismo tuviese urnas, papeletas y colegios abiertos el 1-O. Desde el Gobierno se había sostenido de forma reiterada que eso no sucedería: no habría urnas ni papeletas. Hasta lo repetían convencidos los tertulianos. No es difícil. Sin esos elementos, urnas y papeletas, ciertamente no hubiese habido pantomima alguna de referéndum. Rajoy tampoco vio ridículo que Puigdemont pudiese huir sin que nadie lo advirtiese. 

Puestos así, habrá que concluir que entra en la normalidad que ese grupo acéfalo —cabe suponer que ácefalo en doble sentido— anuncie que no habrá normalidad ni fuera ni dentro del Camp Nou el próximo miércoles para el Barça-Real Madrid. Un partido que ya fue aplazado en octubre por inseguridad para su normal desarrollo. 

La señora portavoz de la Generalitat, Meritxell Budó, dice que garantizarán el derecho a la manifestación y a la libre expresión y el derecho a ser espectador con normalidad del partido. Vamos, que van a lograr la cuadratura del círculo o muy probablemente van a hacer un pan como unas hostias. Identificar la libertad de expresión con las acciones que impiden el normal desarrollo de un partido de fútbol, previsto y reglado, equivale a confundir el culo con las témporas en lo que se entiende como convivencia en el conflicto en las sociedades complejas. 

Un encuentro Barça-Madrid es una oportunidad única para hacer visible en las televisiones del mundo el problema catalán y los objetivos que maneja el acéfalo Tsunami Democratic. Parece que este lleva la iniciativa. Se le permite. Mientras unos independentistas se sientan con el PSOE para encauzar el problema y renunciar a la unilateralidad —eso parecen decir a veces—, otros, bajo los liderazgos ocultos del Tsunami, se encargan en la calle de mostrar una sociedad en la que es imposible la normal celebración de un partido de fútbol. Deberían hacérselo ver: quienes lo permiten y lo ven como anécdota, al modo Rajoy, y quienes activan los mecheros que prenden la mecha en las calles de Barcelona. 

Isaiah Berlin decía en una entrevista con Nathan Gardels que el nacionalismo en Occidente lo crean las heridas infligidas por la tensión. También mantiene que un Volksgeist herido es como una rama que se ve doblada, y que golpea con furia cuando se libera o lo intenta. Si una persona o una sociedad no es acéfala, no es descerebrada, la furia la canalizaría para este ocasión en el marco estricto de hinchada futbolística del Barça frente al Madrid. O ¿es el caos el Volksgeist que quieren cultivar y presentar los secesionistas catalanes?

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