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Dorothy, no debiste volver

En el escenario de los Goya hubo tres mujeres que generaron más decepción que alegría. Venían representando a su madre, que no apareció incluso después de 30 años en el anonimato. Nadie debería culpar a Pepa Flores por ser fiel a sus principios, aunque eso entristezca a un público que la añora.

MARISOL es un icono que ha superado su propio tiempo. Fue la cara sonriente de una época oscura, sometida a horarios interminables que la privaban de tener una infancia y, según declaró, incluso siendo víctima de abuso. Se convirtió, por azar de la vida, en un juguete roto más de la industria. Pero antes que ella, hubo muchas otras, aunque ninguna como Judy Garland, una vida recogida ahora en la película ‘Judy’ ya en cines.

En tiempos grises y de crisis, la gente necesita encontrar a alguien que infunde ilusión cuando los gobernantes no pueden. En España ese trabajo recayó en figuras como Gracita Morales o Marisol, pero en Estados Unidos los niños prodigio eran lo típico. De entre todos, Judy era única. Representaba el ejemplo de que seguir tus sueños te haría feliz, un icono joven de un sueño americano podrido.

Entre los muchos traumas que asolaron la vida de la estrella juvenil estaban las privaciones de descanso y alimento —los rodajes podían durar hasta 18 horas y no podía engordar—, que terminaron por provocarle heridas psicológicas. Así como Frances Gumm moría poco a poco, el personaje de Judy Garland invadía la persona hasta consumirla. Ella existía, casi de manera absoluta, para los demás y con muchas facetas.

Una infancia difícil podría ser la explicación de una edad adulta destrozada. La madre de Judy la vendió a los estudios, aunque sacó provecho del talento de su hija desde los dos años. Su padre, que se rumorea era homosexual, abandonó el hogar. Para ella lo más cercano a una familia eran las personas con las que rodaba, por eso añoraba una vida corriente en la que poder comer patatas fritas sin miedo.

Si toda su existencia se ha resumido en interpretar papeles, ¿quién era ella en realidad? Estados Unidos solo quería observarla, pero con el tiempo terminó condenándola al olvido, algo que la aterraba, por no ser la imagen perfecta que había proyectado. Judy no era sonrisa y voz, poses bobas y bailes. Solo cuando perdió protagonismo, pudo expresarse. El problema es que para poder sobrevivir sin juventud había creado un mundo propio, el cual no encajaba con la realidad.

Fue la primera víctima que creyó en la industria, la misma que con el tiempo terminó desgarrándola hasta una adicción de barbitúricos y alcohol

La paradoja de Judy es que representando la adolescencia eterna, tuvo que perder la suya. Fue la primera víctima que creyó en la industria, la misma que con el tiempo terminó desgarrándola hasta una adicción de barbitúricos y alcohol. Y su único mecanismo de defensa fue la rebeldía en los pequeños actos rutinarios, desafiando aquella vida impuesta que, en el fondo, adoraba.

Al final de su agonía afloró la persona y el personaje solo existía una hora al día, o lo que durase la actuación. La chica de al lado y la mejor amiga de todos fue asesinada en las madrugadas que Garland pasó en pie con ataques de ansiedad. Como bien se ve en la película Judy, la voz que cantó que había "nacido en un maletero” se vio arrastrada a trabajar en Londres para subsistir, todo ello en medio de una hecatombe personal.

Tan solo seis meses después de finalizar su estancia en Reino Unido, fue hallada muerta con una sobredosis de somníferos, un cóctel estilo Marilyn. La noticia fue devastadora para el público aunque ya no le hicieran caso. A su funeral acudieron 20.000 personas y, pese a no estar estrictamente relacionado, las revueltas de Stonewall por los derechos y libertades sexuales comenzaron la madrugada de su entierro.

Muchas personas que volvían de despedir a su estrella, aquella que les había dado tan apoyo —en la comunidad gay de los años 60 la frase «¿Eres amigo de Judy?» era un código de reconocimiento entre homosexuales—, y canalizaron su ira hacia el sistema contra la policía que intentaba reprimirlos. Garland, finalmente, no fue olvidada como tanto temía y jamás pudo ver hasta donde se alargaba su sombra. En la corta vida de la estrella hubo tiempo a todo.

La actriz que interpreta a Judy en la recién estrenada película biográfica es Renée Zellweger, una intérprete más famosa a principios de milenio de lo que es ahora y recordada por ser Bridget Jones. Sin embargo, hace un par de años volvió al centro mediático por someterse a operaciones estéticas que provocaron burla por parte de los medios. Cayó en desgracia al igual que Garland, pero ella ha vuelto para demostrar que puede hacerse de nuevo con el Oscar.

Así como el anonimato fue el verdadero premio de la tómbola de Marisol y la venganza a base de talento el de Zellweger, Judy no debió hacer el camino de vuelta a Kansas. Nadie la esperaba y, pasados los años, solo la recordarían en Oz. Ella, en realidad, no había dejado de caminar con zapatos rojos sobre baldosas amarillas, pero jamás podría volver aunque chocase sus tacones tres veces. Quizás solo tuvo hambre y sueño durante demasiado tiempo y nunca lo supo.

Dorothy, no debiste volver
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